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miércoles, 16 de septiembre de 2020

15 Septiembre 1824 Fallece Francisco Morazán. Costa Rica

 
nota: Articulo en edición y construcción, aceptamos sugerencias y aportes.

José Francisco Morazán Quezada

Nació el 3 de octubre de 1792 en la localidad de Tegucigalpa, que en ese entonces era parte de la Intendencia de Comayagua, Capitanía General de Guatemala, actual honduras. Pero igual pudiera decirse que nació en Costa Rica, o en El Salvador o en Nicaragua, o Guatemala, cuyas banderas llevan las franjas azul y blanca que recuerdan que en 1824, y hasta 1839, esos colores simbolizaron la unidad de aquellos pueblos, luego de independizarse de España y del imperio mexicano. Todo mal en Centroamérica se debe a la colonia, decía Morazán.

La República Federal Centroamérica, representaba la grandeza territorial para los pequeños estados centroamericanos; sumaba más de 330 mil kilómetros cuadrados para aquel momento, sin incluir a Panamá. Su potencial como región radica en su agricultura y en la riqueza que le da el hecho de ser una zona bañada por los océanos Atlántico y Pacífico.

Sus padres fueron José Eusebio Morazán Alemán y Guadalupe Quesada Borjas, ambos miembros de una familia criolla de clase alta dedicada a la agricultura y el comercio. Se traslada junto a su familia a Morocelí en 1808, donde trabajó en los terrenos heredados por Don Eusebio Morazán, también laboro como empleado de la alcaldía. En 1813 regreso a Tegucigalpa. Una vez allí, su padre lo puso bajo la tutoría de León Vásquez, quien le enseñó derecho civil, proceso penal y notariado. 

Contrae matrimonio con María Josefa Lastiri en la Catedral de Comayagua el 30 de diciembre de 1825, De esta relación nació en San Salvador Adela Morazán Lastiri en el de 1838, siendo la única hija de Morazán.  Su esposa María Josefa pertenecía a una de las familias más ricas de la provincia de Honduras. Su padre fue el comerciante español Juan Miguel Lastiri, quien jugó un papel importante en el desarrollo comercial de Tegucigalpa. Su madre fue Margarita Lozano, miembro de una poderosa familia criolla en la ciudad, María Josefa era una viuda quien se había casado primeramente con el terrateniente Esteban Travieso, con quien procreó 4 hijos. A su muerte, Lastiri heredó una fortuna. 

La Capitanía General de Guatemala (que estaba conformada por las actuales repúblicas de Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, además del estado mexicano de Chiapas y las actuales provincias panameñas de Chiriquí y Bocas del Toro), se independizó de España en 1821. desde ese momento Morzan comienza a participar en la política de la república naciente, Provincias Unidas del Centro de América, que se transformó en 1824 en la República Federal de Centroamérica.

En 1821 el Imperio de Mexico tiene  la intención de anexar todos estos territorios centroamericanos en un solo imperio, situación que genera divisiones  en cada una de las provincias centroamericanas, estando algunos a favor y otros en contra. Generando conflictos internos y armados en las distintas provincias entre ambos bandos.

El 1°. de julio de 1823, Centroamérica proclamó su independencia definitiva, y se convirtió en las Provincias Unidas del Centro de América, quedó conformada por los estados de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. ​Posteriormente, el 25 de septiembre de 1824, Francisco Morazán fue nombrado Secretario General del gobierno de su tío político y primer Jefe de Estado de Honduras, Dionisio Herrera, y firmó la primera constitución de ese país. Luego, el 6 de abril de 1826, se convirtió en Presidente del Consejo Representativo.

El 22 de noviembre de 1824, bajo el lema «Dios, Unión y Libertad», la Constitución fue aprobada y la nación pasó a llamarse República Federal de Centroamérica. Bajo la nueva Constitución, resultó electo presidente Manuel José Arce del Partido Liberal, quien luego se pasa al bando del Partido Conservador. Manuel José Arce disolvió en octubre de 1826 el Congreso y el Senado intentando establecer un sistema centralista o unitario aliándose con los conservadores, por lo que se quedó sin el apoyo de su partido, el liberal. Como resultado, se produjo un conflicto entre el Gobierno Federal y los Estados, pronunciándose en contra Dionisio de Herrera jefe del estado de Honduras y Mariano Prado, jefe del Estado del Salvador.

El General Justo Milla fue enviado por orden de Arce a ejecutar el golpe de Estado en contra de Dionisio Herrera y el 9 de abril de 1827, al mando de 200 hombres, se apoderó de Comayagua —la capital del Estado—, le dio captura a Herrera y lo envió a una prisión de Guatemala. Morazán es detenido y enviado a Tegucigalpa bajo un pago de fianza.

En septiembre de 1827 Morazán prepara desde Nicaragua un pequeño ejercito para avanzar hacia honduras y expulsar a las fuerzas del general Justo Milla, a quien derrota en la batalla de“Valle de la Trinidad” el 11 de noviembre de 1827. Tras esta victoria, Morazán marchó a Tegucigalpa a tomarla el 12 de noviembre y el 26 de ese mismo mes llega a la capital Comayagua donde hizo su entrada triunfal y ocupó la jefatura del Estado de Honduras. Así Francisco Morazán se convirtió en presidente de Honduras en 1827 y se perfilo en líder de los liberales centroamericanos.

DIEGO VIGIL
En 1827 estalla la guerra civil entre conservadores y liberales, comenzando en  El Salvador, que fue ocupada por tropas enviadas por el presidente Arce. Francisco Morazán le entregó el mando a Diego Vigil como nuevo jefe de Estado de Honduras y se fue a Texiguat,  para organizar el ejercito para hacer frente a las agresiones de los conservadores.  En junio de 1828, Morazán se dirigió a El Salvador con una fuerza de 1.400 hombres. Este grupo de militantes se componía de pequeños grupos de hondureños, nicaragüenses y salvadoreños que aportaron sus propias herramientas de guerra. Tenían además el apoyo de los indios que servían como infantería. Algunos voluntarios seguían sus convicciones liberales, otros trabajaban para un líder político, otros simplemente esperaban obtener algo en retorno por sus esfuerzos después de terminada la guerra.

El 6 de julio, Morazán derrotó a las tropas el coronel Vicente Domínguez en la hacienda El Gualcho. En sus memorias, Morazán describe la batalla de la siguiente manera:

A las 12 de la noche emprendí mi marcha con este objeto, pero la lluvia no me permitió doblar la jornada, y me vi obligado a aguardar, en la Hacienda de Gualcho, que mejorase el tiempo… A las tres de la mañana, que el agua cesó, hice colocar dos compañías de cazadores en la altura que domina la hacienda, hacia la izquierda… A las cinco supe la posición que este (el enemigo) ocupaba.. No podía yo retroceder en estas circunstancias… No era ya posible continuar la marcha, sin grave peligro, por una inmensa llanura y a presencia misma de los contrarios. Menos podía defenderme en la hacienda, colocado bajo una altura de más de 200 pies que en forma de semicírculo domina a tiro de pistola el principal edificio, cortado por el extremo opuesto con un río inaccesible que le sirve de foso. Fue, pues, necesario aceptar la batalla con todas las ventajas que había alcanzado el enemigo… hice avanzar a los cazadores sobre el enemigo para detener su movimiento, porque, conociendo lo critico de mi posición, marchaba sobre estos a paso de ataque. Entretanto subía la fuerza por una senda pendiente y estrecha, se rompió el fuego a medio tiro de fusil, que luego se hizo general. Pero 175 soldados bisoños hicieron impotentes por un cuarto de hora los repetidos ataques de todo el grueso del enemigo… El entusiasmo que produjo en todos los soldados el heroísmo de estos valientes hondureños, excedió al número de los contrarios. Cuando la acción se hizo general por ambas partes, fue obligada a retroceder nuestra ala derecha. Y ocupada la artillería ligera que la apoyaba; pero la reserva, obrando entonces por aquel lado, restableció nuestra línea, recobró la artillería y decidió la acción, arrollando parte del centro y todo el flanco izquierdo, que arrastraron, en su fuga, al resto del enemigo, dispersándose después en la llanura… Los salvadoreños auxiliares, que abreviaron su marcha al ruido de la acción, con el deseo de tomar en ella, llegaron a tiempo de perseguir a los dispersos…

Luego salió rumbo a Honduras a reclutar más tropas uniéndosele la Milicia de Écija. El 20 de septiembre, el general Arzú estaba cerca del río Lempa con 500 hombres en búsqueda de Morazán, cuando se enteró de que sus fuerzas habían capitulado en Mejicanos y San Salvador.

