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martes, 15 de septiembre de 2020

14 Septiembre 1780 Natalicio Luis Perú de Lacroix. Francia


PERU DE LA CROIX


Oficial francés (general de brigada) al servicio de Venezuela y Colombia en la Guerra de Independencia. Oficial de Estado Mayor. Su verdadero nombre era Louis Gabriel Jean de la Croix Perú. Muy joven, era soldado en las tropas de Napoleón Bonaparte. Sirvió en Nápoles bajo el reinado de Murat. Al empezar la Campaña de Rusia (1812) fue enviado a Inglaterra para espiar las actividades de Luis XVIII. La victoria de los aliados y el regreso de los Borbones al trono de Francia (1815) lo obligaron a emigrar a América. 

En las Antillas, se junta con el corsario francés Luis Aury quien navega bajo pabellón de Buenos Aires. En Providencia, Santa Catalina y San Andrés ocupadas por Aury, Lacroix es nombrado secretario de Estado del Gobierno de esas islas. A principios de 1821 pasa a Barranquilla y luego a Bogotá donde traiciona a su jefe y ofrece sus servicios al Gobierno colombiano para desenmascarar un supuesto plan de Aury de ataque contra Panamá, en unión del general argentino José de San Martín. A la muerte de Aury (agosto 1821) se enemista con el sucesor de este, el corsario haitiano Severo Courtois. En Cartagena, en 1823, publica unos panfletos difamatorios contra Courtois, quien lo demanda ante la justicia y gana el pleito.

En 1823  el General francés hizo parte del Estado Mayor del ejército de Bolívar quien lo invita personalmente y lo hace pronto su confidente y mano derecha. Estuvo al lado del Libertador en Bucaramanga durante la Convención de Ocaña, de donde escribirá en 1828 El Diario de Bucaramanga bajo petición del Libertador, una fuente de información invaluable para los historiadores sobre Bolívar. En enero de 1825 se casó con la bumanguesa Dolores Mutis Amaya en Tunja, la sobrina-nieta de José Celestino Mutis.

Fue el primer juicio de imprenta que se instruyó en la Gran Colombia. Se incorporó luego Lacroix al Ejército Libertador y trabajó en una sección del Estado Mayor con el grado de coronel. En enero de 1825 contrae matrimonio en Tunja con Dolores Mutis. En 1828, de abril a junio, vive en el círculo íntimo del Libertador en Bucaramanga; de esta época datan los recuerdos, notas y conversaciones con Bolívar que dejó escritas en el importante y discutido manuscrito titulado Diario de Bucaramanga, publicado por primera vez, en parte y bajo otro título, en París en 1870. En 1829 es comandante general del departamento de Boyacá y en octubre de 1830 es ascendido a general de brigada por el general en jefe Rafael Urdaneta, en su carácter de encargado del Poder Ejecutivo de Colombia.

Ese empleo le fue desconocido después de la muerte del Libertador por la reacción antibolivariana que cundía en Nueva Granada. Dejando en Bogotá a sus hijos y esposa, emigró a las Antillas y Nueva York. En 1833 se encontraba en Caracas, protegido por el marqués del Toro y Diego Ibarra. En 1835 tomó parte activa en la Revolución de las Reformas. Fracasada esta fue expulsado de Venezuela, con otros jefes «reformistas», en 1836.

Regresó a Francia expulsado de Venezuela, donde vivió en un estado vecino a la miseria. Se suicidó en París a fines de enero o principios de febrero de 1837, legando al periódico El Siglo numerosos manuscritos cuyas huellas se perdieron en la capital francesa. El Siglo del 18 de febrero de 1837 daba los informes sobre el suicidio de Perú de Lacroix. Entretanto, el periódico caraqueño El Liberal del 9 de mayo de 1837 reprodujo algunos de los escritos que Perú de Lacroix legó al diario francés.

 se encontró una nota que decía:

"Cincuenta y siete años, una nueva caída política, separado de mi mujer y de mis hijos hace seis años, sin esperanzas de reunirme a ellos, sin fortuna, sin estado, la realidad de la miseria ya presente, y la perspectiva de sus inseparables compañeras, la humillación y la ignominia, son los motivos que me determinan a abreviar mis días, convencido, por otra parte, de que hay más valor en darse la muerte que en dejarse degradar..."

DIARIO DE BUCARAMANGA 

Descarga en PDF el DIARIO DE BUCARAMANGA (haz clip), basada en el diario escrito por Lacroix durante su estadía como edecán de Simón Bolívar, entre el 1 de abril hasta el 26 de junio de 1828 en la ciudad de Bucaramanga en Colombia. Se considera un documento de valor biográfico, puesto que describe con detalle aspectos de la vida personal, pensamientos políticos y creencias del libertador. El diario fue escrito originalmente en la época en que Bolívar se desplazó a la ciudad de Bucaramanga con el fin de permanecer cerca al desarrollo de la Convención de Ocaña, la cual fue convocada el 2 de marzo de 1828 y buscaba llevar a cabo una reforma de la constitución. 

En 1835, encontrándose en Caracas, De Lacroix lleva a cabo una corrección de la redacción original elaborando un manuscrito que llama El Diario de Bucaramanga. El mencionado manuscrito ocupaban tres pequeños volúmenes: el primero incluía los escritos desde el 1 de abril hasta el 1 de mayo, el segundo del 2 hasta el 25 mayo, y el tercero del 26 de mayo hasta el 26 de junio de 1828. En 1869, Fernando Bolívar, sobrino de Bolívar, basado en una copia del diario, publicó en París un apartado, en el libro Efemérides colombianas sobre Venezuela, Colombia, Ecuador que formaron en un tiempo una sola República. El libro incluye el segundo de los tres volúmenes originales del diario, el comprendido entre el 2 y 25 de mayo de 1828.3​

En ese tiempo se supo que Ramón de Azpurúa poseía la obra original con la rúbrica de De Lacroix y que este se ofreció a donarla a la Biblioteca Nacional de Venezuela. Al parecer este hecho no aconteció pues el compilador de la primera edición del diario publicada en 1912, el escritor colombiano Cornelio Hispano, afirma que en hasta 1912 la obra original seguía siendo parte de la herencia de Azpurúa. Hispano afirma que para la primera edición se basó en una copia del diario prestada por la Academia de Historia Venezolana, la cual comprendía los dos volúmenes correspondientes al lapso de tiempo entre el 2 de mayo y el 26 de junio de 1828, acompañados del índice del primer volumen con la redacción original de De Lacroix. En el prólogo del Diario de Bucaramanga Hispano puntualiza que los manuscritos en poder de Azpurúa eran exactos a la copia en la que se basó, confirmando con ello la fiabilidad de la información en ellos consignada.

