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lunes, 10 de agosto de 2020

28 julio 1821 Declaración de la Independencia de Perú. Perú

 

El territorio peruano fue una de las tierras mas codiciadas por los invasores españoles, motivado por sus inmensas riquezas minerales, donde el hermoso oro de la región era demandado por la corona española y por los saqueadores que invadieron el territorio indígena. Existen algunos antecedentes de carácter local que marcaron la historia preindependentista.               
En el territorio incaico luego de asentarse las fuerzas invasoras españolas, producto de la codicia por el oro que brotaba en esta región se dieron luchas internas entre los saqueadores por el control del preciado mineral. Así tenemos que en entre 1542-1544, Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal con aspiraciones a rey del Perú se rebelaron contra la autoridad del primer virrey enviado para reprimir a los conquistadores que aspiraban a la independencia. Finalmente fueron derrotados.
Manco Inca
Luego la guerra de reconquista incaica liderada por Manco Inca en 1536, quien puso sitio al Cuzco y tomó la fortaleza de Sacsayhuaman, uno de sus lugartenientes, Titu Yupanqui, sitió a la recién fundada ciudad de Lima, en la costa. Los españoles resistieron tanto en Lima como en el Cuzco, con el apoyo de miles de indios auxiliares (cañaris, chachapoyas, huancas). Sin embargo, debido a la amenaza de la hambruna, Manco Inca se vio obligado a licenciar a sus fuerzas y se refugió en las selvas de Vilcabamba, con el propósito de renovar la rebelión. Durante algún tiempo se consagró a enviar a sus tropas a incursionar en los poblados fundados por los españoles, hasta que resultó asesinado hacia 1542, a manos de unos almagristas a los que había dado refugio. Sus sucesores, llamados incas de Vilcabamba, mantuvieron la resistencia en dicha zona hasta 1572, cuando el último de ellos, Túpac Amaru I, fue capturado y llevado al Cuzco, donde fue ejecutado.

En el siglo XVIII, estallaron en el territorio del Virreinato del Perú protestas y rebeliones:
  • 1724-1736. La rebelión de los indios de Azángaro, Carabaya, Cotabambas y Castrovirreyna, quienes dieron muerte a sus corregidores, como reacción frente al abuso que cometían estos funcionarios. La rebelión fue cruelmente reprimida, siendo los indios masacrados, ajusticiados sin juicio, y condenados de por vida a las mitas de Potosí y Huancavelica, así como a los obrajes y panaderías.
  • 1737. Rebelión de Andrés Ignacio Cacma Condori y José Orco Huaranca, curacas pertenecientes a las antiguas panacas incas del Cuzco. En la conjura se hallaban implicados otros 17 curacas. Al producirse hechos violentos en Azángaro, las autoridades virreinales actuaron con gran rapidez, deteniendo a 89 indios principales del Cuzco, mientras que columnas milicianas armadas por los mercaderes entraban en Azángaro, donde, tras cometer excesos de todo tipo, apresaron a 39 indios sindicados como cabecillas de la rebelión. Todos los implicados fueron condenados a diversas penas: prisiones, mitas forzadas y a ración en las minas, obrajes y panaderías.
  • 1739. La conspiración de Oruro (Alto Perú), bajo el mando de Juan Vélez de Córdova. Este personaje se proclamó descendiente de los reyes incas y exigió a través de un “Manifiesto de agravios” el fin de la dominación española, fundamentando esta exigencia en el hecho que los funcionarios españoles se dedicaban solo a expoliar a las poblaciones, cuando el fin primordial de la dominación española había sido la evangelización. Poco antes de su estallido, el movimiento fue delatado; Vélez y otros cabecillas fueron capturados y ajusticiados.
  • Juan Santos Atahualpa
    1742-1756. La rebelión de Juan Santos Atahualpa, caudillo mestizo que se proclamó descendiente de los Incas y tuvo el propósito expreso de restaurar el Imperio incaico y expulsar a los españoles. Al frente de las tribus selváticas, logró controlar un extenso territorio de la selva central del Virreinato del Perú, el llamado Gran Pajonal, llegando a amagar la sierra central. Si bien la rebelión no llegó a extenderse más allá de esos límites, tampoco pudo ser sometida por la autoridad virreinal. Juan Santos desapareció misteriosamente en 1756, desconociéndose la fecha y las circunstancias de su fallecimiento.
  • 1750. La revolución de Huarochirí. Encabezada por Francisco Inca y Pedro de los Santos, en protesta por los abusos y arbitrariedades de las autoridades virreinales. Los insurgentes tomaron la ciudad de Huarochirí, a cuyo corregidor ajusticiaron. Las fuerzas virreinales, al mando del Marqués de Monterrico, cercaron Huarochirí, donde los rebeldes resistieron con heroísmo, hasta ser derrotados. Los líderes de la revuelta fueron apresados; algunos fueron asesinados y otros llevados a Lima, donde fueron ajusticiados.
  • 1770. Movimiento de Sica Sica (Alto Perú). Los indios de dicha localidad dieron muerte al teniente del corregidor y atacaron con suma violencia el corregidor. La represión dejó como saldo cientos de indígenas masacrados.
  • 1774. Rebelión de Chumbivilcas. Se originó cuando el corregidor de esta localidad apresó al curaca local por encabezar la protesta general contra los repartimientos de mercaderías. Los indios reaccionaron violentamente y dieron muerte al corregidor. El alzamiento fue aplastado con un saldo elevado de vidas.
  • 1776. Rebelión de los indios de Urubamba, que lograron expulsar a las autoridades coloniales. Estas regresaron con refuerzos militares y reprimieron a los rebeldes con extrema ferocidad.
  • Tomas Katari
    1780-1781. La rebelión de los hermanos Catari en el Alto Perú. Ellos eran Tomás, Nicolás y Dámaso Catari. Actuaron en relación con la revolución de Túpac Amaru II. Tomás Catari fue capturado por los españoles y despeñado el 15 de enero de 1781. Sus hermanos acabaron siendo sucesivamente delatados y apresados. Dámaso Catari fue ejecutado el 27 de abril y Nicolás Catari el 7 de mayo del mismo año.

  • Tupac Amaru II

    1780-1781. La rebelión de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, sin duda, la más importante de este periodo, que estalló en Tinta el 4 de noviembre de 1780.
  • El movimiento de Huarochirí (1782), encabezado por Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui, con apoyo del indio Ciriaco Flores y en conexión con Diego Cristóbal Túpac Amaru. Movilizó a seis pueblos de la provincia de Huarochirí. El virrey envió contra ellos al corregidor de Huarochirí, al gobernador de Yauyos y a un destacamento de Lima. Los agitadores fueron sorprendidos y tomados prisioneros. Sometido a proceso, Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui fue ejecutado en Lima, el 7 de julio de 1783.
  • José Gabriel Aguilar 
    La conspiración del Cuzco de José Gabriel Aguilar y Manuel Ubalde
    (1805). El primero era un minero huanuqueño y el segundo un abogado arequipeño, que se conocieron en Lima y se hicieron amigos. Luego coincidieron en el Cuzco, donde, con el apoyo de diversas personalidades, tramaron un plan para independizar al Perú y restaurar el Incanato. Delatados antes de producirse el alzamiento, fueron apresados y ajusticiados, el 5 de diciembre de 1805. 