Morazán partió rumbo a El Salvador con un ejército de 600 hombres, el general Arzú fingiendo enfermedad regresó a Guatemala, dejando sus tropas bajo el mando del Teniente Coronel Antonio de Aycinena. El coronel y sus tropas marchaban con rumbo a territorio hondureño, cuando fueron interceptados por los hombres de Morazán en San Antonio. El 9 de octubre Aycinena se vio obligado a rendirse. Así El Salvador quedó finalmente libre de tropas de Arce. El 23 de octubre, el general Morazán hizo su entrada triunfal en la plaza de San Salvador. 

El 1 de enero de 1829 Morazán constituye el Ejército Aliado Protector de la Ley,  con el propósito de avanzar hacia Guatemala y derrotar al gobierno de Arce, enviando a una división bajo el mando del coronel Juan Prem,  pero fueron derrotados el 15 de enero de 1829. Luego de esos hechos Morazán le ordenó a Prem que continuara su marcha con los 1400 hombres bajo su mando y ocupase el puesto de San José, cerca de la capital. Despues de esta derrota Morazán llega con sus tropas a Guatemala. Las operaciones militares en la capital comenzaron con pequeñas escaramuzas en frente de las fortificaciones del gobierno. El 15 de febrero una de las mayores divisiones de Morazán, bajo el mando de Cayetano de la Cerda, fue derrotado en Mixco por las tropas leales al gobierno de Arce. 

En San Miguelito el 6 de marzo, el general Morazán logra una victoria en batalla, el ejército de Morazán compuesto por los milicianos de écija aumentan con la unión de voluntarios guatemaltecos en sus filas. El 15 de marzo, Morazán y su ejército estaban en camino de ocupar sus posiciones anteriores, fue interceptado por las tropas  del coronel Prado en el rancho de Las Charcas. Morazán, con una posición superior, aplastó al ejército de Prado. El campo de batalla quedó lleno de cadáveres, presos y armas. Posteriormente, Morazán con la milicia de écija se movilizó a recuperar sus antiguas posiciones en Pínula y Aceytuno, y ponerle nuevamente sitio a la ciudad de Guatemala.

El 12 de abril de 1829 el jefe de Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena y Piñol, líder del poderoso Clan Aycinena, capituló y al día siguiente a la Plaza Central fue ocupada por las tropas de Morazán. Inmediatamente después el presidente Arce, Mariano Aycinena, Mariano Beltranena, y todos los funcionarios que habían tenido algún papel en la guerra, fueron enviados a prisión. Después de estos acontecimientos, el general Morazán expulsó a los eclesiásticos más importantes y a todos los miembros del Clan Aycinena ―es decir, a los miembros del partido conservador― el senador Juan Barrundia asumió el cargo de jefe del estado de Guatemala, el 25 de junio de 1829.

El 5 de marzo de 1829, Morazán y Diego Vigil fueron nombrados Jefe y Sub-jefe de Estado por la Asamblea Legislativa de Honduras. En junio de 1830 ganó las elecciones para Presidente de la República Federal de Centro América; mismo mes en que envió a Dionisio de Herrera a pacificar Nicaragua. Morazán renunció a la jefatura de Honduras el 28 de julio, la cual asumió al día siguiente el Sub-Jefe de Estado, Diego Vigil. Tomó posesión el 16 de septiembre del mismo año. En su discurso inaugural, declaró:

«El Pueblo soberano me manda colocarme en el más peligroso de sus destinos. Debo obedecer y cumplir el solemne juramento que acabo de prestar. Ofrezco sostener la Constitución Federal que he defendido como soldado y como ciudadano.» 

Con Francisco Morazán como presidente y con su apoyo hacia los gobernadores, los liberales habían consolidado el poder. Morazán traía un grupo de reformas para desmantelar en Centroamérica las instituciones arcaicas heredadas de la época colonial ya que solo habían contribuido al atraso en la región. El general Morazán deseaba para su pueblo una sociedad basada en la educación universal, libertad religiosa e igualdad social y política.

En 1831, Morazán y el gobernador Mariano Gálvez de Guatemala iniciaron unas importantes medidas de cambio para esa región, la construcción de escuelas y carreteras,​ se promulgaron políticas de libre comercio; fue invitado el capital extranjero y los inmigrantes; se permitió el matrimonio, el divorcio secular y la libertad de expresión; se pusieron a disposición las tierras públicas para la expansión de la cochinilla; fue separada la Iglesia del Estado; los diezmos fueron abolidos; se proclamó la libertad de religión; los bienes eclesiásticos fueron confiscados, se suprimieron las órdenes religiosas, y se le retiró a la Iglesia católica el control que tenía sobre la educación,​ entre otras políticas.

En aquel entonces, Morazán ordenó la aprehensión y expulsión del Arzobispo español Ramón Casaus y Torres, siendo efectiva la noche del 10 de julio de 1829, así como de 289 frailes, miembros de las órdenes Dominica, Franciscana y Recoleta, ya que estaban bajo sospecha de oponerse a la independencia. Casaus y Torres viajó desde Guatemala hasta Omoa custodiado por el General Nicolás Raoul y a lomo de mula, donde lo esperaban en dos veleros para su traslado a La Habana, los miembros de las órdenes Betlemita y Mercedaria quienes no fueron capturados ni reprendidos por no participar en política. Por su parte Casaus y Torres le rindió cuentas al Rey de España sobre su conducta política en Centroamérica, como si el arzobispo de Guatemala hubiese sido un cargo de la Corona Española y no de la Santa Sede. En consecuencia, el Rey Fernando VII le concedió una pensión de 3000 pesos, y poco después fue nombrado arzobispo de La Habana hasta el año 1845.

En 1834 el general Morazán trasladó la capital de la República Federal a Sonsonate y posteriormente a San Salvador.​ El mismo año, habían terminado los primeros cuatro años de la presidencia de Francisco Morazán. De acuerdo a la constitución de 1824, nuevas elecciones debían celebrarse con el fin de elegir al próximo presidente.

José Cecilio del Valle se presentó como el candidato opositor y derroto presidente en ejercicio Francisco Morazán, pero este fallece antes de tomar posesión, el Congreso Federal convocó a una nueva elección la cual fue ganada por Francisco Morazán. El 14 de febrero de 1835 fue juramentado como presidente para un segundo mandato en Ciudad Guatemala.

En 1837  una epidemia de cólera​ azotó el estado de Guatemala dejando aproximadamente mil muertos y tres mil infectados con la bacteria. La epidemia golpeó especialmente a los pobres y a los indígenas en las tierras altas del estado y se propagó de forma rápida.   La iglesia vio todo esto como una oportunidad de asestarle un golpe al gobierno liberal de Guatemala de Mariano Gálvez, aliado de Morazan pues los sacerdotes locales difundieron el rumor de que el gobierno había envenenado los ríos y arroyos con el propósito de aniquilar a la población indígena.​ 

Los indígenas repudiaron a sus supuestos asesinos. Con el cólera extendiéndose, tomaron las armas, iniciando una rebelión para enfrentar el gobierno de Gálvez . En junio, Santa Rosa de Mita se levantó en armas y desde el pueblo de Mataquescuintla surgió un nuevo caudillo de nombre Rafael Carrera y Turcios. 