La edición más reciente de esta publicación estuvo a cargo del Ministerio de Cultura de Venezuela en 2009.

https://ceofanb.mil.ve/wp-content/uploads/2017/07/Diario_de_Bucaramanga.pdf 

https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/p/peru-de-lacroix-luis/

https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Per%C3%BA_de_Lacroix

14 Septiembre 1816 Muere Manuel Ascencio Padilla. Bolivia

 MANUEL ASCENCIO PADILLA, GUERRILLERO LEGENDARIO

Nació en la hacienda Chipirina, a unos 5 a 8 km al este de la aldea de Ravelo, en la provincia Chayanta, a 204 km al noreste de la Villa Imperial de Potosí, en la actual Bolivia, que en esa época era llamada Alto Perú. Era el hijo de un hacendado local y vivió en el campo casi toda su juventud. Siendo muy joven se enroló en el ejército español, participando en la represión y ajusticiamiento de Dámaso Catari, sucesor de Túpac Amaru en la ciudad de La Paz.
Quilapayún 1971 - Manuel Ascencio Padilla [AUDIO EN VIVO]

Estudió derecho en la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, pero abandonó sus estudios para casarse con Juana Azurduy en 1805, quien comparte sus mismos ideales y De este matrimonio tuvo cinco hijos: Manuel, Mariano, Juliana, Mercedes y Luisa; los cuatro primeros murieron en la infancia; y el último nacido en un campo de batalla, en medio del fragor del combate. Al estallar la revolución del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca, bajo el mando de Pedro Murillo. se unió a la misma; tras ser derrotada, los esposos Padilla son perseguidos por las fuerzas del mariscal Nieto, huyó a ocultarse en las aldeas de indios de la sierra.

JUANA AZURDUY
En septiembre de 1810, la ciudad de Cochabamba se plegó a la Revolución de Mayo de 1810 y reconoció a la Primera Junta de Buenos Aires. Padilla fue nombrado comandante civil y militar de una amplia zona intermedia entre Chuquisaca, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, con centro en La Laguna, una aldea que se encuentra 133 km al sur de La Higuera (el sitio donde fue asesinado el Che en 1967). Desde allí, Padilla apoyó con sus 2000 guerrilleros indios la campaña de Esteban Arce, que venció al ejército español en Aroma (Bolivia).

Padilla alojó en sus haciendas al Ejército del Norte y apoyó la política de sus jefes, especialmente del patriota Juan José Castelli. Interviene en la batalla de Huaqui (1811), donde es derrotado y debe fugar, perseguido por las fuerzas del absolutista Goyeneche, sus bienes fueron incautados y su esposa cayó presa. Padilla logró rescatarla, por lo que pasó con sus hijos al campamento móvil de su esposo. El general vencedor, el corrupto José Manuel de Goyeneche, ofreció a Padilla un empleo público y el indulto para que se pasase al bando realista, pero Padilla se negó.

Si bien logró una victoria en el pueblo de Pintatora, luego fue derrotado en Tacobamba. En 1812 se retiró hacia el sur y se unió al éxodo jujeño, a órdenes del patriota Manuel Belgrano. Participó de las victorias de Tucumán y Salta.

Padilla regresó al Alto Perú a mediados de 1813 y logró reunir un enorme contingente de casi diez mil hombres. Este grupo de indígenas rebeldes fue llamado por Bartolomé Mitre la «Republiqueta de La Laguna». tornándose, por momentos, inexpugnable, junto a su esposa y sus amazonas. La tarea realizada por Padilla resulta fundamental porque impide a los ejércitos absolutistas el avance hacia el sur, dando tiempo a San Martín para levantar el Ejército de los Andes con el cual llevar su proyecto de liberación a Chile y Perú.

El general patriota Manuel Belgrano los utilizó como guías y como transporte de cañones a través de las montañas. Aún después de su primera derrota, sólo aceptó la colaboración marginal del batallón de Leales, bajo el mando de Juana Azurduy, en la batalla de Ayohúma y Vilcapugio. Reconociendo su error, posteriormente el general la condecoró regalándole su espada.

Mientras el Ejército se retiraba, los Padilla comenzaban una eficaz guerra de guerrillas contra los realistas, en la zona de Mojotoro, Yamparáez, Tarabuco, Tomina y La Laguna y un pueblo vecino (159 km al sur), Azurduy. Otros jefes, como Ignacio Warnes, Juan Antonio Álvarez de Arenales y Vicente Camargo, organizaron también guerrillas de resistencia.

Durante la tercera expedición al Alto Perú, tomó la ciudad de Chuquisaca, pero el corrupto general José Rondeau nombró gobernador de la misma a Martín Rodríguez. Como Belgrano, Rondeau se negó a emplear la ayuda ofrecida por Padilla. Pero cuando fue derrotado en la batalla de Sipe-Sipe, le ordenó cubrir su retirada y sostenerse en Chuquisaca.

La guerra continuó sin cuartel, pero los patriotas iban siendo vencidos uno a uno: de acuerdo al historiador argentino Bartolomé Mitre, de 102 caudillos que lucharon contra los realistas, al final de la guerra solo quedaban 9 con vida. En mayo de 1816 cayó el coronel Camargo en Cinti, y fue de inmediato degollado. En su honor, actualmente la villa de Cinti se llama Camargo.

En enero de 1816, tomo por asalto el pueblo de Presto, aniquilando a la guarnición realista, para luego atacar temerariamente a Chuquisaca.

Salieron en persecución de Padilla el brigadier Miguel Tacón al mando de 800 soldados y el comandante La Hera con 600 soldados, Padilla que conocía el terreno palmo a palmo burlando la persecucion de sus adversarios, presentoles combate en una y otra parte sorprendiendoles frecuentemente.

Muerte

El 12 de marzo de 1816, derrotó al comandante Pedro Herrera en las cercanias de Tarabuco. Despues Padilla reforzó sus efectivos y nuevamente atacó  Chuquisaca, sitiandola por el espacio de un mes, ante las fuerzas realistas muy superiores, se retiró sobre la  frontera de Chuquisaca. 