1811/1815

Insurrección de Tacna (1811) liderada por Francisco Antonio de Zela,  Los patriotas peruanos, conocedores del avance de los ejércitos argentinos en el Alto Perú (actual Bolivia), organizaron en Tacna un movimiento libertario contra el virrey José Fernando de Abascal y Sousa. El 20 de junio de 1811 (día de la batalla de Guaqui, en donde las tropas realistas al mando del general José Manuel de Goyeneche vencieron a los independentistas rioplatenses), los patriotas, dirigidos por Francisco Antonio de Zela, asaltaron los dos cuarteles militares realistas de Tacna, proclamando a Zela comandante militar de la plaza, a Rabino Gabino Barrios como coronel de milicias de infantería y al curaca Toribio Ara como comandante de la división de caballería. El día 25 de junio se supo en Tacna de la derrota de los patriotas argentinos en Guaqui. Aprovechando el desconcierto provocado por la noticia, los realistas desmontaron el movimiento y tomaron preso a Francisco Antonio de Zela, a quien llevaron a Lima donde fue condenado a cadena perpetua en la cárcel de Chagres, Panamá, donde falleció en 1819, a los 50 años de edad.

Manuel Belgrano
Segunda revuelta de Tacna de 1813 
El general argentino Manuel Belgrano reorganizó las tropas argentinas derrotadas en la batalla de Guaqui. El 14 de septiembre de 1812, se enfrentó a las tropas comandadas por el general Pío Tristán, las venció y detuvo el avance del ejército realista sobre Tucumán. Más tarde, obtuvo otra victoria en la batalla de Salta, por lo que Pío Tristán, capituló el 20 de febrero de 1813, con lo cual el Ejército argentino volvió a emprender otra ofensiva y ocupó nuevamente el Alto Perú. El general español Joaquín de la Pezuela, que había reemplazado a Goyeneche en La Paz por disposición del virrey del Perú Abascal, reorganizó el Ejército Real del Perú y derrotó al argentino Manuel Belgrano en la batalla de Vilcapugio el 1 de octubre de 1813 y seguidamente en la batalla de Ayohúma, el 14 de noviembre de 1813. Bajo el liderazgo de Enrique Paillardelli, los patriotas tacneños, el 3 de octubre de 1813, se apoderaron de los cuarteles tacneños y apresaron al gobernador realista de la provincia. El 3 de noviembre de 1813,  Tacna fue retomada por los realistas.

Rebelión de Huánuco de 1812
Rebelión de Huánuco de 1812 
Liderada por Juan José Crespo y Castillo,  se dirigió contra el régimen colonial. Las tropas del virrey se organizaron en Cerro de Pasco y se dirigieron a Huánuco, donde se produjo la batalla de Ambo el 5 de marzo de 1812. El intendente de Tarma José González Prada reconquistó Ambo el 10 de marzo con un contingente colonial. Los rebeldes abandonaron Ambo y Huánuco; los realistas entraron a ambas ciudades el 19 de marzo de 1812. González Prada salió de la ciudad en persecución de los insurrectos, que contaban con 2.000 hombres. Los indígenas se dispersaron y los cabecillas fueron capturados por González Prada, entre ellos, a Juan José Crespo y Castillo, al curaca Norberto Haro y al alcalde pedáneo de Huamalíes, José Rodríguez, quienes fueron enjuiciados sumariamente y ejecutados con la pena del garrote. A otros sublevados se les desterró y muchos fueron puestos en prisión.

Mateo Pumacahua
Rebelión del Cuzco de 1814
 abarcó el sur del virreinato del Perú. La rebelión de 1814 se inició con la confrontación política entre el Cabildo Constitucional y la Real Audiencia del Cuzco: el primero era percibido como pro americano y el segundo como pro peninsular. A raíz de este enfrentamiento, fueron encarcelados los hermanos Angulo a fines de 1813. Para agosto de 1814, los hermanos Angulo y otros criollos escaparon y tomaron el control de la ciudad del Cuzco. En esos momentos, ya se habían aliado con el brigadier y cacique de Chincheros Mateo Pumacahua. Este último personaje fue uno de los grandes defensores de la monarquía española durante la rebelión de Túpac Amaru II y comandante de los indígenas realistas en la batalla de Guaqui; sin embargo, había cambiado su postura beligerante movido por imposición del virrey Abascal de no garantizar el cumplimiento de la Constitución de Cádiz de 1812 en el virreinato del Perú.

Juan Manuel Pinelo
Expedición al Alto Perú 
La primera de ellas fue enviada al Alto Perú, al mando del arequipeño Juan Manuel Pinelo y del cura argentino Ildefonso Muñecas. Estas fuerzas rodearon La Paz con 500 fusileros y 20.000 indios armados con piedras y hondas, el 14 de septiembre de 1814. El 24 del mismo mes, tomaron la ciudad. Los realistas fueron confinados en sus cuarteles, pero estos aprovecharon la situación para hacer volar el polvorín; enfurecidos, los insurgentes paceños les dieron muerte. Para reconquistar La Paz, marchó desde Oruro un regimiento realista de milicianos cuzqueños, con 1.500 fusileros al mando del general español Juan Ramírez Orozco. Se enfrentaron en las afueras de La Paz, el 1 de noviembre de 1814, y los insurgentes resultaron derrotados. Pinelo y Muñecas ordenaron replegarse y una parte de la tropa quedó dispersa en la región en forma de guerrillas.

Expedición a Huamanga La segunda sección patriota marchó a Huamanga, bajo el mando del argentino Manuel Hurtado de Mendoza, que tenía por lugartenientes al clérigo José Gabriel Béjar y a Mariano Angulo y llegaron a la plaza de la ciudad el 20 de septiembre. Días antes se desarrolló en esa ciudad el levantamiento de cientos de mujeres campesinas el cuartel de Santa Catalina (actual Centro Artesanal Soshaku Nagase) lideradas por Ventura Ccalamaqui, en apoyo a la causa. Hurtado de Mendoza ordenó marchar a Huancayo, ciudad que tomaron pacíficamente. Para enfrentarlos el virrey Abascal envió desde Lima al regimiento español Talavera, bajo el mando del coronel Vicente González. Se produjo la batalla de Huanta, el 30 de septiembre de 1814; las acciones duraron tres días, luego de los cuales los patriotas abandonaron Huamanga. Se reorganizaron en Andahuaylas y volvieron a enfrentarse a los realistas el 27 de enero de 1815, en Matará, donde fueron nuevamente derrotados. Los patriotas volvieron a reorganizarse gracias a las guerrillas formadas en la provincia de Cangallo. Entre tanto, el argentino Hurtado de Mendoza conformó una fuerza con 800 fusileros, 18 cañones, 2 culebrinas (fundidas y fabricadas en Abancay) y 500 indios. Estas fuerzas estuvieron bajo el mando de José Manuel Romano, apodado “Pucatoro” (toro rojo). Debido a la traición de José Manuel Romano sobre Hurtado de Mendoza, a quien dio muerte y rindió a los realistas, los patriotas se dispersaron y los cabecillas de la revuelta fueron capturados. Las traiciones fueron un hecho común en las rebeliones independentistas de toda América. Las biografías de los actores sociales muestran que los cambios de bandos no eran extraños. En el caso de los líderes locales, sus filiaciones políticas estaban vinculadas a los conflictos locales que se expresaban en una mayor dimensión. Los hermanos Angulo, Béjar, Paz, González y otros sublevados fueron capturados, llevados al Cuzco y ejecutados públicamente el 29 de marzo de 1815. La Corona tenía la política del escarmiento público como un mecanismo para intimidar a la población y evitar futuros alzamientos.