MARIANO GALVEZ
Los sacerdotes anunciaron a los nativos que Carrera era su ángel protector, que había descendido de los cielos para tomar venganza sobre los herejes, los liberales y los extranjeros y para restaurar su dominio antiguo. Idearon varios trucos para hacerles creer a los indios esta ilusión, los cuales fueron anunciados como milagros. Entre ellos, una carta fue lanzada desde el techo de una de las iglesias, en medio de una vasta congregación de indígenas. Esta carta supuestamente venía de la Virgen María, la cual comisionaba a Carrera a liderar una revuelta en contra el gobierno.50​

Bajo gritos de «¡Viva la religión!» y «¡Muerte a los extranjeros!», Carrera y sus fuerzas iniciaron una guerra contra el gobierno.51​Alentados por estos acontecimientos los conservadores se unieron a la revuelta. Mientras tanto, el gobierno de Mariano Gálvez solicitaba ayuda militar al general Morazán. Para cuando Morazán arribó a la Ciudad de Guatemala, Gálvez ya había abandonado la jefatura del estado.

El grupo en el poder le otorgó plenos poderes para enfrentar a Rafael Carrera, asimismo le ofrecieron la presidencia vitalicia, pero Morazán rechazó esta oferta, porque ello estaba en contra de sus principios liberales. Luego Morazán hizo un llamado a Carrera a deponer las armas, pero el líder rebelde se opuso. Carrera fue derrotado y perseguido por Morazán en varias ocasiones, logrando así pacificar el estado. Pero el general nunca pudo apresar al líder indígena, ya que este simplemente se retiraba a las montañas y regresaba para ocupar las posiciones clave tan pronto como las tropas de Morazán salían del estado de Guatemala.

En 1838  Honduras, Nicaragua y Costa Rica deciden abandonar la Unión. La Federación había muerto. El 1 de febrero de 1839, Morazán había terminado su segundo mandato como presidente constitucional, el Congreso se había disuelto y no había ninguna base jurídica para nombrar a su sucesor. ​Al final, la ignorancia, el poderío de la Iglesia, las amargas luchas internas entre conservadores y liberales, y la búsqueda de gloria personal,​ fueron las principales razones de la disolución de la Federación.

El 13 de julio de 1839, sin embargo, el general fue elegido jefe de Estado de El Salvador. ​Cuando Rafael Carrera, que había tomado el poder del estado de Guatemala en abril del mismo año, y los conservadores de Guatemala se dieron cuenta del nuevo papel que desempeñaba, decidieron declararle la guerra a El Salvador. El general se había convertido en la personificación misma de la Federación, él era el cuerpo y alma de la Constitución de 1824, y eliminarlo significaba terminar con cualquier idea o esperanza que había quedado de la Federación.

Por esa razón, sus enemigos no deseaban que estuviera al mando de esa nación, ni de ningún otro Estado centroamericano y se comprometieron a derrotarlo. El 24 de julio de 1839, Nicaragua y Guatemala celebraron un tratado de alianza en contra del gobierno de Morazán en El Salvador. ​Posteriormente, el 24 de agosto del mismo año, el líder guatemalteco Rafael Carrera y Turcios llamaría a los salvadoreños a la insurrección popular en contra de su presidente. Estos llamados provocaron algunos levantamientos, los cuales fueron aplastados sin mucho esfuerzo por el gobierno.

Al no tener éxito de forma interna, los enemigos del general formaron un ejército compuesto por tropas hondureñas y nicaragüenses. El 18 de septiembre de 1839, Morazán se encontraba en El Salvador para impedir el avance de las huestes de Francisco Ferrera, pero en San Salvador ocurrió un amotinamiento y la plaza era controlada por Pedro León Velásquez; los alzados mandaron un mensaje al general en el que amenazaban con ultimar a su esposa, su hijo Francisco y a la recién nacida Adela si no capitulaba, pero Morazán respondió con estas memorables palabras:

Los rehenes que mis enemigos tienen son para mí sagrados y hablan muy alto a mi corazón, pero soy Jefe del Estado y debo atacar pasando sobre los cadáveres de mis hijos; más no sobreviviré a tan terrible desgracia

Himno a Francisco Morazán

 Sin embargo, Morazán logró retomar San Salvador, mientras que León Velásquez se entregó sin condiciones y desistió de las amenazas que pesaban sobre la familia del general quien además le perdonó la vida. El 25 de septiembre, Morazán triunfó en la Batalla de San Pedro Perulapán, en la que solo necesitó de 600 salvadoreños para vencer a los más de 2000 hombres comandados por los generales Francisco Ferrera, Nicolás de Espinosa y Manuel Quijano y García. Después de la derrota, los humillados generales y sus tropas huyeron con rumbo a los estados vecinos, dejando atrás más de trescientos muertos.

El 18 de marzo 1840 Morazán hizo un último intento por restaurar la Unión. Reunió unos 1300 hombres y con ellos marchó a Guatemala. Una vez posicionado, Morazán marchó desde el sur, atacando a los hombres de Carrera ubicados en la capital. Pero Carrera le había tendido una trampa, pues había sacado la mayor parte de su propia fuerza fuera de la capital, dejando solo una pequeña guarnición, muy visible en el interior. De esta manera Morazán y sus hombres acabaron con la carnada, pero luego se vieron asaltados desde todas las direcciones por las fuerzas de Carrera compuestas por unos 5000 hombres. Fue una batalla notoria por su salvajismo y reveló el lado despiadado de Carrera, cuyos hombres cantaban «Salve Regina», y gritaban «¡Viva Carrera!» y «¡Muerte a Morazán!»

A la mañana siguiente, Morazán se estaba quedando sin municiones. Luego ordenó un aumento en el fuego desde tres esquinas de la plaza, con el fin de llamar la atención, mientras él y algunos de sus oficiales apenas lograban escapar con vida rumbo a El Salvador. La victoria de Carrera fue decisiva.​ El 4 de abril de 1840, ante una junta de notables, Morazán manifestó su renuncia y su resolución a salir del país, pues no deseaba causarle más problemas al pueblo salvadoreño.


El 8 de abril de 1840, el general Francisco Morazán tomó el camino del exilio. Partió desde el puerto de La Libertad (El Salvador), a bordo de la goleta Izalco acompañado por 30 de sus más cercanos amigos y veteranos de guerra. ​Al arribar a Puerto Caldera (Costa Rica) solicitó asilo para 23 de sus oficiales, el cual le fue concedido. Siete de ellos continuaron con el viaje a América del Sur en su compañía. Morazán arribó a David en Panamá, donde su familia le esperaba. Mientras se encontraba en esta localidad, Morazán fue informado por sus amigos acerca de las terribles persecuciones sufridas por sus partidarios a manos de Rafael Carrera y otros líderes liberales de América Central.

Indignado por estos hechos y por la cadena de insultos y calumnias contra él por algunos miembros de la prensa, Morazán escribió y publicó su famoso Manifiesto de David con fecha 16 de julio de 1841. ​En este manifiesto Morazán ataca a los serviles a quienes acusa de ser «hombres mezquinos» y abusadores de los derechos más sagrados del pueblo. Asimismo les recuerda que se opusieron a la independencia de Centroamérica, y sacrificaron la libertad al unirse al imperio de Iturbide. Por lo tanto les hace saber que Centroamérica no es su patria, sino la patria de aquellos que hicieron «resonar el grito de la independencia en todo el Reino de Guatemala... y se sintieron electrizados con el sagrado fuego de la libertad».