El enemigo se propuso perseguirlo y destacó dos fuerzas una que partio de Chuquisaca y la otra de Vallegrande. Tras una serie de batallas menores, rodeadas por un enorme número de enemigos, las fuerzas de Padilla fueron vencidas en la batalla de La Laguna, y el 14 de setiembre de 1816, en la acción de Villar, recibe un balazo que le provoca la muerte. El jefe enemigo – Aguilera – lo degüella y luego cuelga su cabeza en una pica, en el pueblo de La Laguna. En mayo de 1817, la Juana acaudilla a su gente y controla la zona de La Laguna, recuperando la cabeza de Manuel Ascencio. La lucha de los Padilla constituye una verdadera gesta, nutrida de altruismo, en la cual no sólo pierden todos sus bienes sino también sus hijos. 

El general Belgrano lo nombró coronel, sin saber que ya había muerto. Al enterarse, nombró teniente coronel a Juana Azurduy, que intentaba seguir sin su marido. Pero también Juana debió retirarse hacia el sur, refugiándose en la ciudad de Salta. Regresó a Chuquisaca en 1825, después de la derrota final realista. donde a fines de ese año la visitaron Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, en su modesta vivienda, para agradecerle todo lo que ella y su difunto marido han hecho por la revolución. Poco, sin embargo, los recuerda la historia oficial, ni tampoco la literatura o la cinematografía, siempre renuentes a reivindicar a los líderes de las masas populares latinoamericanas.

Juana Azurduy moriría el 25 de mayo de 1863, acompañada por su única hija sobreviviente.

Honores

Años después, en su honor, la villa de La Laguna fue rebautizada Padilla.

MANUEL ASCENCIO PADILLA
TEXTO Y MÚSICASERGIO ORTEGA QUILAPAYUN


Manuel Ascencio Padilla,

Padilla Ascencio Manuel

no habrá ninguno como él

su valor ¡qué maravilla!

Empujao' por la guerrilla

salió dispuesto a vencer

pero le ha de acontecer

que en una mala acechanza

no perdiendo la esperanza

la vida la ha de perder.

Juana se hubo de llamar


la mujer de aquel valiente

caramba, que limpiamente

llegó dispuesta a luchar.

Una fiera al atacar

sin dar ni pedir clemencia'

Señor mío, qué conciencia,

qué claridad, qué razones

conquistando corazones

luchó por la independencia.

Empujados a luchar

se entregan al pensamiento

de que al fin un alzamiento

habrá de tener lugar.

Ya dispuestos a tomar

el corbo y la carabina

las pampas de la Argentina

del godo van a librar.

En qué habrá de terminar

la muerte ya lo adivina.

Uno puede asegurar

que no es de hombre el ir llorando

¿a qué seguirse aguantando

las ganas de protestar?

ahura para rematar,

ahura mando, ahura sentencio:

no han de quedar en silencio

los que han sabido luchar

yo prometo continuar

por Juana y Manuel Ascencio.

Caravana: restos de los esposos Padilla-Azurduy son trasladados a Chipirina

Una caballería compuesta por más de 30 jinetes de Ravelo, Oruro, Alcalá, Tucumán y Salta escolta la caravana en homenaje al bicentenario de la muerte de Manuel Ascencio Padilla.

Esta mañana, y por primera vez, las urnas de los restos mortales de Manuel Asencio Padilla y Juana Azurduy fueron sacadas de la Casa de la Libertad y ahora son trasladadas hasta la hacienda de la pareja en Chipirina, en la provincia Chayanta en Potosí.

Los restos de los esposos Padilla y Azurduy son llevados por una caballería compuesta por 30 jinetes de tres escuadrones José Santos Vargas de Oruro, de Ravelo, Alcalá y de Tucumán y Salta Argentina.

También participan los efectivos del Regimiento Sucre II de Infantería.

La comitiva llegará a Ravelo mañana, miércoles, cerca del mediodía, donde se tiene programada una sesión de honor de la Asamblea Legislativa Departamental de Potosí y el descubrimiento del monumento de los esposos Padilla-Azurduy en la plaza principal de dicha población.

En la noche, a partir de las 19:00, se desarrollará una velada de intercambio turístico, cultural y popular en la hacienda de Chipirina.

El jueves, en la misma hacienda, se presentarán ofrendas florales, iza de la bandera, reconocimiento a los visitantes y habrá un acto central con la participación del vicepresidente Álvaro García Linera y de representantes de la República Argentina, entre otras autoridades.

FUENTE

https://www.ecured.cu/Manuel_Ascencio_Padilla

https://correodelsur.com/local/20160913_caravana-restos-de-los-esposos-padilla-azurduy-son-trasladados-a-chipirina.html

https://www.periodicovas.com/manuel-ascencio-padilla/

https://www.quilapayun.com/canciones/manuel.php


martes, 8 de septiembre de 2020

8 Septiembre 1782 Mariano Montilla. Venezuela


Montilla, Mariano
Caracas 8.9.1782 —
Caracas 22.9.1851


Oficial (general de división) del Ejército de Venezuela en la Guerra de Independencia; diplomático. A muy temprana edad viajó a España donde ingresó en la compañía americana de la Guardia de Corps. En 1801, bajo las órdenes de Manuel Godoy (el Príncipe de la Paz), participó en la guerra de España contra Portugal, y en el sitio de Olivenza recibió una herida. Regresó a Caracas en 1802. En 1808 está entre los promotores de la Revolución de Caracas y en 1810 la Junta Suprema lo envió a Jamaica y Curazao, en compañía de Vicente Salias, a que informara a sus gobernantes sobre el acontecimiento del 19 de abril y a establecer relaciones amistosas.
 Ese mismo año recibió el nombramiento de comandante del escuadrón de milicias voluntarios de los valles de Aragua. Bajo las órdenes del Marqués del Toro, primero, y del general Francisco de Miranda después, actuó en las operaciones que en 1811 se llevaron a cabo contra los insurgentes de Valencia. Entre 1811 y 1812 permaneció en Filadelfia por quebrantos de salud. 