Los Hermanos Angulo
Expedición a Puno y Arequipa 
El tercer agrupamiento patriota hizo su campaña en Arequipa y Puno, al mando del antiguo brigadier realista Mateo Pumacahua, y contaba con 500 fusileros, un regimiento de caballería y 5.000 indios. Pumacahua, como curaca de Chinchero, tenía un gran dominio y liderazgo entre la población indígena. Al Cuzco fueron enviados los hermanos José y Vicente Angulo, con algún resguardo de indios y negros leales. El control del Cuzco era fundamental por motivos ideológicos y de logística. Por múltiples motivos, Cuzco tenía una fuerte influencia sobre el Alto Perú; y, a su vez, el Alto Perú mantenía un vínculo colonial administrativo con la ciudad de Buenos Aires, uno de los grandes centros revolucionarios de los años 1810 en Sudamérica.

Mateo Pumacahua, se enfrentó exitosamente a los realistas en la Batalla de la Apacheta, el 9 de noviembre de 1814. Tomó prisioneros al intendente de Arequipa José Gabriel Moscoso y al mariscal realista Francisco Picoaga, su antiguo compañero de armas de la batalla de Guaqui. Los patriotas ingresaron a Arequipa. Por presión de las tropas patriotas, el cabildo de Arequipa reconoció a la Junta Gubernativa del Cuzco, el 24 de noviembre de 1814. Pero la reacción realista no se hizo esperar. Pumacahua, enterado de la aproximación de tropas realistas, abandonó Arequipa. El cabildo abierto de Arequipa se volvió a reunir y se apresuró a acordar lealtad al rey, el 30 de noviembre de ese año. Tales cambios de “lealtad” en los dirigentes locales fueron normales durante toda la guerra, pues se escogía al sector que era dueño de la plaza fuerte, como una forma de garantizar la seguridad personal, familiar y de los bienes, no necesariamente por una inclinación ideológica ni menos una predisposición para la lucha a favor de cualquier bando.

Mariano Melgar
Las tropas realistas, al mando del general Juan Ramírez Orozco, ingresaron a Arequipa el 9 de diciembre de 1814. Luego de reponer fuerzas y de reforzar su milicia, el general Ramírez salió de Arequipa en busca de los patriotas en febrero de 1815. Dejó como gobernador al general Pío Tristán. Ambos ejércitos, el realista y el patriota, se desplazaron cautelosos por diversos parajes de los Andes, buscando un lugar propicio para el enfrentamiento. El 10 de marzo de 1815, se encontraron cerca de Puno, en la batalla de Umachiri, saliendo vencedores los realistas. El triunfo realista se debió al correcto equipamiento y mayor disciplina de sus tropas. Hubo más de un millar de muertos en el curso de la batalla. Entre los patriotas capturados estuvo el célebre poeta Mariano Melgar, quien fue fusilado en el mismo campo de batalla. Pumacahua fue apresado en Sicuani, donde fue sentenciado a morir decapitado, pena que se cumplió el 17 de marzo.

1820 - 1823

Expedición de William Brown al Pacífico 
Guillermo Brown, de origen irlandés, inició su carrera en la marina estadounidense y llegó a ser jefe de las fuerzas navales de las provincias del Río de la Plata. En el año 1815 formó una expedición en Buenos Aires compuesta por 4 barcos que sumaban 150 cañones con una tripulación de 500 hombres. Brown regresó a Buenos Aires en 1818 con gran parte de su flota perdida en la navegación o apresada por la marina inglesa, después de cerrar la costa de Chile y de incursionar en los puertos del Callao y Guayaquil.

Expediciones de Thomas Cochrane
un marino escocés,  llegó a Chile el 28 de noviembre de 1818 para tomar el mando de la marina chilena, contratado por un agente del gobierno de ese país.​ A comienzos de 1819 el gobierno chileno había hecho preparativos para hacer incursiones en las costas del Perú con su flota naval al mando de Cochrane, como medida que sirviera de antesala para la futura expedición libertadora. El objetivo de esto era para obtener información, difundir la propaganda patriota para aunar a los locales a esa causa, combatir a las fuerzas marítimas españolas apostadas en el Callao, bloquear sus puertos y capturar o destruir cualquier embarcación en la que estuviera comprometido algún interés español.​ Para estas operaciones Cochrane se valió de diversas tácticas alternativas y novedosas como el uso de brulotes, cohetes incendiarios, la quinta columna, desembarcos sorpresivos de pequeñas unidades, entre otros.

En enero de ese año Cochrane hizo una primera expedición a las costas peruanas, bombardeando y bloqueando el puerto del Callao, arrebatando varios buques a los españoles y encerrando el resto en ese puerto. También pasó por Huacho, Huaura, Supe (cuyo cabildo se declaró por la independencia), Huarmey y Paita, para tomar provisiones y buscar la adhesión de sus pobladores a la causa patriota. Cochrane regresó a Valparaíso en junio.

Se embarcó en una segunda expedición en septiembre del mismo año, en que volvió a bloquear el Callao, y continuó sobre otros puntos, destacando entre ellos Pisco y Guayaquil. De regreso a las costas de Chile se dirigió al sur con el objeto de atacar los enclaves españoles de Valdivia y Chiloé, logrando conquistar el primero. En esta acción se destacó el subteniente peruano Francisco de Vidal, que se había unido a Cochrane durante sus expediciones a las costas peruanas, y que sería llamado como el “primer soldado del Perú”.​ Por último, Cochrane procedió a atacar Chiloé pero fracasó, siendo derrotado por Antonio de Quintanilla.

Luego de estas acciones, Cochrane fondeó en Valparaíso a mediados de febrero de 1820 para formar parte de la "Expedición Libertadora del Perú" como jefe de la escuadra del gobierno de Chile, que transportaría y apoyaría al ejército al mando del general José de San Martín.

José de San Martín y la expedición libertadora del Perú 
La pacificación interior del virreinato peruano permitió al virrey del Perú la organización de dos expediciones contra los patriotas de Chile formado por regimientos realistas de Arequipa y Lima y batallones expedicionarios europeos. En 1814 la primera expedición permitió la reconquista de Chile en la Batalla de Rancagua. En 1817 tras el triunfo de las armas patriotas en la Batalla de Chacabuco, otra vez se recurrió al Ejército Real del Perú para salvar la monarquía, y una segunda expedición parte en 1818, obtuvo una victoria en la Batalla de Cancha Rayada, pero finalmente fue destruida por José de San Martín en la batalla de Maipú.