Luego continuó su viaje rumbo a Perú. Una vez en Lima, recibió la invitación del Mariscal Agustín Gamarra para comandar una división peruana, en momentos en que su país estaba en guerra con Chile. Sin embargo Morazán se negó, porque se encontró con que esta guerra era muy confusa.

​Alrededor de 1841, los británicos comenzaron a intervenir en el territorio de la Mosquitia, ubicado entre Honduras y Nicaragua. Este acontecimiento impulsó a Morazán para poner fin a su auto impuesto exilio en el Perú, y decidió que era hora de regresar a Centroamérica porque lo consideraba un «deber» y un «sentimiento nacional irresistible» no solo para él, sino que para todos «aquellos que tienen un corazón para su patria». Con el respaldo financiero del general Pedro Bermúdez, partió desde El Callao a finales de diciembre de 1841 a bordo del buque El Cruzador. En ese viaje fue acompañado por el general José Trinidad Cabañas, José Miguel Saravia, y otros cinco oficiales. 

El 7 de abril y sin ningún contratiempo, la flota de Morazán que era compuesta por cinco buques desembarcó en el puerto de Caldera, Costa Rica, pero su marcha no la emprendió hasta el 9 del mismo mes. «Carrillo dictó un decreto en el que mandaba a reunir todo el ejército para la defensa del Estado contra el enemigo extranjero», su plan defensa contemplaba un grupo de hombres a cargo del salvadoreño Vicente Villaseñor, pero el general Morazán tenía ya concertada una entrevista y no precisamente con el mandatario costarricense, sino con Villaseñor, quien le entregaría las fuerzas que habían sido puestas a sus órdene, así él y Vicente Villaseñor firmaron el Pacto de El Jocote. El acuerdo preveía la integración de un solo cuerpo militar, la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, la expulsión de Braulio Carrillo y otros miembros de su administración, y la instalación de un gobierno provisional bajo el mando de Francisco Morazán. ​El 13 de abril de 1842, las fuerzas de Morazán entraron triunfante en la ciudad de San José.

El primer acto de Morazán fue abrir las puertas del Estado a refugiados políticos costarricenses y centroamericanos. Además, el nuevo gobernante se dedicó a derogar algunas de las leyes emitidas en la época de Carrillo y se dedicó a otras reformas. Asimismo convocó a una Asamblea Constituyente la cual lo nombró jefe supremo del Estado de Costa Rica.

A su arribo a Puerto Caldera, Morazán traía consigo un documento que se conoce como Proclama de la Caldera; en este ofrecía a los costarricenses devolverle la libertad a Costa Rica y proclamaba la guerra contra Carrillo, a quien llamaba tirano, déspota, ignorante y sanguinario. ​Para el mes de septiembre de 1842, su presencia en Costa Rica había despertado un gran temor en el resto de los mandatarios de los estados centroamericanos: Guatemala declaró a Costa Rica país enemigo; El Salvador rompió relaciones, y Honduras y Nicaragua desconocieron el gobierno de Morazán. Los cuatro estados se organizaron en la llamada Confederación de Guatemala, una unión militar contra Costa Rica en la que acordaron, auxiliarse mutuamente y hacer causa común para enfrentar las pretensiones del general Morazán de reconstruir la unión centroamerivcana. ​

El 11 de septiembre de 1842 cuatrocientos hombres encabezados por el portugués Antonio Pinto Soares, se levanta contra Morazán, quien logra repeler los ataques y se replegaron en el cuartel general. Desde allí le hicieron frente a los insurrectos que luego  ascendían a mil hombres.

La lucha continuó encarnizada y tenaz. A medida que el conflicto era desfavorable a los sitiados el Capellán José Castro propuso una capitulación a Morazán garantizándole la vida, pero él se negó. Después de 88 horas de lucha, Morazán y sus colaboradores más cercanos decidieron romper el sitio. El general José Trinidad Cabañas con 30 hombres hizo posible la retirada de Morazán y sus oficiales cercanos hacia Cartago.

No obstante, la insurrección se había extendido hasta ese lugar y Morazán tuvo que solicitar ayuda de su supuesto amigo Pedro Mayorga,​ sin embargo, este le traicionó y le brindó facilidades a los enemigos de Morazán para capturarlo junto a los generales Vicente Villaseñor, Saravia y otros oficiales.​ El general Villaseñor quiso suicidarse con un puñal y resultó herido gravemente. Cayó al suelo bañado en sangre pero sobrevivió. El general Saravia murió luego de sufrir una terrible convulsión.

Posteriormente una burla de juicio se llevó a cabo,​ en la cual Morazán y Villaseñor fueron condenados a muerte por las autoconstituidas nuevas autoridades. De acuerdo al historiador William Wells: «La junta que emitió esta bárbarica resolución estaba compuesta por Antonio Pinto (hecho comandante general en ese momento), el padre Blanco, el infame doctor Castillo, y dos españoles de apellidos Benavidez y Farrufo».

Después de estos hechos, los condenados fueron trasladados al paredón de fusilamiento​ localizado en la plaza central de la ciudad. Antes de llevarse a cabo el acto de ejecución, Morazán le dictó su testamento a su hijo Francisco. En este, el general estipuló que su muerte era un «asesinato» y además declaró: «No tengo enemigos, ni el menor rencor llevo al sepulcro contra mis asesinos, que los perdono y deseo el mayor bien posible». Posteriormente le ofrecieron una silla y la rechazó. Al general Villaseñor, que se encontraba sentado e inconsciente y bajo el efecto de un sedante, Morazán le dijo: «Querido amigo, la posteridad nos hará justicia» y se persignó.

Según relata el historiador Miguel Ortega,​ Morazán pidió el mando de la escolta, se abrió la negra levita, se descubrió el pecho con ambas manos y con voz inalterada ―como quien da órdenes en una parada militar―, mandó: «¡Preparen armas! ¡Apunten!». Entonces corrigió la puntería de uno de los tiradores y finalmente gritó: «¡Apunten! ¡Fue...!». La última sílaba fue apagada por una descarga cerrada. Villaseñor recibió el impacto de los plomos en la espalda y se fue de bruces. Entre el humo de la pólvora, se vio que Morazán alzó levemente la cabeza y musitó: «Aún estoy vivo...».​ Una segunda descarga acabó con la vida del hombre al cual José Martí describió como «un genio poderoso, un estratega, un orador, un verdadero estadista, quizás el único que haya producido la América Central».​ En octubre de 1842, los gobiernos de Centroamérica, satisfechos de que Morazán hubiese desaparecido, reanudaron sus relaciones con Costa Rica.

En 1848, el gobierno de José María Castro, envió los restos de Morazán a El Salvador, cumpliendo uno de sus últimos deseos.

Testamento de Francisco Morazán.

Eran las 5:30 de la tarde del 15 de septiembre de 1842, en Costa Rica, veintiún aniversario de la Independencia de la República Federal de Centro América, el sueño de Morazán, como lo fue Colombia para nuestro “Libertador” Simón Bolívar. En ese momento el general Francisco Morazán, último presidente de aquella aniquilada federación centroamericana, ha pedido a sus verdugos dirigir él mismo el pelotón de fusilamiento que acabará con su vida. Minutos antes, firme, con su mejor temple, pudo aún consolar a su aliado Vicente Villaseñor, también condenado a muerte por los oligarcas traidores de la Unión. Como un buen padre, le dijo pausadamente al descorazonado compatriota, mientras le arreglaba los desordenados cabellos: “Querido amigo, la posteridad nos hará justicia”.

Los soldados, inquietos, conmocionados ante aquel gigante, temerosos de disparar, tal vez agradecieron en el fondo que el propio general pidiera dar él mismo la orden final, porque sólo a él podían obedecer ante aquella hora triste de Centroamérica.