Terminada la Campaña Admirable en 1813, se incorporó a las fuerzas de Simón Bolívar. Se halló en varios combates de 1813 y 1814. Perdida la Segunda República, emigró a Cartagena de Indias, donde prestó servicios en la defensa de aquella plaza ante el sitio impuesto por el general Pablo Morillo; en esa ocasión fue gobernador militar de la ciudad y ascendió a coronel (1815). 
De allí emigró a Haití donde Bolívar preparaba la ofensiva sobre Venezuela, conocida como Expedición de Los Cayos, en la cual no tomó parte Montilla por desavenencias con Bolívar. De aquel país viajó a Estados Unidos. 
En 1817 se estableció en Margarita, y para 1819 era jefe del Estado Mayor de la división Urdaneta, la cual debía llevar a cabo la campaña de Barcelona y Cumaná. En 1820, en Margarita, tomó el mando de la Legión Irlandesa, recién llegada a la isla, y por orden de Bolívar se trasladó a Riohacha, donde dio comienzo a las operaciones de la costa de Cundinamarca y asumió, además, el cargo de comandante general de aquel teatro de operaciones. 
Allí libró los combates de Fonseca, Tablazo y el Molino; condujo la retirada de Valledupar y triunfó en la batalla de Laguna Salada. Ese mismo año desembarcó en Sabanilla (provincia de Cartagena) y después de habilitar este puerto para la exportación y la importación, batió a los realistas en Pueblo Nuevo, con lo cual franqueó la comunicación con el interior de Nueva Granada. 
Montilla informó entonces al Libertador sobre su decisión de bloquear a Cartagena mientras se llevaban a cabo las operaciones de liberación de Santa Marta y Riohacha (agosto 1820). Al bloqueo siguió el sitio a la plaza. En septiembre de 1821 recibió Montilla los laureles de general de brigada y el 22 de octubre de mismo año entró a Cartagena con sus tropas, tras la rendición de los defensores. Con la capitulación del brigadier Gabriel de Torres, comandante general de las fuerzas realistas, quedaron en poder de Montilla 3.500 quintales de pólvora, 1.300 de plomo, 3.000 fusiles y abundante parque de artillería. 
Allí permaneció en calidad de comandante del departamento del Magdalena, cuya jurisdicción se extendió hasta el istmo de Panamá. En 1823 cayó Maracaibo en poder de las fuerzas que mandaba el mariscal de campo Francisco Tomás Morales; enterado de este suceso, Montilla se trasladó a Riohacha para proteger esta provincia y establecer allí una base de operaciones para la campaña de liberación de Maracaibo; esta operación quedó inconclusa como consecuencia de la capitulación de Morales en Maracaibo, después de la batalla naval librada por el general José Prudencio Padilla contra Ángel Laborde y Navarro el 24 de julio de 1823. 
En 1824 fue nombrado comandante general del departamento del Zulia y ascendido a general de división. En 1825 volvió a Cartagena como comandante general del departamento del Magdalena. En 1828 recibió el nombramiento de jefe superior de los departamentos del Istmo, Magdalena y Zulia «...para que los defienda de todo mal, sea contra los españoles... sea contra los facciosos que se puedan levantar...», decía Bolívar en la nota que le envió. 
El 17 de diciembre de 1830 murió el Libertador en San Pedro Alejandrino, y entre las personas que se hallaban presentes en aquel momento figura Mariano Montilla, quien, como comandante general del departamento del Magdalena, comunicó la noticia al ministro de Estado en el departamento de la Guerra. «El Excelentísimo señor Simón Bolívar ha pagado hoy a la naturaleza el precioso tributo de su importante vida...», expresó Montilla en su nota. 
RAFAEL URDANETA
También fue uno de los firmantes, en calidad de testigo, de los documentos otorgados por el Libertador el 10 de diciembre: su última proclama y su testamento. Con fecha 23 de enero de 1832, el ministro de Guerra de Nueva Granada emitió un decreto por el cual ratificaba la decisión de la Convención Nacional de ese país de borrar de la lista militar a todos los oficiales que estuvieron envueltos en el movimiento que llevó a Rafael Urdaneta a la presidencia de la Gran Colombia en 1830; estos oficiales fueron, además, declarados «traidores a la patria», y entre la gran cantidad de ellos figura el general Mariano Montilla, quien fue expulsado del territorio de Nueva Granada. 
T
En enero de 1833, el Congreso de Venezuela decretó la incorporación de Montilla al Ejército de Venezuela con el grado que traía de Nueva Granada. En noviembre de 1833, el presidente de la República, José Antonio Páez, designó a Montilla ministro plenipotenciario ante Inglaterra, Francia y España con el objeto de que renovase las relaciones de amistad con las 2 primeras naciones y de buscar el reconocimiento de la independencia de Venezuela por España. 
Provisto de las credenciales de rigor partió para Europa y el 5 de mayo de 1834 llegó a Londres. El 4 de junio inició sus actividades con una conferencia con el ministro inglés vizconde de Palmerston. El 15 de diciembre de ese mismo año llegó Montilla a La Guaira. Había conseguido que Inglaterra reconociese a Venezuela como Estado independiente. En 1835 era segundo comandante del Ejército, y con esa investidura prestó útiles servicios al Estado. Había sido honrado con la Cruz de los Libertadores y con el título de Libertador del Magdalena. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 3 de julio de 1896. 


lunes, 7 de septiembre de 2020

7 Septiembre 1814 Manifiesto de Carupano. Venezuela


El manifiesto de Carúpano

“Dios concede la victoria a la constancia”. Simón Bolívar (7-9-1814)
Cesáreo José Espinal Vásquez cjev@cantv.net

En Carúpano, el Libertador se apersonó de una visión más amplia de la patria, en el contexto jurídico-político y social para la emancipación de Venezuela. Había entrado triunfante a Caracas el 6 de agosto de 1813, culminando la Campaña Admirable iniciada desde la Nueva Granada el 14 de mayo de 1813, fue recibido en alborozo de los habitantes. La Municipalidad, lo aclamó Libertador como ya lo había hecho la ciudad de Mérida. Se organizó la gran festividad regalándosele un corcel blanco de paso que cabalgó con todos los honores hasta la Plaza Mayor, escoltado por seis vestales a la usanza romana y le fue colocada en su frente una corona de laureles. Durante once (11) meses de la toma de Caracas desde el 6 de agosto de 1813 hasta el 6 de julio de 1814, fecha de la emigración a oriente, no se instaló nuevamente el Congreso ni se dio vigencia a la Constitución de 1811, por lo que no nació la segunda República. El Libertador actuó dictatoríamente de Jefe Civil y Militar. España estaba bajo el imperio napoleónico con José Bonaparte.

Más de 20.000 personas con Bolívar huyeron a oriente de las hordas de Boves, muriendo en el camino más de 15.000. Bolívar ordenó tomar los objetos de oro y de valor pertenecientes a las Iglesias para no ser saqueadas. Al llegar a Carúpano el 4 de septiembre de 1814, fue hecho preso por orden del General José Félix Ribas, desconociéndolo por haber perdido su condición de Libertador al huir de Boves y acusado de ser culpable del robo de los tesoros de las iglesias. Después de dos días, se le dio la libertad por la defensa que le hizo Mariño, en su condición de Jefe del Ejército Libertador de Oriente y se le concedió leer una proclama de justificación a las puertas del Cuartel General, conocido como Manifiesto de Carúpano, asumiendo la condición de General en Jefe y Libertador.