Para llevar adelante la independencia del Perú, se firmó el 5 de febrero de 1819 un tratado entre Argentina y Chile.​ El General José de San Martín creía que la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata no estaría totalmente segura mientras el Perú fuera un importante bastión de las fuerzas realistas.​ Se organizó una fuerza militar anfibia que en un principio sería financiada conjuntamente por los gobiernos de Argentina y de Chile, pero debido a la situación de anarquía en las provincias rioplatenses, el gobierno de Buenos Aires se desentendió de los presupuestos, siendo la casi totalidad de los costos asumidos por el gobierno de Chile dirigido por Bernardo O'Higgins. Se determinó que el mando del ejército fuera para José de San Martín y de la escuadra para el almirante Thomas Alexander Cochrane.

El 21 de agosto de 1820 se embarcó en Valparaíso la Expedición Libertadora del Perú bajo bandera chilena. Contaba con un ejército de 4.118 efectivos. El 7 de septiembre la Expedición Libertadora arribó a las playas del Paracas, en la bahía de Pisco, en la actual Región Ica. El desembarco en Paracas se inició el 8 de septiembre de 1820 y continuó los días siguientes.​ San Martín instaló su cuartel en Pisco y recibió el apoyo de la población.

El 15 de septiembre de 1820, el virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, proclamó la restauración de la Constitución de Cádiz de 1812, y envió una carta a San Martín ofreciéndole entrar en negociaciones, teniendo como base la nueva situación política peninsular. San Martín aceptó, y a partir del día 25 de septiembre, los delegados del Libertador y del virrey se reunieron en las Conferencias de Miraflores (pueblo situado al sur de Lima), que concluyeron el 4 de octubre, sin llegar a ningún acuerdo.

Juan Antonio Álvarez de Arenales

Inicio de la campaña del Perú 
Las acciones de guerra de la expedición libertadora comenzaron con la Primera campaña de Arenales a la sierra del Perú, y abarca todas las operaciones militares del general Juan Antonio Álvarez de Arenales en la sierra, entre el 4 de octubre de 1820, cuando parte de Pisco, hasta el 8 de enero de 1821, cuando se reúne nuevamente con San Martín en Huaura. El primer encuentro bélico se libró en Nasca, el 15 de octubre de 1820. Luego, Arenales ocupó Ica, –que juró su independencia el día 21 de octubre​ y avanzando hacia la sierra, pasó por la ciudad de Huamanga (Ayacucho), que declaró su independencia el 8 de noviembre. El 6 de diciembre tuvo lugar la Batalla de Cerro de Pasco, en donde Arenales batió a una división realista enviada por el virrey Pezuela.

El 9 de octubre de 1820 se produjo el alzamiento del batallón realista de granaderos de la reserva del Cuzco acantonado en Guayaquil, que culminó con la proclamación de la independencia de esta provincia.

El 21 de octubre de 1820, San Martín, en su cuartel de Pisco, dio un decreto estableciendo la primera bandera del Perú y el primer escudo del Perú, cuyos diseños serían posteriormente modificados por Bolívar, aunque la bandera conservó sus colores originales: el rojo y el blanco.

El 23 de octubre de 1820 la Expedición Libertadora se reembarcó con destino norte, pasando frente al Callao. Una parte de la flota, al mando del almirante Thomas Cochrane, bloqueó por tercera vez el puerto del Callao, donde capturó a la fragata española Esmeralda, el 5 de noviembre, con lo que se dio un golpe mortal a la marina realista en el Pacífico.

El 9 de noviembre, la Expedición Libertadora arribó al puerto de Huacho (a 170 km al norte de Lima), donde desembarcó. Al frente de su ejército, San Martín avanzó hasta el poblado vecino de Huaura, donde estableció su cuartel general.​ Fue en Huaura donde por primera vez San Martín proclamó la independencia del Perú, en noviembre de 1820, desde un balcón que hasta hoy se conserva como joya histórica.​

El 2 de diciembre de 1820 el batallón realista Numancia se sublevó pasándose a los patriotas​ importante suceso que fue posible gracias a la labor incansable de los patriotas de Lima, entre ellos el criollo José de la Riva Agüero.​

Otro suceso importantísimo, que ayudó decisivamente a la lucha emancipadora continental, fue la Independencia de todo el Norte del Perú, obra de los patriotas locales, que lo lograron de manera pacífica. Resalta el accionar de la Junta Patriótica de Huaraz fundada en 1818, que difundió las ideas libertarias en toda la sierra de la actual región Áncash, entre sus miembros destacan José de Larrea y Loredo, Manuel Villarán Loli, los hermanos José Manuel y José María Robles Arnao y García y el reverendo José María del Piélago.​ Todo esa región se hallaba bajo la jurisdicción de la Intendencia de Trujillo, cuya capital, la ciudad de Trujillo, a instigación de su intendente José Bernardo de Tagle, marqués de Torre Tagle, juró su independencia el 29 de diciembre de 1820. Sucesivamente hicieron lo mismo Piura, Cajamarca (6 de enero de 1821), Chachapoyas, Jaén (4 de junio de 1821) y Maynas (19 de agosto de 1821); antes ya lo había hecho Lambayeque (27 de diciembre de 1820).


El 29 de enero de 1821, en el lado realista se produjo el llamado Motín de Aznapuquio: los jefes españoles obligaron al virrey Pezuela a abandonar el mando del virreinato peruano, que recayó en el general José de la Serna.45​

En marzo de 1821 se produjo la incursión de las fuerzas patriotas de Guillermo Miller y Thomas Cochrane sobre los puertos de Tacna y Arica.

El 4 de junio de 1821, el virrey La Serna se entrevistó personalmente con San Martín en la hacienda Punchauca, situada a unos 25 km al norte de Lima, en el actual distrito de Carabayllo. Delegados de ambos continuaron en los siguientes días estas Conferencias de Punchauca, pero al igual que lo ocurrido en las conferencias de Miraflores, no se llegó a algún acuerdo trascendente.

Lima se vio amenazada por el avance del ejército libertador y el acoso de las montoneras patriotas, estas mayormente conformadas por hombres andinos, lo cual es otro ejemplo del aporte valioso de los peruanos a la Independencia.

El 5 de junio de 1821, el virrey La Serna anunció a los limeños que abandonaría Lima y dejaría una fuerza al mando de José de la Mar para que resistiera en el Callao, al amparo de la Fortaleza del Real Felipe. El ejército realista, al mando del general Canterac, dejó Lima y enrumbó a la sierra, el 25 de junio de 1821. Arenales fue enviado en misión de observar el repliegue de los realistas a la sierra sin empeñar su ejército en una batalla frontal por orden de San Martín.

A comienzos de julio de 1821 se vivía en Lima una tremenda escasez de alimentos, debido al asedio de las montoneras, que cortaron las vías de comunicación con el exterior.​ Bajo el temor al pillaje o rebeliones de esclavos, la población solicitó a San Martín que ingresara en la ciudad. San Martín aceptó, a condición de que se reuniera el cabildo o ayuntamiento de la ciudad y jurara la independencia.​

Las avanzadas del Ejército Libertador ingresaron a Lima el 9 de julio de 1821.51​ El mismo San Martín hizo su ingreso en la noche del día 12 y dos días después lo hizo todo su Ejército.