“Mi amor a Centroamérica muere conmigo”

Poco después de las 17:30 horas de aquel 15 de septiembre, se aproximaba el ocaso, cuando Morazán acaba de acomodar en una silla al consternado general Villaseñor. Se hace la señal de la cruz, descubre su pecho al viento, y da la orden de fuego a los temblorosos soldados, que disparan asustados ante la infinita valentía del unificador de pueblos. Por su mente cruza la frase testamentaria que ha escrito hace tres horas “Declaro que mi amor a Centroamérica muere conmigo”.

Su inmenso cuerpo cae sobre la tierra amada. Una nube de humo olorosa a pólvora cubre el campo. Cuando la tropa sin conciencia y la oficialidad mentirosa y ruin creen que acabaron con el hombre de la unión, su cabeza regia, de genio eterno, se erige para que su voz retumbe para siempre, inapagable, a pesar de la segunda ráfaga de desesperados tiros.


San José: 15 de septiembre de 1842 – Día del aniversario de la independencia cuya integridad he procurado mantener.

En el nombre del autor del universo en cuya religión muero.

Declaro: Que todos los intereses que poseía, míos y de mi esposa, los he gastado en dar un Gobierno de Leyes a Costa Rica, lo mismo que dieciocho mil pesos y sus réditos, que adeudo al señor General Pedro Bermúdez.

Declaro: Que no he merecido la muerte, porque no he cometido más falta que dar libertad a Costa Rica y procurar la paz a la República. De consiguiente, mi muerte es un asesinato, tanto más agravante, cuanto que no se me ha juzgado ni oído. Yo no he hecho más que cumplir las órdenes de la Asamblea, en consonancia con mis deseos de reorganizar la República.

Protesto que la reunión de soldados que hoy ocasiona mi muerte, la he hecho únicamente para defender el departamento de El Guanacaste, perteneciente al Estado, amenazado, según las comunicaciones del Comandante de dicho departamento, por fuerzas del Estado de Nicaragua. Que si ha cabido en mis deseos el usar después de algunas de estas fuerzas para pacificar la República, solo era tomando de aquellos que voluntariamente quisieran marchar, porque jamás se emprende una obra semejante con hombres forzados.

Declaro: Que al asesinato se ha unido la falta de palabra que me dio el comisionado Espinach, de Cartago, de salvarme la vida.

Declaro: Que mi amor a Centroamérica muere conmigo. Excito a la juventud, que es llamada a dar vida a este país que dejo con sentimiento por quedar anarquizado, y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejarlo abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra.

Declaro: Que no tengo enemigos, ni el menor rencor llevo al sepulcro contra mis asesinos, que los perdono y deseo el mayor bien posible.

Muero con el sentimiento de haber causado algunos males a mi país, aunque con el justo deseo de procurarle su bien; y este sentimiento se aumenta, porque cuando había rectificado mis opiniones en política en la carrera de la revolución, y creí hacerle el bien que me había prometido para subsanar de este modo aquellas faltas, se me quita la vida injustamente.

El desorden con que escribo, por no habérseme dado más que tres horas de tiempo, me había hecho olvidar que tengo cuentas con la casa de Mr. M. Bennet, de resultas del corte de maderas en la Costa Norte, en las que considero alcanzar una cantidad de diez a doce mil pesos, que pertenecen a mi mujer en retribución de las pérdidas que ha tenido en sus bienes pertenecientes a la hacienda de Jupuara, y tengo además otras deudas que no ignora el señor Cruz Lozano.

Quiero que este testamento se imprima en la parte que tiene relación con mi muerte y los negocios públicos. Francisco Morazán. Fin del testamento.

https://www.espaciohonduras.net/jose-francisco-morazan-quezada

https://www.blogger.com/blog/post/edit/2990702096235977457/3695686938169877753

http://alternativoubv.blogspot.com/2009/07/francisco-morazan-libertador-de.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Moraz%C3%A1n


lunes, 14 de septiembre de 2020

14 Septiembre 1913 Natalicio Jacobo Arbenz. Guatemala


 “…Nuestro único delito consiste en decretar nuestras propias

leyes y aplicarlas a todos sin excepción… Hemos sido

condenados porque hemos dado a la población campesina,

tierra y derechos.”

Jacobo Árbenz Vilanova

EL SOLDADO DEL PUEBLO

Nació el 14 de septiembre de 1913, en la ciudad de Quezaltenango. Era hijo del suizo Jacobo Arbenz y Octavia Guzmán, guatemalteca. Contrajo matrimonio con la señora Villanova de Arbenz. Fue conocido como el "SOLDADO DEL PUEBLO"

Realizó sus estudios primarios en su ciudad natal. En 1932, a los 19 años de edad, ingresó a la Escuela Politécnica de la capital, siendo cadete pensionado. Fue alumno distinguido y luego se dedicó al estudio de los problemas sociales, políticos y económicos de Guatemala.

Estudió y fue instructor en la Academia Militar y, fue uno de los principales miembros de la Revolución de Octubre de 1944. El gobierno de Jorge Ubico Ubico, había cedido grandes extensiones de tierras a la United Fruit Company —UFCO—. También los mantuvo exentos de impuestos y garantizó bajos salarios.  Eventualmente, la UFCO se volvió la dueña de la red ferrocarrilera de Guatemala y del gobierno de Guatemala.

Se anuló todo tipo de participación democrática y se suprimió la autonomía universitaria. Los establecimientos de educación secundaria fueron militarizados. La mayoría de la población campesina se vio oprimida por dos leyes que los obligaban a trabajar por poco salario. La primera, de Viabilidad, donde los campesinos debían trabajar 30 días al año en construcciones de carreteras nacionales.

La segunda, llamada de la Vagancia, obligaba a trabajar cierto número de días al año en fincas ajenas. En aquel tiempo, no existía legislación laboral ni derechos mínimos. 

En 1943 fue fundada la Asociación de Estudiantes Universitarios —AEU—. En junio de 1944 se inició la lucha frontal contra la dictadura. El 21 de junio del mismo año se celebró una Asamblea General de Estudiantes Universitarios en el Paraninfo. Dicha asamblea amenazó con una huelga general si el presidente no renunciaba.

Posteriormente, las manifestaciones del 25 de junio fueron reprimidas por la caballería, donde fue asesinada la maestra María Chinchilla. La presión popular causó efecto, aunada la presentación del Memorial de los 311 que culminó con la renuncia de Ubico el 1 de julio.

Sin embargo, el poder pasó a 3 generales ubiquistas. La Asamblea Legislativa nombró presidente provisional a Federico Ponce Vaides en 1944. Estudiantes universitarios y maestros formaron el Frente Popular Libertador y el Partido Renovación Nacional. Los trabajadores se organizaron, exigiendo principalmente el aumento de salarios. Se promovieron las huelgas en las plantaciones de la UFCO.

Ponce Vaides contestó primero con amenazas, luego encarcelando y desterrando ciudadanos. Entonces se hizo evidente la intención del presidente de mantenerse en el poder.

La madrugada del 20 de octubre de 1944 Jacobo Arbenz Guzmán vestido de civil y mezclado entre un grupo de estudiantes irrumpió en la Guardia de Honor, cuando estaba ya bajo el control de Francisco Javier Arana.  Los insurgentes tomaron el arsenal más moderno del ejército guatemalteco, incluyendo varios blindados.  Las refriegas se prolongaron a lo largo de todo aquel día entre las tropas sublevadas y los fieles a Federico Ponce Vaidez heredero de Jorge Ubico.  El triunfo final fue para los alzados en armas, Arbenz Guzmán jugó un papel protagónico durante el levantamiento.  Pero, Arana fue decisivo al frente de los blindados.

Después de 16 horas de combates, fue derrocado el gobierno de 108 días, de Ponce Vaides. Fue sustituido por la Junta Revolucionaria del Gobierno, representada por el capitán Jacobo Árbenz Guzmán, Jorge Torriello y Francisco Javier Arana. Juan José Arévalo Bermejo asumió la presidencia en 1945 y Jacobo Árbenz Guzám en 1951.