El valor histórico del Manifiesto de Carúpano, población que no conoció la rendición, lo centraliza Bolívar en defender su inculpabilidad de la catástrofe ocurrida; se vanagloria haber sido elegido por la suerte y la providencia para la emancipación; elogia a los guerreros granadinos y a los soldados caraqueños; clama por lo justo en el dolor; lamenta la indiferencia de muchos; anima al deslastre de la esclavitud, jura que libertador o muerto no defraudará el honor de ser el Libertador y prometió volver para la libertad, porque Dios concede la victoria a la constancia.

Carúpano tiene las glorias de la patria, de que en el terruño, Bolívar se percató que Venezuela, no era solo Caracas y mantuanos, que llaneros, negros, pardos y esclavos, además oriente, aspiraban también la libertad con vida republicana, lo que Boves, hábilmente, les había prometido creando batallones de resentidos y luego fueron motivados por Páez con vocación patriótica para la batalla en Carabobo. El Libertador, cumplió su promesa al pisar nuevamente tierra carupanera el 2 de julio de 1816 decretando la libertad de los esclavos. Es el gran mérito del Manifiesto de Carúpano. 

Simón Bolívar

Manifiesto de Carupano
7 de septiembre de 1814

Simón Bolívar, Libertador de Venezuela y General en Jefe de sus
ejércitos. A sus conciudadanos.


Ciudadanos:

Infeliz del magistrado que autor de las calamidades o de los crímenes de su Patria se ve forzado a defenderse ante el tribunal del pueblo de las acusaciones que sus conciudadanos dirigen contra su conducta; pero es dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las desgracias públicas, preserva su honor intacto y se presenta inocente a exigir de sus propios compañeros de infortunio una recta decisión sobre su inculpabilidad.

Yo he sido elegido por la suerte de las armas para quebrantar vuestras cadenas, como también he sido, digámoslo asi, el instrumento de que se ha valido la providencia para colmar la medida de vuestras aflicciones. Sí, yo os he traído la paz y la libertad, per en pos de estos inestimables bienes han venido conmigo la guerra y la esclavitud. La victoria conducida por la justicia fue siempre nuestra guía hasta las ruinas de la ilustre capital de Caracas, que arrancamos de manos de sus opresores. Los guerreros granadinos no marchitaron jamás sus laureles mientras combatieron contra los dominadores de Venezuela, y los soldados caraqueños fueron coronados con igual fortuna contra los fieron españoles que intentaron de nuevo subygarnos. Si el destino inconstante hizo alternar la victoria entre los enemigos y nosotros, fue sólo en favor de pueblos americanos que una inconcebilidad demencia  hizo tomar las armas para destruir a sus libertadores y restituir el cetro a sus tiranos.

Así, parece que le cielo para nuestra humillación y nuestra gloria ha permitido que nuestros vencedores sean nuestros hermanos y que nuestros hermanos únicamente triunfen de nosotros. El Ejército Libertador exterminó las bandas enemigas, pero no ha podido exterminar unos pueblos por cuya dicha ha lidiado en centenares de combates. No es justo destruir los hombres que no quieren ser libres, ni es libertad la que se goza bajo el imperio de las armas contra la opinión de seres fanáticos cuya depravación de espíritu les hace amar las cadenas como los vínculos sociales.

No os lamentéis, pues, sino de vuestros compatriotas que instigados por los furores de la discordia os han sumergido en ese piélago de calamidades, cuyo aspecto solo hace estremecer a la naturaleza, y que sería tan horroroso como imposible pintaros. Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado vuestro seno, derramando vuestra sangre, incendiando vuestros hogares, y os han condenado a la expatriación. Vuestros clamores deben dirigirse contra esos ciegos esclavos que pretended ligaros a las cadenas que ellos mismos arrastran; y no os indignéis contra los mártires que fervorosos defensores de vuestra libertad han prodigado su sangre en todos los campos, han arrostrado todos los peligros, y se han olvidado de sí mismos para salvaros de la muerte o de la ignominia. Sed justos en vuestro dolor, como es justa la causa que lo produce.

Que vuestros tormentos no os enajen, ciudadanos, hasta el punto de considerar a vuestros protectores y amigos como cómplices de crímenes imaginarios, de intención, o de omisión. Los directores de vuestros destinos no menos que sus cooperadores, no han tenido otro designio que el de adquirir una perpetua felicidad para vosotros, que fuese para ellos una gloria inmortal. Mas, si los sucesos no han correspondido a sus miras, y si desastres sin ejemplo han frustrado empresa tan laudable, no ha sido por efecto de ineptitud o cobardía; ha sido, sí, la inevitable consequencia de un proyecto agigantado, superior a todas las fuerzas humanas. La destrucción de un gobierno, cuyo origen se pierde en la obscuridad de los tiempos; la subversión de principios establecidos; la mutación de costumbres; el trastorno de la opinión, y el establecimiento en fin de la libertad en us país de esclavos, es una obra tan imposible de ejecutar súbitamente, que está fuera del  alcance de todo poder humano; por manera que nuestra excusa de no haber obtenino lo que hemos deseado, es inherente a la causa que seguimos, porque así como la justicia justifica la audacia de haberla emprendido, la imposibilidad de su adquisión califica la insuficiencia de los medios. Es laudable, es noble y sublime, vindicar la naturaleza ultrajada por la tiranía; nada es comparable a la grandeza de este acto y aun cuando la desolación y la muerte sean el premio de tan glorioso intento, no hay razón para condenarlo, porque no es lo asequible lo que se debe hacer, sino aquello que el derecho nos autoriza.