Acta y proclamación de la independencia del Perú

En cumplimiento de lo acordado con San Martín, los notables de Lima se reunieron en Cabildo Abierto, con el propósito de jurar la Independencia. La firma del Acta de Independencia del Perú tuvo lugar el 15 de julio de 1821. Unos 300 ciudadanos principales firmaron el Acta ese día; en los días siguientes lo hicieron muchos más.​ Manuel Pérez de Tudela, letrado arequipeño, más tarde Ministro de Relaciones Exteriores, fue quien redactó el Acta de la Independencia53​ El almirante Cochrane entró en Lima el 17 de julio.

El sábado 28 de julio de 1821, en una ceremonia pública muy solemne, el generalísimo José de San Martín enunció la célebre proclamación de la Independencia del Perú. Primero lo hizo en la Plaza Mayor de Lima, después en la plazuela de La Merced, luego, en la plaza Santa Ana, frente al Convento de los Descalzos y finalmente en la plaza de la Inquisición (hoy plaza Bolívar).​ Según testigos de la época, presenciaron la ceremonia más o menos 16.000 personas.​ El libertador con una recién creada bandera peruana en la mano, exclamó:
DESDE ESTE MOMENTO EL PERÚ ES LIBRE E INDEPENDIENTE POR LA VOLUNTAD GENERAL DE LOS PUEBLOS Y POR LA JUSTICIA DE SU CAUSA QUE DIOS DEFIENDE. ¡VIVA LA PATRIA!, ¡VIVA LA LIBERTAD!, ¡VIVA LA INDEPENDENCIA!.
Basil Hall

José de San Martín. Lima, 28 de julio de 1821.
Basil Hall, capitán de la marina británica, que por entonces se hallaba en Lima, al comentar la ceremonia culmina diciendo:
Sus palabras fueron recogidas y repetidas por la multitud que llenaba la plaza y las calles adyacentes, mientras repicaban todas las campanas y se hacían salvas de artillería entre aclamaciones como nunca se había oído en Lima.
Cabe destacar que hay cuestiones históricas que dicen que San Martín ya había jurado la independencia peruana el 27 de noviembre de 1820 en la ciudad de Huaura (al norte de Lima), en el denominado Balcón de Huaura, aunque este tema es muy debatido, lo cierto es que en Huaura el Libertador reorganizó su ejército y comenzó el plan para el asedio de la capital del virreinato.​

La Independencia del Perú se consolida con la posterior llegada de las tropas del ejercito Libertador de Simon Bolivar en las campañas libertadoras del sur, y es en la Batalla de Ayacucho donde al mando del Mariscal Antonio Jose De Sucre, son derrotadas las ultimas tropas realistas y se consolida la independencia del imperio español.


Acta de Independencia



jueves, 6 de agosto de 2020

26 julio 1822 Encuentro de Bolívar y San Martín. Ecuador



Entrevista de Guayaquil
26-27.7.1822
 
Desde la independencia de EE.UU y a Revolución Francesa, las colonias españolas de América comenzaron hervir de ideas libertarías.
El 26 de julio de 1822, Bolívar y San Martín realizaron una reunión para decidir el futuro de Sudamérica, ¿qué se dijeron en esa entrevista? Conózcalo en Misterios de la historia
 

Descubrimiento histórico sobre la entrevista de Bolívar y San Martín en Guayaquil

La Universidad Andina Simón Bolívar, mediante rueda de prensa del lunes 22 de julio, hizo público el documento original que recoge una entrevista histórica entre José de San Martín, Protector del Perú, y el Libertador Simón Bolívar, Presidente de Colombia, que sostuvieron el 26 de julio de 1822, en Guayaquil.


Después del 9 de octubre de 1820, Guayaquil, bajo la dirección política de José Joaquín de Olmedo y de otros, alcanzó parcialmente su independencia de España, pero aun quedaban por derrotar a los realistas de Quito, quienes oponían una fuerte resistencia a las ideas de independencia, Olmedo pide ayuda a los libertadores Simón Bolívar y José De San Martín.  Bolívar envió al mejor de sus generales, Antonio José de Sucre, con un ejercito patriota a su mando y San Martín contribuye con 1500 soldados al ejercito libertador .    El 24 de mayo de 1822, Sucre derrotó a los realistas en Pichincha y ocupó Quito el día siguiente. Luego de la derrota definitiva de los realistas, los patriotas de Guayaquil y Quito se debaten entre unirse al Perú, unirse a la Gran Colombia o formar un estado independiente, esta ultima opción defendida por José Joaquin Olmedo y la oligarquía criolla. Ante el peligro que representaba esta diatriba el Libertador Simón Bolívar decide ocupar Guayaquil, lo que Olmedo y la oligarquía tomaron como un golpe de estado y deciden auto exiliarse, ahí es donde Bolívar decide invitar a San Martín para una reunión que puedan definir el futuro de la región. 

San Martín llegó a las aguas de Guayaquil, a bordo del Macedonia, el 25 de julio de 1822. Enterado de su llegada, el Libertador le mandó el mismo día 2 cartas amistosas felicitándole e invitándole a entrar en la ciudad, lo que se verificó el 26 a las 9 a.m., cuando los 2 grandes héroes de América se dieron el primer y fraternal abrazo. Las conversaciones o conferencias entre ambos se realizaron el mismo día 26 y el siguiente, 27 de julio. Se celebraron a puertas cerradas sin la presencia de secretario ni otra clase de testigos. Luego de un banquete el día 27 
San Martín se retiró hacia el muelle, y se embarcó hacia el Perú, dejando en manos de Bolívar parte de su ejército.  Esa circunstancia fue lo que dio lugar a muchas interpretaciones, suposiciones, tergiversaciones, que hasta hace poco, hicieron de esa entrevista uno de los temas más controversiales y polémicos de la historia de Latinoamérica. 

Historiador Armando Martinez
En 2013 un historiador colombiano llamado Armando Martínez encontró en el Archivo Nacional del Ecuador en Quito una carta escrita por el general José Gabriel Pérez, quien se desempeñó como secretario general de Bolívar en la campaña del sur. Bolívar le ordenó a Pérez que le escribiera una carta a Antonio José de Sucre (entonces intendente de Quito) haciéndole un resumen de la entrevista. La carta permaneció perdida por casi dos siglos debido a que fue erróneamente archivada. El resumen de la carta es el siguiente: 
Al contrario de todo lo dicho, la carta de Pérez muestra que el encuentro entre San Martín y Bolívar fue cordial. De igual manera la reunión no giró en torno a si Guayaquil debía ser independiente o anexarse a Colombia, sino al futuro de Perú. De hecho, el viejo general austral sabía que Bolívar y sus tropas habían ya resuelto esta discusión a su favor.