Una de las medidas más importantes que tomaron en el ámbito jurídico y político fue la convocatoria a una asamblea constituyente para que elaborara una nueva Constitución, para lo que se realizaron elecciones libres. La nueva Constitución Política en 1945 en la cual se incluyó:

  • La separación de poderes dentro del Estado
  • La autonomía de la Universidad de San Carlos de Guatemala
  • El fin del trabajo forzoso y de la prisión por deuda
  • El reconocimiento de la mujer como ciudadana
  • La concesión del derecho de voto a la mujer. La mujer analfabeta no podía votar.
  • El reconocimiento de las garantías constitucionales.

 Juan José Arévalo
Estos cambios iban directamente contra las políticas que habían tenido los gobiernos liberales. El triunvirato convocó a elecciones para elegir el presidente de la República. Las elecciones se llevaron a cabo en diciembre de 1944, resultando ganador el doctor Juan José Arévalo. El gobierno de Arévalo se consolidó y dirigió los destinos de la nación con algunos conatos de insurgencia que se comenzaban a dar. Durante el gobierno de Arévalo, Jacobo Arbenz asumió la cartera del ministerio de defensa.

El mayor Francisco Javier Arana fue tentado por los sectores interesados en derrocar el gobierno de Arévalo y conspiraba en ese sentido.  Arana envalentonado por la falta de firmeza del presidente, el día lunes 18 de julio de 1949 se dirigió al Morlón en Amatitlán con el objeto de recuperar un lote de armas destinadas por Arévalo a la “Legión del Caribe”.  Este fue el momento esperado, Arévalo contactó a Arbenz quien partió de la capital en dos vehículos.  Arana viajó acompañado por el coronel Felipe Antonio Girón, comandante de la Guardia Presidencial, su chofer Francisco Palacios y su ayudante el mayor Absalón Peralta.  En el Puente de la Gloria interceptaron el vehículo de Arana, inmediatamente se produjo un intercambio de disparos.  

El resultado final tres hombres muertos, Arana, su ayudante Peralta y el teniente coronel Blanco, otros fueron heridos incluyendo Alfonso Martínez.  La noticia de la muerte de Francisco Javier Arana corrió como polvora, a las pocas horas una sublevación contra Arévalo se extendía en los principales cuarteles de la Ciudad de Guatemala. La insurrección armada se prolongó por varios días, sin embargo Arbenz al frente del sector de ejército leal a Arévalo ganó la batalla.  

Árbenz llegó al poder como presidente constitucional de Guatemala después de ganar las elecciones de 1950, con una clara victoria frente a sus oponentes, fue apoyado por los partidos Renovación Nacional y Acción Revolucionaria de la Capital y el partido Integración Nacional de Quetzaltenango. Fueron emitidos 404,739 votos, Arbenz obtuvo 258,987, Miguel Ydígoras Fuentes obtuvo el segundo lugar con 72,796 votos.  Los obreros, campesinos, maestros y estudiantes le dieron todo su respaldo. El tema central de su campaña fue la reforma agraria, gracias a lo cual obtuvo el apoyo de partidos políticos de izquierda y organizaciones sindicales. Su amigo más cercano, José Manuel Fortuny, destacado comunista y líder del ilegalizado Partido Guatemalteco del Trabajo se encargó de escribir algunos discursos, en los cuales el tema central era la reforma agraria, razón por la cual obtuvo el apoyo de partidos políticos de izquierda y organizaciones sindicales.

Luego de haber ganado los comicios por gran mayoría popular, Árbenz toma posesión del cargo presidencial el 15 de marzo de 1951, se dirigió al pueblo con un emotivo discurso y destacando su admirable habilidad para la oratoria, expresó: “…El acto al que estamos asistiendo me produce una doble y elevada emoción.

    "La emoción primaria que siento al ser investido con la más alta magistratura de la Nación, y la admiración que, mezclada con legítimo orgullo ciudadano, tengo hacia el Pueblo de mi patria que ve culminar hoy una jornada grandiosa de su larga e infatigable lucha contra sus opresores, la cual supo conducir durante los últimos seis años con acierto y mano segura mi ilustre antecesor, el Doctor Juan José Arévalo, que una vez más, ha puesto de manifiesto en sus recientes palabras, su alta calidad de  pensador, de patriota y de ciudadano incorruptible…” 
 “La fecha de hoy, que marca el fin de una gran etapa histórica y política en nuestro país, inicia a la vez otra época que podrá caracterizarse por el impulso a la economía nacional, el mantenimiento y ampliación de la democracia, el trabajo pacífico y la defensa de nuestra Soberanía Nacional, todo lo cual es necesariamente la continuación revolucionaria lógica y consecuente del régimen que inauguró el Doctor Juan José Arévalo, Presidente ejemplar de Guatemala y gran símbolo democrático para todo el Continente Americano”

 

 “El programa industrial y en general todo el desarrollo económico de Guatemala no podrá ser jamás una realidad mientras subsistan las actuales condiciones de servidumbre en el campo y de producción artesanal en la ciudad. Por ello es que en nuestro programa tiene capital importancia la reforma agraria que para realizarse tendrá que liquidar los latifundios e introducir cambios fundamentales en los métodos primitivos de trabajo, es decir, hará una mejor distribución de la tierra no cultivada o de aquella donde se mantienen las costumbres feudales e incorporará la ciencia y la técnica agrícolas a nuestra actividad agraria en general”
Durante la campaña electoral sus opositores le tildaron como “Jacobo, el rojo”, “Jacobo, el comunista”, Jacobo, el moscovita”, hecho que no cesó aun durante su mandato. Entre sus primeras medidas estuvo la legalización del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), lo que motivó una protesta encabezada por la jerarquía de la Iglesia Católica, que había encabezado la lucha anticomunista desde los años 20.

Al inicio de su gobierno, los guatemaltecos parecían condenados a no prosperar. En 1950, el 76 % de los habitantes poseían menos del 10 % de las tierras; mientras, un 22 % controlaban el 70 %. El presidente Árbenz se impuso la difícil meta de sacar adelante una revolución social y económica en el medio rural guatemalteco.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos ejercían una influencia ideológica y doctrinal decisiva entre las cúpulas más destacadas de la oficialidad militar latinoamericana. Guatemala estaba en manos de pocos grandes hacendados y de la gran empresa estadounidense, explotadora del plátano o banano. Producto principal de la economía nacional, se sostenía gracias al sometimiento de los trabajadores a un régimen de “semiesclavitud”, con fuertes desplazamientos migratorios internos de la población.

Guatemala contaba con amplia tradición autoritaria. De hecho, el perfil revolucionario de Jacobo Árbenz se gestó bajo la “dictadura” del General Jorge Ubico (1931-1944). Sus años de “mano firme” se caracterizaron por la inmunidad jurídica de los terratenientes, quienes cometían crímenes en defensa de sus propiedades, el amordazamiento de la prensa, la prohibición de palabras como “obrero” y “sindicato”, la extensión de los contratos con la poderosa empresa platanera United Fruit Company (UFCo), y la drástica reducción salarial y el trabajo no remunerado en la construcción de carreteras. Con apenas 31 años, Arbenz desempeñó un papel protagónico en los sucesos que iniciaron la Revolución guatemalteca en octubre de 1944.

El régimen de Árbenz se caracterizó por la lucha constante contra los grandes intereses económicos los Estados Unidos, en particular con la expropiación de los extensos terrenos de las poderosas empresas estadounidenses UFCo, IRCA y la Bond and Share.