En vano, esfuerzos inauditos han logrado innumerables victorias, compradas al caro precio de la sangre de nuestros heroicos soldados. Un corto número de sucesos por parte de nuestros contrarios, ha desplomado el edificio de nuestra gloria, estando la masa de los pueblos descarriada por el fanatismo religioso, y seducida por el incentivo de la anarquía devoradora. A la antorcha de la libertad, que nosotros hemos presentado a la América como la guía y el objeto de nuestros conatos, han opuesto nuestros enemigos la hacha incendiaria de la discordia, de la devastación y el grande estímulo de la usurpación de los honores y de la fortuna a hombres envilecidos por el yugo de la servidumbre y embrutecidos por la doctrina de la superstición: ¿Cómo podría preponderar la simple teoría de la filosofía política sin otros apoyos que la verdad y la naturaleza, contra el vicio armado con el desenfreno de la licencia, sin más límites que su alcance y convertido de reprente por un prestigio religioso en virtud política y en caridad cristiana? No, no son los hombres vulgares los que pueden calcular el eminente valor del reino de la libertad, para que lo prefieran a la ciega ambición y a la vil codicia. De la decisión de esta importante cuestión ha dependido nuestra suerte; ella estaba en manos de nuestros compatriotas que pervertidos han fallado contra nosotros; de resto todo lo demás ha sido consiguiente a una determinación más deshonorosa que fatal, y que debe ser más lamentable por su esencia que por sus resultados.

Es una estupidez maligna atribuir a los hombres públicos las vicisitudes que el orden de las cosas produce en los Estados, no estando en la esfera de las facultades de un general o magistrado contener en un momento de turbulencia, de choque, y de divergencia de opiniones el torrente de las pasiones humanas, que agitadas por el movimiento de las revoluciones se aumentan en razón de la fuerza que las resiste. Y aun cuando graves errores o pasiones violentas en los jefes causen  frecuentes perjuicios a la República estos mismos perjuicios deben, sin embargo, apreciarse con equidad y buscar su origen en las causas primitivas de todos los infortunios: la fragilidad de nuestra especie, y el imperio de la suerte en todos los acontecimientos. El hombre es el débil juguete de la fortuna, sobre la cual suele calcular con fundamento muchas veces, sin poder contar con ella jamás, porque nuestra esfera no está en contacto con la suya de un orden muy superior a la nuestra. Pretender que la política y la guerra marchen al grabo de nuestros proyectos, obrando a tientas con sólo la pureza de nuestras intenciones, y auxiliados por los limitados medios que están a nuestro arbitrio, es querer lograr los efectos de un poder divino por resortes humanos.

Yo, muy distante de tener la loca presunción de conceptuarme inculpable de la catástrofe de mi Patria, sufro al contrario, el profundo pesar de creerme el instrumento infausto de sus espantosas miserias; pero soy inocente porque mi conciencia no ha perticipado nunca del error voluntario o de la malicia, aunque por otra parte haya obrado mal y sin acierto. La convicción de mi inocencia me la persuade mi corazón, y este testimonio es para mí el más auténtico, bien que parezca un orgulloso delirio. He aquí la causa porque desdeñando responder a cada una de las acusaciones que de buena o mala fe se me puedan hacer, reservo este acto de justicia, que mi propia vindicta exige, para ejecutarlo ante un tribunal de sabios, que juzgarán con rectitud y ciencia de mi conducta en mi misión a Venezuela. Del Supremo Congreso de la Nueva Granada hablo, de este augusto cuerpo que me ha enviado con sus tropas a auxiliarlos como lo han hecho heroicamente hasta expirar todas en el campo del honor. Es justo y necesario que mi vida pública se examine con esmero, y se juzgue con imparcialidad. Es justo y necesario que yo satisfaga a quienes haya ofendido, y que se me indemnice de los cargos erróneos a que no he sido acreedor. Este gran juicio debe ser pronunciado por el soberano a quien he servido; yo os aseguro que será tan solemne cuanto sea posible, y que mis hechos serán comprobados por documentos irrefragables. Entonces sabréis si he sido indigno de vuestra confianza, o si merezco el nombre de Libertador.

Yo os juro, amados compatriotas, que este augusto título que vuestra gratitud me tributó cuando os vine a arrancar las cadenas, no será vano. Yo os juro que libertador o muerto, mereceré siempre el honor que me habéis hecho, sin que haya protestad humana sobre la tierra que detenga el curso que me he propuesto seguir hasta volver  segundamente a libertaros, por la senda del occidente, regada con tanta sangre y adornada de tantos laureles. Esperad, compatriotas, al noble, al virtuoso pueble granadino que volará ansioso de recoger nuevos trofeos, a prestaros nuevos auxilios, y a traeros de nueva la libertad, si antes vuestro valor no la adquiere. Sí, sí, vuestras virtudes solas son capaces de combatir con suceso contra esa multitud de frenéticos que desconocen su propio interés y honor; pues jamás la libertado ha sido subyugada por la tiranía. No comparéis vuestras fuerzas físicas con las enemigas, porque no es comparable el espíritu con la materia. Vosotros sois hombres, ellos son bestias, vosotros sois libres, ellos esclavos.

Combatid, pues, y venceréis. Dios concede la victoria a la constancia.

Carúpano, septiembre 7 de 1814. 4º.

Bolívar





domingo, 6 de septiembre de 2020

06 Septiembre 1815 Carta de Jamaica. Jamaica




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Carta de Jamaica


La Carta de Jamaica es un documento imprescindible y de consulta, ante la imperiosa necesidad de la integración latinoamericana y caribeña, en aras de consolidar, entre otras cosas, la independencia y erradicar toda forma de colonialismo en la región.

La Carta de Jamaica es un texto redactado por El Libertador Simón Bolívar el 6 de septiembre de 1815 desde Kingston, capital de Jamaica, en respuesta a una misiva de Henry Cullen, un ciudadano británico que residía en Falmouth, al noroeste de esa isla.

En la misiva que en 2015 cumplió 200 años de historia, Bolívar expone las razones que provocaron la caída de la Segunda República, que se dieron luego de recibir la negativa de las autoridades de Nueva Granada de colaborar con una nueva ofensiva contra el Ejército español.

Esto obligó a Bolívar a dirigirse a Jamaica con la finalidad de conseguir la cooperación del Gobierno inglés para proseguir la lucha por la libertad americana.

“Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Aunque aspiro a la perfección del gobierno de mi patria, no puedo persuadirme que el Nuevo Mundo sea por el momento regido por una gran república; como es imposible, no me atrevo a desearlo; y menos deseo aún una monarquía universal de América, porque este proyecto sin ser útil, es también imposible”, indicó el Libertador en uno de sus frases más emblemáticas.

CONTEXTO HISTORICO

El texto es uno de los escritos fundamentales de El Libertador, por su claridad y visión política ante los acontecimientos que se estaban generando en las antiguas colonias españolas.

Más allá del análisis sociológico, político y cultural, Bolívar plasma varios elementos que son necesarios tomar en cuenta a la hora de evaluar qué tanto han avanzado los pueblos latinoamericanos y caribeños en la unidad, su identidad, la independencia y el rompimiento definitivo de las cadenas del colonianismo.