La otra sorpresa de la carta enviada a Sucre está en que los dos libertadores estuvieron en desacuerdo sobre el tipo de gobierno que debía regir en el Perú independiente. San Martín,  se quejó «mucho del mando y sobre todo de sus compañeros de armas que últimamente lo habían abandonado en Lima. Aseguró que iba a retirarse a Mendoza; que había dejado un pliego anexo para que lo presentasen al Congreso renunciando al Protectorado (de Lima) y que también renunciaría a la reelección que contaba se haría en él; que luego de ganar la primera victoria se retiraría del mando militar sin esperar a ver el término de la guerra; pero añadió que antes de retirarse pensaba dejar bien puestas las bases del gobierno, que no debía ser democrático porque en el Perú no conviene y dijo que debería venir de Europa un príncipe solo y aislado a mandar». 
Bolívar se opuso y dijo que ni a América ni a Colombia le convenía introducir príncipes europeos, que eran ajenos a las masas y que se opondría a ello, salvo que el pueblo decidiera algo así. Frente a esta oposición y a la defensa que Bolívar hizo de la democracia y del Congreso de Angostura, San Martín dijo que el principado podría venir después.
San Martín elogió la idea de crear la Federación de los Estados Americanos, que Chile no tendría problema en entrar pero sí Buenos Aires, y se ofreció a tramitar un arreglo de límites entre Colombia y Perú. Al final, tras ofrecer toda su ayuda en espera que Colombia hiciera lo mismo con Perú, el Protector dejó en claro que la reunión fue una visita sin carácter oficial y sin ningún objeto político y militar.
Tras su encuentro, a Bolívar le quedó claro que San Martín no tenía ni las fuerzas ni el apoyo militar para asumir la victoria final sobre los españoles, que tenían una fuerza importante en el virreinato más rico y contaban con una aristocracia poco afecta a las ideas republicanas. Como había que neutralizar esta amenaza, Bolívar decidió reclutar 4000 nuevos hombres que se unieron al Ejército de 5000 veteranos que había llevado, para ir al alto Perú. Dos años después, y tras varias batallas, las de Ayacucho y Tumulsa pusieron fin a la guerra contra los españoles.



La entrevista logró lo que de ella esperaban los 2 contertulios. Ni intransigencia ni obstrucción. Fue satisfecha la expectativa. Horizontes abiertos hacia la misma meta. «...Ruego a Vuestra Excelencia se persuada de que la gloria de Colombia y la del Perú son un solo objeto para mí...», le había escrito San Martín a Bolívar. Los testimonios públicos y directos emanados de ambos son suficientes, si se les analiza con recto criterio, para destruir toda la urdimbre de caprichosas fábulas y tendenciosas especulaciones tejidas al respecto. Ellos documentan la incontrovertible veracidad del rápido acuerdo alcanzado, conducente a la salida factible que fue la que podía ser en aquellas circunstancias. A su regreso del memorable evento, San Martín informa a los peruanos, en proclama para los pueblos y para la historia:«...Tuve la satisfacción de abrazar al héroe del Sur de América. Fue uno de los días más felices de mi vida. El Libertador de Colombia auxilia al Perú con tres de sus bravos batallones. Tributemos todos un reconocimiento eterno al inmortal Bolívar...» Ese es el parte. Consigo trae San Martín, además, el recuerdo de Bolívar en aquel día dichoso: la efigie del compañero, hermano solidario, en un medallón que conservará durante los 28 años por los cuales se prolonga en Europa su existencia. Por su lado, Bolívar destaca en comunicación al Gobierno de Colombia, los puntos resaltantes del entendimiento con el Protector: eterna amistad entre sus naciones, arreglo de límites, federación completa, mancomunidad diplomática frente a España y, por si fuera poco, la coincidencia en el gran tema de América: primordialmente San Martín «...desea que todo marche bajo el aspecto de la unión, porque conoce que no puede haber paz y tranquilidad sin ella...» Esto mismo se confirma en otras notas oficiales: «...El Protector aplaudió altamente la federación de los estados americanos como la base esencial de nuestra existencia política...» Treinta y seis a cuarenta horas había durado la visita del Protector al Libertador. En la madrugada del 28 de julio, el General San Martín se reembarcó en el Macedonia. De regreso a Lima, renunció al poder, tal como lo había dicho en Guayaquil al Libertador, se fue a Chile y a Mendoza antes de emprender su viaje a Europa. Su obra estaba cumplida.

Monumento a Bolívar y San Martín (Guayaquil) EL HEMICICLO DE LA ROTONDA




 Para conmemorar el histórico encuentro que en 1821 sostuvieron en Guayaquil los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín, se levantó en el malecón de Guayaquil, a orillas del río Guayas, este impresionante monumento de bronce que muestra a los dos héroes estrechándose las manos.
La historia de este monumento se remonta al 16 de agosto de 1913, fecha en que el Congreso Nacional resolvió la erección –en Guayaquil- de un monumento que perpetúe el encuentro de los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín; lamentablemente el decreto respectivo fue archivado en la Cámara de Diputados. Ante esta situación, el 29 de noviembre de ese mismo año el Concejo Cantonal de Guayaquil decidió levantar el monumento, y delegó a la Sociedad Bolivariana la coordinación de los trabajos respectivos.
En 1927, la Sociedad Constructora Nacional Fénix inició los trabajos de construcción de la Rotonda, que fue terminada a fines de 1929; pero se debió esperar hasta 1935 para que el Cabildo Porteño encargara al escultor español José Antonio Orus la realización de las estatuas, que llegaron a Guayaquil, junto al escultor, a finales de julio de 1937.
Las columnetas, con sus decorados y relieves fue encargada al artista español Juan Rovira, y los jarrones del entorno fueron realizados por el artista italiano Emilio Soro.
Inmediatamente el escultor inició los trabajos de colocación de la estatua, que estuvieron concluidos en mayo del año siguiente.
Este impresionante conjunto -artístico arquitectónico- constituye uno de los lugares más representativos de Guayaquil.

Armando Martinez el colombiano que encontró en el Archivo Nacional del Ecuador la carta que esclarece la reunión de Guayaquil y pone fin a dos siglos de mitos y polémicas.


Armando Martinez
¿Qué sería de la Historia sin el azar? Es la pregunta que hoy se hace Armando Martínez, profesor de la Universidad Industrial de Santander (UIS), que encontró en el Archivo Nacional del Ecuador en Quito una carta que prácticamente pone fin a dos siglos de polémicas, especulaciones, debates, estudios, tesis, ensayos, cuentos y novelas en torno a lo que se dijeron en su encuentro secreto en Guayaquil el Libertador Simón Bolívar y el emancipador de Argentina, Chile y Perú, José de San Martín.

Mucho se especuló acerca de por qué Guayaquil se sumó a Colombia y no se constituyó en  una nueva Nación, como quería la mayoría de sus habitantes;  por qué San Martín renunció a seguir adelante a liberar el  Alto Perú, hoy Bolivia y consagrarse así como el gran Libertador y prócer de América, ni las razones que movieron a Bolívar a asumir esta tarea y a llevar a sus ejércitos  hasta los confines del mundo hispanoamericano, algo que no estaba dentro de sus planes. 
Pues bien, el profesor Martínez acaba de develar ese enigma, pues la carta que encontró era la pieza que faltaba. El docente, doctor en Historia de la UIS, tiene un historial brillante: ha replanteado buena parte de la historia de los Santanderes y de la revolución neogranadina de 1810, y descubrió una nueva copia del poema Delirio en el Chimborazo, que ratifica que Bolívar lo escribió.  