Los tres grandes proyectos de Árbenz fueron:

  1. Nacionalización de la empresa eléctrica, monopolio de los Estados Unidos;  
  2. Construcción de la carretera al Atlántico, para romper el monopolio de los Ferrocarriles de Centroamérica, también bajo administración y control estadounidense; y
  3. Reforma agraria, a través del Decreto 900. Ésta benefició a más de cien mil campesinos

Puso en marcha una ambiciosa reforma agraria, (1952) inspirada en la mexicana, con la que pretendía dotar de tierras a los campesinos pobres. Con este fin, expropió las tierras baldías para ser repartidas entre los campesinos. Su empeño con la Reforma Agraria era liquidar la propiedad feudal y las relaciones de producción que la originan; desarrollar los métodos capitalistas de producción en la agricultura, y; sentar las bases de la industrialización.

Llevó adelante un programa de construcción de carreteras y ferrocarriles que rompía el monopolio que en este sector tenían compañías filiales de la estadounidense. Construyó la Carretera al Atlántico. Proyectó la Hidroeléctrica Jurúm-Marinalá para desprenderse del monopolio eléctrico en manos de los gringos. Inició un proceso de recuperación de los derechos de los pueblos originarios.

Hasta su renuncia (junio de 1954), Arbenz firmó expropiaciones de medio millón de hectáreas ociosas, lo que significó que 500 mil campesinos se vieran beneficiados, otorgándoseles (para fomento del mercado interno) créditos por 18 millones de dólares. El producto bruto, el consumo personal y la importación de maquinarias (tres rubros en ascenso), demostraban la eficacia del plan.

En febrero de 1954, expropia las tierras de la United Fruit a lo largo de la línea del ferrocarril e instaura un modesto impuesto a las exportaciones de banana para financiar programas sociales. Afectada la United Fruit por la reforma agraria arbencista, los EE.UU. construyeron un enemigo en Guatemala: el comunismo internacional y la excusa para derrocarle, los grandes terratenientes locales y la United Fruit Company comenzaron una campaña de deslegitimación contra el gobierno de Árbenz, acusándolo de seguir los dictámenes de la Unión Soviética.

La CIA intervino en Guatemala. Diseñó una operación experimental encubierta (PBSUCCESS): según García Ferreira, sería una especie de laboratorio para futuras invasiones estadounidenses en Latinoamérica.

El golpe de Estado se gestó antes de la presencia militarizada estadounidense en territorio guatemalteco, y siguió todos los pasos de las invasiones y desestabilizaciones de ese país. En la noche del 18 de junio de 1954, casi quinientos soldados bajo el mando del coronel Carlos Castillo Armas habían cruzado la frontera desde Honduras con un único objetivo: poner término al gobierno de Árbenz.

Es derrocado por un Golpe de Estado financiado por la CIA

El 27 de junio de 1954, fuerzas de los Estados Unidos, con apoyo de varios gobiernos de América Central y el Caribe, lanzaron su ofensiva final contra el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán, un militar progresista que había iniciado un movimiento de renovación ante la rampante pobreza de Guatemala

Renuncia el 27 de junio de 1954, con la intención de detener la agresión armada, iniciada 10 días antes desde territorio hondureño, por un grupo de paramilitares apoyados por Estados Unidos. Adujo que no lo acorralaron los argumentos del enemigo, sino los medios materiales de que disponen. “Es preferible mi renuncia, a veinte años de tiranía fascista y sangrienta bajo el poder de las bandas que ha traído Castillo Armas”, expresó. Durante el levantamiento contrarrevolucionario, el Che Guevara militó en apoyo a Arbenz. Una vez derrocado el patriota, el Che fue expulsado de Guatemala acusado de “peligroso comunista argentino”.

Guatemala Es Corazón - José Montecano
Letra y Música Alí Primera. 

Discurso de renuncia del presidente Jacobo Arbenz

Este discurso fue escrito por Manuel Fortuny  y leído por el presidente Arbenz el 27 de junio de 1954:

Todos sabemos cómo han bombardeo y ametrallado ciudades, inmolado a mujeres, niños, ancianos y elementos civiles indefensos.

Todos conocemos la saña con la que han asesinado a los representantes de los trabajadores y de los campesinos en las poblaciones que han ocupado, especialmente en Bananera, donde hicieron una expedición punitiva contra los representantes de los trabajadores. Lo de Bananera fue un acto de de venganza de la frutera.

Nos hemos indignado ante los ataques cobardes de los aviadores mercenarios norteamericanos, que, sabiendo que Guatemala no cuenta con una fuerza aérea adecuada para rechazarlos, han tratado de sembrar el pánico en todo el país, han ametrallado y bombardeado a las Fuerzas Armadas que combaten en el oriente de la república, impidiendo sus operaciones, y hoy mismo han bombardeado y hundido a un barco mercante inglés que encargaba algodón en el puerto de San José.

¿En nombre de que hacen estas barbaridades? ¿Cuál es su bandera? Todos la conocemos también.

Han tomado pretexto al comunismo. La verdad es muy otra. La verdad hay que buscar en los intereses financieros de la compañía frutera y en los de los otros los monopolios norteamericanos que han invertido grandes capitales en América latina, temiendo que el ejemplo de Guatemala se propague a los hermanos países latinoamericanos.

El tiempo se encargado de demostrar que lo que ahora digo es verdad.

Sin embargo, ellos se aferran a sostener que comunismo internacional es el causante de lo que ocurre en Guatemala, y en nombre de ello es que tratan de ensangrentar aún más al país y de destruir nuestra economía.

Como mi gobierno ha sido acusado de ser de naturaleza comunista, sin que hayamos podido desvanecer que no lo es, aún cuando hemos empleado todos los medios para convencer a los elementos reaccionarios del mundo de que lo sostenido por los círculos gobernantes norteamericanos es una patraña, y cómo es esos círculos harán más despiadada la agresión contra Guatemala, he tomado una dolorosa y cruel determinación:

Después de meditarlo con una clara conciencia revolucionario, he tomado una decisión de enorme trascendencia para nuestra patria, en la esperanza de detener la agresión y devolverle la paz a Guatemala.

He determinado abandonar el poder y poner el mando del ejecutivo de la nación en manos de mi amigo el coronel Carlos Enrique Díaz, jefe de las Fuerzas Armadas de la república.

Yo he depositado mi confianza en el coronel Díaz, porque estoy seguro que él sabrá garantizar la democracia en Guatemala y de que todas las conquistas sociales de nuestro pueblo serán mantenidas. Es por ello que creo que las organizaciones políticas democráticas y todas las organizaciones populares deben prestarle su respaldo y apoyo. Así os lo pido en mi último acto como gobernante de Guatemala.

Yo fui electo popular y mayoritariamente por el pueblo de Guatemala, pero he tenido que luchan en condiciones sumamente difíciles. La verdad es que la soberanía de un pueblo no se mantiene si no tienen los elementos materiales para defenderla.

Luchamos hasta donde las condiciones lo permitieran, hasta un punto en que ir más allá, se perdería todo lo que hemos ganado desde 1944 ; al tomar esta actitud no pienso más que en el pueblo, y por ello he creído de mi deber contribuirá hasta el último instante a salvar mucho lo que conquistamos en los pasados años revolucionarios.

La situación militar del país no es difícil, ni mucho menos. El enemigo que comanda las bandas mercenarias extranjeras reclutadas por Castillo Armas, no sólo es débil, sino que es incapaz y cobarde; lo hemos comprobado en los pocos combates que libramos. El enemigo logró avanzar y tomar el departamento Chiquimula exclusivamente por los ataques de la aviación mercenaria. Estimó que nuestros Fuerzas Armadas no encontrarán mayor dificultad en derrotarlo y arrojarlo del país.

Me hice cargo de la presidencia de la república con gran fe en el régimen democrático, en la libertad y en que es posible conquistar la independencia económica y política de Guatemala. Mi programa se orientaba a conseguir plenamente esos objetivos; sigo creyendo que ese programa es justo, no se ha quebrantado mi fe en las libertades democráticas, en la independencia de Guatemala y en todo lo bueno que impulsa a la humanidad hacia el futuro.