En 2015, el historiador Pedro Calzadilla ofreció declaraciones exclusivas a teleSUR en el marco de los 200 años del documento:

"No estamos celebrando otra cosa sino las ideas que están allí. Es el ideario de la Carta de Jamaica lo que nos congrega, el que nos llega de regocijo, porque en la Carta de Jamaica lo que hay son palabras que transmiten ideas. Y lo mejor de ese ideario, de esa época, de ese tiempo, lo más avanzado, humanista y progresista quedó retratado allí", afirmó Calzadilla este jueves durante el “Foro Itinerante Carta de Jamaica en el siglo XXI”, desde el Teatro Nacional de Caracas, capital venezolana.

Aquí las declaraciones del historiador Pedro Calzadilla.


“La Carta de Jamaica no es un documento muerto ni separado de nuestra realidad. Por el contrario, está llena de respuestas para las vicisitudes y para los desafíos del presente", afirmó Calzadilla en el foro, al que asistieron el Director de la Academia Nacional de Historia de Ecuador, Jorge Nuñez, y el historiador ecuatoriano Amilcar Valera.

Fue precisamente Valera quien en 1996 descubrió el manuscrito original en castellano de la Carta de Jamaica, en el Archivo del Banco Central de Ecuador.

A pesar de sus peticiones no tuvo repuesta para que se avalara el hallazgo, hasta que se puso en contacto con la asambleísta ecuatoriana María Augusta Calle (PAIS) y ésta hizo las gestiones para la verificación.

Varela contó en una entrevista al periódico venezolano El Correo del Orinoco, publicada el 18 de enero de 2015, que la asambleísta Calle “es una persona con mucho conocimiento de historia y también sobre Bolívar”, y estaba fuera de Ecuador cuando recibió la llamada. Su respuesta fue inmediata: “No puede ser, tenemos que conversar de inmediato. Tal día estoy en Quito, y en la tarde conversamos”, relató Valera.

Calle se puso en contacto con las autoridades venezolanas y de inmediato estos últimos dispusieron el envío de una comisión de historiadores integrada por Pedro Calzadilla, Luis Pellicer y Alexander Zambrano para reunirse con Valera en Quito.  

“Les llevé al archivo, solicité el documento, por la numeración que tiene: jj1275, con el título “Contestación de un Americano Meridional a un Caballero de esta Isla”, registrado sin fecha ni autor. Entonces se lo presenté a Pedro Calzadilla. Se le hicieron todos los análisis que correspondían. Y dijeron: Es el documento”, detalló Valera en dicha entrevista. 

El Centro de grafología de la Universidad Central de Quito determinó a finales de 2014 (con el apoyo de los historiadores venezolanos) que el documento sí fue escrito por el secretario de Bolívar en Jamaica, Pedro Briceño Méndez, al comparar este manuscrito con textos de la época y el análisis químico del papel.

“(Es) una alegría para mí, una satisfacción, porque el hecho de haber estado tanto tiempo insistiendo y haber logrado se hiciera una verificación fuera del país por gente que estuviera en contacto con la documentación de Bolívar, resultó algo especial para mí. Se ratificó lo que yo pensé desde el primer momento cuando ya hice las verificaciones del manuscrito”, expresó Valera.

El texto inédito contiene un párrafo que fue omitido en las versiones en castellano, las cuales se basaron en el la versión de 1833 del político y abogado Francisco Yanes, quien además fue firmante del Acta de Independencia de Venezuela de 1810.

El párrafo que aparece en el manuscrito descubierto por el profesor Amilcar Valera dice textualmente:

"Por otra parte, el tiempo de las apariciones ha pasado; y aunque fuesen los americanos más supersticiosos de lo que no son, no prestarían de a las supercherias de un ynpostor, que sería tenido por un cismático o por el Anticristo anunciado en nuestra Religión".

Valera apuntó que se desconoce por qué Francisco Yanes eliminó dicho párrafo.


Hugo Chávez despierta el ideario de Bolívar

Con la llegada del Comandante Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1999, América Latina y el Caribe inicia una nueva etapa emancipadora y de búsqueda de su propia identidad, independencia y distanciamiento de los aparatos de dominación de Estados Unidos.

Chávez impulsó desde Venezuela hacia toda la región las ideas bolivarianas, trayendo al presente los principios que las oligarquías locales y extranjeras mantuvo ocultos por el peligro que representaban para sus intereses económicos.

https://www.telesurtv.net/telesuragenda/Carta-de-Jamaica-20150903-0043.html


jueves, 3 de septiembre de 2020

4 Septiembre 1854 Fallece Santiago Mariño. Venezuela

 

Mariño,   Santiago

Valle del Espíritu Santo (Edo. Nueva Esparta) 25.7.1788 —
La Victoria (Edo. Aragua) 4.9.1854
 