Martínez estaba en Ecuador recopilando información para su tesis de postdoctorado sobre el fracaso de la primera República de Colombia (1819-1830). Al pedir la caja 595 del fondo Presidencia de Quito, que solo parecía contener las órdenes y documentos de Manuel José Restrepo, se encontró que en medio de los extensos volúmenes había dos tomos de documentos del general José Gabriel Pérez, secretario general de Simón Bolívar en la campaña del sur.

Al examinarlos se encontró con una copia de la carta confidencial fechada el 29 de julio de 1822 en la que este le hace al general Antonio Sucre, entonces intendente de Quito, un resumen del encuentro por petición de Bolívar.

Como es claro que en esa época no había papel carbón ni imprentas manuales, la única forma de llevar un control de la correspondencia que se enviaba era transcribirla literalmente en el libro copiador del secretario, el mismo que se encontraba desde mediados de 1970 guardado pero mal clasificado en el Archivo del Ecuador. 

El hallazgo ha causado tanta sorpresa entre los historiadores que la propia revista ecuatoriana de historia Procesos decidió detener la impresión de su número semestral, que ya estaba prácticamente listo, para publicar esta chiva histórica, algo insólito en este tipo de publicaciones. 

Diego Barros Arana
La carta de Pérez ya era conocida desde finales del siglo XIX pues el historiador chileno Diego Barros Arana la menciona diciendo: “La carta de 29 de agosto de 1822 en que San Martín anunciando a Bolívar su resolución de abandonar el Perú, se refiere a la reciente conferencia de Guayaquil, es sin disputa el documento capital que nos queda sobre ella; y si bien no basta para darla a conocer en todos sus incidentes, suministra bastante luz para formarse una idea clara de los asuntos que allí se trataron i de su resultado final. Obligado a guardar una reserva absoluta sobre este negocio, no tanto por el compromiso contraído por Bolívar, cuanto por el interés de la causa americana, San Martín se abstuvo durante veinte años de hablar de estos negocios”. 

Pero como lo manifestó Martínez a SEMANA, la importancia de su logro no radica en haber descubierto una fuente inédita y nunca antes vista sino en haber hecho un “redescubrimiento de la fuente original”, que reabre un debate olvidado para la inmensa mayoría, un misterio que les sirvió a grandes escritores como Jorge Luis Borges o Ernesto Sábato para escribir sobre este tema nunca cerrado para la Historia.

“La carta confirma la sospecha que existió siempre acerca de la posición monarquista de San Martín, algo que no era extraño si se tiene en cuenta el fracaso de los primeros años de la experiencia democrática en Argentina. Incluso Brasil y México decidieron experimentar el camino monárquico constitucional”, dice Martínez.

En medio de todo lo que se ha escrito y especulado sobre lo sucedido en la entrevista de Guayaquil, la carta deja en claro, para decepción de los argentinos, y posiblemente para alegría de bolivaristas, que la expulsión de los españoles de Perú era para Bolívar, más que una cuestión de orgullo y de ansias de poder, un asunto de urgente estrategia militar.  Porque la independencia que había logrado para Caracas, Nueva Granada y Quito estaba menos que asegurada. 


Gral de Brigada Jose Gabriel Perez, Procer


Oficial (general de brigada) del Ejército de Venezuela en la Guerra de Independencia. Gobernante y diplomático. Hijo de Ramón Pérez y de Soledad Quero. Se casó en 1812 con la caraqueña Mercedes Cabarrocas. Se desempeñó en su carrera militar, además de combatiente activo, como secretario del Libertador. En 1814, se unió a Simón Bolívar en el éxodo al oriente del país y desde ese año le acompañó no solo en las campañas de Venezuela, sino en todas las demás por la independencia de América del Sur. Al producirse la toma de Cartagena por el ejército realista en 1815, emigró a las Antillas y regresó a Venezuela junto con Bolívar en la Expedición de Los Cayos, en 1816. Actuó en las campañas de Barcelona y Guayana en 1817, al lado del general Manuel Piar y en la campaña del Centro en 1818. En 1817, fue secretario de Estado en Angostura. En 1819, fue auditor del ejército de Santiago Mariño y secretario del vicepresidente Juan Bautista Arismendi. En Trujillo (Venezuela) el 25 de noviembre de 1820 el teniente coronel José Gabriel Pérez cumplió una misión diplomática junto con el general Antonio José de Sucre y el coronel Pedro Briceño Méndez, al firmar los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, por los cuales el general realista Pablo Morillo reconoció de hecho, en nombre de España, la beligerancia de los republicanos. Como ayudante general del Libertador participó en la batalla de Carabobo en 1821; igualmente tomó parte en la batalla de Bomboná en 1822. En enero de ese año fue nombrado oficialmente secretario general del Libertador, en cuya secretaría venía tomando parte en años anteriores, culminando este trabajo en 1826, fecha en que por quebrantos de salud debió dejarla. Desempeñó cargos diplomáticos simultáneamente con el ejercicio de la secretaría. Junto con el coronel Vicente González firmó como comisionado del Libertador, la capitulación en Pasto del coronel realista Basilio García en 1822. A raíz de la conferencia de Bolívar y San Martín en Guayaquil, dio cuenta de lo tratado en ella mediante un oficio dirigido en nombre de Bolívar al gobierno de Bogotá el 29 de julio de 1822. Acompañó al Libertador al Perú en 1823, y en 1824 se desempeñó como prefecto de Trujillo (Perú), en donde destacó en su misión de inspector de los talleres y provisiones del ejército Libertador. Por quebrantos de salud, se separó momentáneamente de la secretaría y quedó en Lima de cónsul general de Colombia (1824). En 1825, ascendió a coronel y nuevamente secretario general del Libertador; desempeñó el Ministerio de Estado en Lima. Ascendido a general de brigada en 1826, quedó como jefe superior interino de los departamentos de Ecuador, Guayaquil y Azuay, que comprendían el territorio que luego fue la República del Ecuador, revestido de facultades extraordinarias. Murió súbitamente, en unos baños termales, donde se encontraba por razones de salud, en las proximidades de la ciudad de Quito.


 

jueves, 25 de junio de 2020

22 junio 1826 Instalación del Congreso Anfictiónico de Panama. Panama



Congreso Anfictiónico de Panamá que proponía la unión de toda Latinoamérica

El Libertador Simón Bolívar anhelaba el entendimiento entre todos los países y buscaba la unidad del continente. 

El Dato:
Anfictionía = Confederación de las antiguas ciudades griegas, para asuntos de interés general.

El 22 de junio de 1826 se instaló el Congreso Anfictiónico de Panamá, asamblea diplomática convocada por el Libertador Simón Bolívar, con el objetivo de buscar la unión de Latinoamérica. Bolívar siempre anheló el entendimiento entre todos los países y promovió, especialmente, la unidad de los pueblos hispanoamericanos, desde México hasta Chile y Argentina.