Algún día serán vencidas las fuerzas oscurantistas que hoy oprimen al mundo a trazado y colonial. Seguiré siendo, a pesar de todo, un combatiente de la libertad y del progreso de mi patria.

Os digo adiós, amigos míos, con amargo dolor, pero manteniendo firmé mis convicciones; guardad lo que tanto ha costado. Diez años de lucha, de lágrimas, de sacrificios y de conquistas democráticas, son muchos años, como para contradecir a la historia. No me han acorralado los argumentos del enemigo, sino los medios materiales con lo que cuenta para la destrucción de Guatemala.

Yo os hable siempre de que lucharíamos costase lo que costase, pero ese costo desde luego no incluía la destrucción de nuestro país y la entrega de nuestra riquezas al extranjero, y eso podría ocurrir si no eliminamos el pretexto que ha enarbolando nuestro poderoso enemigo. Un gobierno distinto mío, pero inspirado siempre la revolución de octubre, es preferible a 20 años de tiranía fascistas y sangrienta bajo el poder de las bandas que ha traído Castillo armas al país.

No me resta sino agradecer profundamente la colaboración que me han prestado tantos buenos servidores de la nación. Los ministros de estado y los funcionarios y empleados públicos, en particular los servicios de la guardia civil y del ejército.

Desde el fondo del corazón agradezco el respaldo y el apoyo del partido acción revolucionaria, del partido de la Revolución guatemalteca, del partido renovación nacional, del partido guatemalteco del trabajo, y de las organizaciones populares que como la confederación general de trabajadores y la confederación nacional campesina, han defendido con tanta decisión los anhelos del pueblo de Guatemala.

Quizá piensen muchos que estoy cometiendo un error. En lo profundo de conciencia no lo creo así. Solamente un juicio histórico posterior podrá determinarlo.

Deseo que se mantengan las conquistas populares de octubre, que se restablezca la paz una vez hayan sido expulsados del país los invasores y que tenga éxito la gestión del gobierno que organice el coronel Carlos Enrique Díaz.

Con la satisfacción de quien cree que ha cumplido con su deber, con la fe en el porvenir yo digo:

¡Viva la revolución de octubre!

¡Viva Guatemala!

EXILIO

El 9 de septiembre de 1954 salía al exilio en compañía de su esposa y de sus hijos, para abordar el avión que los condujo a él y a otros de sus principales colaboradores, a México, bajo la protección de la bandera de ese país.

Antes que Árbenz, llegaron al aeropuerto a bordo de una camioneta expresa los coroneles Carlos Enrique Díaz, ex jefe de las fuerzas armadas; Eduardo Weymann, ex jefe del estado mayor presidencial; José Manuel Fortuny, secretario general del partido comunista; Carlos Bracamonte, Francisco Morazán, Álvaro Hugo Salguero, Waldemar Barrios Klée, Eufemio Fernández, Alfonso Solórzano, algunos acompañados de sus esposas e hijos.

Empleados de la aduana y miembros del ejército de liberación procedieron a hacer un registro minucioso del equipaje de todos los expatriados, decomisando toda clase de papeles, fotografías, libros y documentos personales. A los exiliados se les sometió a un minucioso registro personal antes de abordar el avión Taca. Ninguno de ellos quiso hacer declaraciones, limitándose a cambiar palabras amistosas con los reporteros. Alvaro Hugo Salguero se limitó a decir: “Cuiden la libertad de prensa, muchachos”.

José Manuel Fortuny
Luego de haber sido derrocado el 27 de junio de 1954, su vida corría peligro por lo que pidió asilo político en la embajada de México en la cual estuvo durante 73 días hasta el día 9 de septiembre del mismo año en que partió hacia el país vecino donde estuvo corto tiempo, luego residió en varios países. De acuerdo con el historiador uruguayo Roberto García Ferreira, para el ex presidente y su familia fue un inmenso dolor el forzado exilio político. Fue particularmente interesante por varios motivos.

El más significativo, apunta García Ferreira es que la CIA, quien había fraguado el golpe para derrocarlo, también se encargó de controlarle de cerca y desgastarlo encubiertamente. Existen sólidas evidencias documentales que permiten apreciar cómo una buena parte de los artículos, columnas o editoriales publicados en la época no eran concebidos de forma independiente, sino que seguían las sugerencias propagandísticas de la CIA, preocupada en mostrarlo como un “dictador rojo”, “malversador de fondos”, “bebedor”, “depresivo” y “cobarde”.

Con esto quedaba en evidencia cuán importante era para la CIA desprestigiarle y quitarle legitimidad, ya que operaciones de ese tipo fueron implementadas en lugares como México, Suiza, Francia, Checoslovaquia y Uruguay y además de la propia Guatemala.

Cuando se cumplió el centenario del nacimiento del coronel Árbenz sus descendientes organizaron actos para recordar su legado, su nieta, Claudia Árbenz Alpízar indicó que el destierro y el exilio fueron muy duros para la familia. Jacobo Árbenz, hijo, sufrió graves traumas psicológicos. Las hijas del matrimonio Árbenz-Vilanova, Arabella y Eleonora, se suicidaron. 

Árbenz murió en México el 27 de enero de 1971 sin poder volver a pisar tierra guatemalteca. Su última voluntad fue el de ser enterrado en El Salvador, cosa que cumplió su viuda María Cristina Vilanova a pesar de la solicitud del gobierno de Carlos Arana Osorio de rendirle honores como ex presidente. 

Árbenz, “Soldado del pueblo”, regresa a Guatemala

Los restos Árbenz Guzmán fueron exhumados en el cementerio Los Ilustres, de San Salvador, en presencia de su hijo, Jacobo Árbenz Vilanova, Jorge Mario Chenal, y el coronel retirado Carlos Enrique Díaz de León, quien asumió la Presidencia cuando se Produjo la dimisión de Arbenz, luego de un golpe de Estado en junio de 1954.

Árbenz Guzmán fue exhumado del panteón de la familia Vilanova, donde reposaron sus restos durante 24 años, para luego incinerarlos y trasladarlos a Guatemala, donde fueron inhumados con lo honores que corresponden a un ex presidente.

El féretro fue ingresado a la sede del Museo de la Universidad de San Carlos, en donde le fue otorgado el título de doctor Honoris Causa. María Cristina Vilanova viuda de Árbenz recibió el galardón conferido al ex gobernante, de manos del rector de la Carolingia, Jafeth Cabrera.

Miles de guatemaltecos acompañaron los restos de Arbenz Guzmán, en su marcha por el centro de la ciudad, previo a su inhumación en una cripta especial del Cementerio General. Durante el trayecto hacia el camposanto, el féretro del ex mandatario fue rodeado por ciudadanos que querían manifestar su admiración por el último jefe de Gobierno del período revolucionario.

Los restos de Árbenz Guzmán fueron inhumados en presencia de su viuda, sus hijos, familiares y miles de guatemaltecos que rindieron su último tributo al mandatario, a quien recuerdan como el líder nacional más progresista del siglo XX.

FUENTES:

https://www.ecured.cu/Jacobo_%C3%81rbenz

https://www.cndh.org.mx/noticia/derrocamiento-del-gobierno-de-jacobo-arbenz-en-guatemala

https://es.wikipedia.org/wiki/Jacobo_%C3%81rbenz

https://www.prensalibre.com/hemeroteca/jacobo-arbenz-guzman-asume-la-presidencia/

https://revista.drclas.harvard.edu/book/jacobo-arbenz-guzm%C3%A1n-la-fuerza-de-un-mito

https://www.prensalibre.com/hemeroteca/soldado-del-pueblo-regresa-a-guatemala/