Oficial (general en jefe) del Ejército de Venezuela en la Guerra de Independencia. Libertador de oriente. Político. Hijo del capitán de milicias regladas Santiago Mariño de Acuña y de Atanasia Carige Fitzgerald, descendiente de irlandeses. Cursó estudios en Trinidad, donde sus padres habían fijado residencia cuando Mariño era un niño aún. A raíz del movimiento del 19 de abril 1810 fue a Trinidad en el desempeño de una comisión que le fuera encomendada por el Ayuntamiento de Cumaná ante el gobernador británico de la isla. 
En 1812 tuvo su primera experiencia de guerra, como integrante de la expedición que, bajo las órdenes del coronel Manuel Villapol, salió de Cumaná con el encargo de dominar la insurrección surgida en la provincia de Guayana; en esa ocasión, Mariño ostentaba el empleo de capitán. Perdida la Primera República emigró a Trinidad en compañía de varios coterráneos suyos, y allí, en cuenta de la situación reinante en Venezuela con la actuación de Domingo de Monteverde al frente del gobierno, se traslada al islote de Chacachacare, a la hacienda de su hermana Concepción. 
José F. Bermudez
El 11 de enero de 1813, junto con 44 de los que antes habían emigrado, constituyó una junta en la cual se discutió y decidió una ofensiva contra el oriente de Venezuela, para liberarlo; a tal fin se redactó el documento conocido como Acta de Chacachacare, firmada por Mariño y por quienes sirvieron de secretarios: Francisco Azcue, José Francisco Bermúdez, Manuel Piar y Manuel Valdés. Mariño, con el grado de coronel, fue reconocido como jefe de la expedición. El 12 de enero de 1813 invadió el oriente venezolano donde condujo las operaciones militares que en el curso de los primeros 6 meses de ese año dieron por resultado la liberación de las provincias de Cumaná y Barcelona. 
MANUEL PIAR
El 15 de enero de 1814, en comunicación a Simón Bolívar, expuso sus ideas sobre la forma de gobierno para Venezuela. Dice que considera más acertado que las provincias de oriente y las de occidente permanezcan bajo la dirección de los jefes que las gobiernan hasta la conclusión de la guerra: que le parece extemporánea la formación de un centro del poder, así como hablar de elecciones de diputados cuando la mayor parte de los habitantes se ocupan de las fatigas de la guerra; tal obra resultaría imperfecta. 
En febrero de 1814, con su ejército, emprendió marcha en auxilio de Bolívar, quien operaba en el centro y occidente del país. En La Victoria, después de haber derrotado en Bocachica al jefe realista José Tomás Boves (31.3.1814), se entrevistaron el 5 de abril los 2 jefes, representantes de los estados en que se hallaba dividida Venezuela, y discutieron los planes que desarrollarían las 2 fuerzas; de acuerdo con ello marchó Mariño con 2.800 hombres hacia San Carlos contra el brigadier José Ceballos y en la sabana del Arao fue derrotado por el jefe realista (16.4.1814). La acción siguiente fue la batalla de Carabobo (28 mayo) donde Bolívar venció al mariscal de campo Juan Manuel Cajigal. 
EXPEDICION DE LOS CAYOS
De Carabobo, Mariño se dirigió al sitio de La Puerta donde con Bolívar hizo frente a José Tomás Boves (15 junio) con saldo desfavorable para los republicanos. Perdida la Segunda República, de oriente emigró a Cartagena de Indias, en compañía de Bolívar, y de allí a Jamaica y Haití. Como mayor general del Ejército Libertador, participó en la expedición de Los Cayos, mandada por Bolívar
Estas fuerzas recalaron en la isla de Margarita, en mayo de 1816. En la Villa del Norte (6 mayo) una asamblea proclamó a Bolívar jefe supremo de la República y a Mariño su segundo. También acordó aquel cuerpo que la República de Venezuela sería una e indivisible, con desconocimiento de la anterior división en los 2 estados: oriente y occidente. Para aquellos momentos ya Mariño era general en jefe de los ejércitos de Venezuela. 
José Cortez de Madariaga
En 1817 impuso sitio a Cumaná como paso previo para la liberación de oriente que, según su idea, debía preceder a la de Caracas. Por inspiración del canónigo José Cortés de Madariaga y de Mariño, el 8 de mayo de 1817 se reunió el Congreso de Cariaco, el cual decretó el restablecimiento del sistema federal para Venezuela, con un gobierno similar al que se había establecido en 1811. Este proyecto fracasó en corto tiempo. 
Cuando llevaba a cabo operaciones en oriente, en 1818, Mariño triunfó contra el coronel Francisco Jiménez en Cariaco (14 marzo), y en la misma plaza fue derrotado por Agustín Nogueras (21 octubre), por lo cual Bolívar tuvo que suspender la campaña que proyectaba sobre Caracas, desde oriente. Como diputado representó la provincia de Cumaná en el segundo Congreso de Venezuela, reunido en Angostura el 15 de febrero de 1819, del cual obtuvo luego licencia para volver al ejército. 
Juan B. Arismendi
Ese año, el 12 de junio, triunfó sobre el coronel Eugenio Arana en el combate de Cantaura; y mientras Bolívar operaba en Nueva Granada tomó parte en el movimiento que desplazó a Francisco Antonio Zea de la vicepresidencia de la República; en su lugar fue nombrado el general en jefe Juan Bautista Arismendi, y Mariño quedó como comandante en jefe del ejército de oriente. Cuando Bolívar regresó a la ciudad de Angostura, Mariño fue destacado en el Estado Mayor. 
El 30 de mayo de 1821 fue nombrado jefe del Estado Mayor General del Ejército Libertador, y con ese cargo combatió en la Batalla de Carabobo (24 junio). 
Lino De Clemente
Después de esta jornada recibió el nombramiento de comandante general de uno de los departamentos militares del occidente de Venezuela, que comprendía las provincias de Coro, Maracaibo, Mérida y Trujillo. En 1824, fue designado en Caracas presidente del Consejo de Guerra de Oficiales Generales que debía conocer de la conducta del general de brigada Lino de Clemente en la pérdida de Maracaibo en 1823. 
En 1826 el Congreso de Colombia lo designó ministro juez de la Alta Corte, cargo del que no se posesionó, pues al estallar en Venezuela en abril de ese año el movimiento de La Cosiata fue uno de sus principales dirigentes, al lado del general José Antonio Páez. En 1827 se desempeñó como intendente y comandante general del departamento de Maturín. Cuando a fines de 1829 y comienzos de 1830 triunfó el movimiento que condujo a la restauración de la República de Venezuela, Mariño fue uno de sus artífices. 
Sucre
El Congreso de Colombia, reunido en Bogotá el 20 de enero de 1830, nombró de su seno una comisión, presidida por el general Antonio José de Sucre, para tratar con delegados de Venezuela medios de evitar la disolución definitiva de la Gran Colombia. Las autoridades de Venezuela enviaron a Cúcuta una comisión cuyo presidente fue el general Mariño; no hubo acuerdo. Poco después entró a desempeñar la cartera de Guerra y Marina. En 1834 se presentó como candidato a la Presidencia de la República. Los escrutinios favorecieron a José María Vargas en febrero de 1835. Ese mismo año, en julio, estalló un movimiento conocido como Revolución de las Reformas, encabezado por Mariño. 
El movimiento fue dominado en 1836 por José Antonio Páez, el jefe de operaciones nombrado por el presidente Vargas para este cometido. Mariño, extrañado del país, pasó a Curazao y de allí a Jamaica y Haití y luego a Nueva Granada. En 1848 regresó a Venezuela.
Ese año fue nombrado comandante general del Ejército organizado por el presidente de la República José Tadeo Monagas, para hacer frente al levantamiento en armas del general Páez, a raíz de los acontecimientos del 24 de enero de 1848 en el Congreso. 
En 1853, durante la presidencia de José Gregorio Monagas, fue reducido a prisión por su participación en la llamada Revolución de Mayo, la cual estalló la noche del 24 al 25 de mayo de dicho año, pero fue libertado poco después. Los últimos días los pasó en La Victoria, retirado de las actividades públicas. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 29 de enero de 1877.