Su instalación ocurrió en medio de las conquistas independentistas en la región, tras la liberación del Alto Perú (actual Bolivia), por parte del Libertador y del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. En ese momento, a excepción de Cuba y Puerto Rico, toda la América Latina era libre, luego de décadas de sangrientas guerras contra el yugo español.

Esta histórica asamblea tuvo lugar en el antiguo convento de San Francisco (hoy Palacio Bolívar) de Ciudad de Panamá y contó con la asistencia de la Gran Colombia (hoy Ecuador, Venezuela, Colombia y Panama), México, Perú (hoy Peru y Bolivia)  y la República Federal de Centroamérica (hoy Todos los paises centroamericanos), mientras que Gran Bretaña envió un observador y los Países Bajos otro a título personal.

La idea de crear una gran nación cuya extensión abarcara lo que es Hispanoamérica se había originado con el prócer Francisco de Miranda, quien propuso el nombre de Colombia para esa eventual nación.
“Formar de todo el mundo nuevo una sola nación” era el sueño de Simón Bolívar.

Inclusive, Simón Bolívar en la Carta de Jamaica de 1815 se refirió a este sueño: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo en una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; […] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!”.

Los puntos propuestos por el Libertador para el debate fueron el afianzamiento de la independencia, la seguridad interna y la no intervención, así como la igualdad jurídica de todos los Estados, el establecimiento de relaciones entre las naciones mediante un Congreso plenipotenciario permanente y una reforma social sobre la base de la libertad y la paz.

Sin embargo, los resultados del Congreso no fueron los esperados por Bolívar, pues la mayoría de las naciones presentes no se encontraban en condiciones políticas ni económicas de cumplir con sus acuerdos y mostraron poco interés en hacer realidad su proyecto unificador.

Preparación del Congreso Anfictiónico 


El proyecto bolivariano de confederar a las repúblicas hispanoamericanas se inicia formalmente con la negociación y la firma de tratados de “Unión, Liga y Confederación perpetua” por Colombia (Gran Colombia) con cuatro países: Perú el 6 de junio de 1822; Chile el 23 de octubre de 1823; México el 3 de diciembre de 1823 y, después de su separación de México, con la República de Centroamérica el 15 de marzo de 1825. Estos tratados bilaterales, que comparten el texto y los alcances, representan la piedra angular del Congreso Anfictiónico de 1826. Tres de sus objetivos sustentan esta observación: la creación de una asamblea compuesta de dos plenipotenciarios por cada país, procedimiento que tiempo después se adoptará en las conferencias de Panamá; la solicitud a los países asociados de interponer sus “buenos oficios” ante los gobiernos de los demás “Estados de América -antes española- para entrar en este pacto de unión, liga y confederación perpetua”; y comprometer a los países signatarios a participar en una futura “Asamblea general de los Estados Americanos [...] con el encargo de cimentar de un modo más sólido y estable las relaciones íntimas que deben existir entre todos y cada uno de ellos, y que les sirva de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete de sus tratados públicos y de juez, árbitro y conciliador en sus disputas y diferencias” 

El 7 de diciembre de 1824, dos días antes de la Batalla de Ayacucho, Simón Bolívar invoca estos acuerdos en la invitación que dirige a los gobiernos de Colombia, México, Provincias Unidas del Río de la Plata, Centroamérica, Chile y Brasil. Al tiempo de requerirles el envío de representantes plenipotenciarios al Congreso de Panamá, escribe:
 ...es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos. Entablar aquel sistema y consolidar el poder de este gran cuerpo político pertenece al ejercicio de una autoridad sublime, que dirija la política de nuestros gobiernos, cuyo influjo mantenga la uniformidad de sus principios, y cuyo nombre solo calme nuestras tempestades. Tan respetable autoridad no puede existir sino en una asamblea de plenipotenciarios nombrados por cada una de nuestras repúblicas, y reunidos bajo los auspicios de la victoria obtenida por nuestras armas contra el poder español. Profundamente penetrado de estas ideas invité en ochocientos veintidós, como Presidente de la República de Colombia, a los gobiernos de Méjico, Perú, Chile y Buenos Aires, para que formásemos una confederación y reuniésemos en el istmo de Panamá u otro punto elegible a pluralidad, una asamblea de plenipotenciarios de cada Estado „que nos sirviese de consejo en los grandes 3 conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete en los tratados públicos cuando ocurran dificultades, y de conciliador, en fin, de nuestras diferencias‟. El Gobierno del Perú celebró, en seis de julio de aquel año, un tratado de alianza y confederación con el plenipotenciario de Colombia; y por él quedaron ambas partes comprometidas a interponer sus buenos oficios con los gobiernos de la América antes española, para que entrando todos en el mismo pacto se verificase la reunión de la asamblea general de los confederados. Igual tratado concluyó en Méjico, a tres de octubre de ochocientos veintitrés, el enviado extraordinario de Colombia a aquel Estado; y hay fuertes razones para esperar que los otros gobiernos se someterán al consejo de sus más altos intereses. Diferir más tiempo la asamblea general de los plenipotenciarios de las repúblicas, que de hecho están ya confederadas, hasta que se verifique la accesión de los demás, sería privarnos de las ventajas que produciría aquella asamblea desde su instalación. [...] El istmo de Panamá ha sido ofrecido por el gobierno de Colombia para este fin, en los tratados existentes. El istmo está a igual distancia de las extremidades, y por esta causa podría ser el lugar provisorio de la primera asamblea de los confederados.

Finalmente la invitación al Congreso se amplía a varios países más: tres potencias externas a la región -Gran Bretaña, Estados Unidos y los Países Bajos- y tardíamente, Bolivia. De todos ellos sólo seis acudirán a la cita del Istmo, donde los ministros plenipotenciarios negociarán a nombre de sus respectivos países el Tratado de Confederación

El 22 de junio de 1826, con la ausencia de Chile, que se excusó, Río de la Plata y Brasil que se abstuvieron, y Bolivia, cuyos delegados llegaron tarde, se reunieron en Panamá representantes de ese país, México, Guatemala, Gran Colombia y Perú. Hubo observadores de Gran Bretaña y Holanda.

El Congreso sesionó hasta el 5 de julio de 1826. Los delegados acordaron un pacto perpetuo de autodefensa y confederación, así como la creación de un ejército y una flota de guerra comunes, no hacerse la guerra sin un arbitraje previo de la unión, abolir la trata de esclavos y reunirse dos años después en México.

Debido a las rivalidades entre los países Latinoamericanos: Argentina y Brasil por Uruguay; Salvador con Guatemala por la República de América Central; Bolivia en conjura contra Sucre; José de la Mar, en Perú pugnando por arrancar Guayaquil a Colombia y devolver Bolivia a Perú, y a la abierta oposición de Estados Unidos, opuestos a la formación de una federación de estados en América del Sur, los acuerdos solo fueron ratificados por la Gran Colombia.

El Congreso logró reunirse nuevamente, a convocatoria de México, pocos años después. Eso fue todo, el tratado se disipó sin que México lo ratificara.

Ante tan colosal descalabro, Simón Bolívar exclamó:

" El Congreso de Panamá, institución admirable si fuese efectiva, no es otra cosa que el griego loco que creía poder dirigir a los barcos en el mar desde una roca en la costa"