El 12 de septiembre de 2017 partió físicamente la luchadora social "La Negra Aurora" Epifania Sánchez. Era como la punta de un iceberg que bajo la superficie de la mole aguardó la oportunidad para emerger cuando las aguas se calentaron. Epifania Sánchez fue una trabajadora doméstica, obrera, una mujer de barrio. Vivió en el barrio caraqueño Los Sin Techos en El Cementerio en los años sesenta.
Fue militante de la Juventud Comunista y le salió al paso al llamado de los tiempos para combatir la furia represiva del betancourismo. Se fue a las montañas de Falcón, tomó su fusil y se hizo guerrillera. Quería el poder para el pueblo. La negra Aurora era la parte más visible de un torbellino: el epicentro de un huracán en movimiento. Nada la detenía. Avanzaba en multitud. A su paso íconos y murallas fueron derribados. Su voz sigue siendo un eco que retumba y se multiplica.
Las huellas de sus botas están indelebles en cada espacio de la Sierra falconiana. De ella dice Nancy Zambrano: “la conocí en la cárcel, en el cuartel San Carlos, el primer recuerdo que me viene es que pasó a ser una de las más asiduas lectoras de los libros que allí nos llegaban, disciplinada, asistía a todos los cursos, tenía una sed de aprender permanente”.
Cuando mujeres revolucionarias de la talla de la negra Aurora caen otros combatientes ocupan de inmediato su puesto y enarbolan su bandera. Al morir, nunca se van del todo: quedan flotando en el aire y su espíritu alienta el alma de los pueblos que luchan. Dejan de ser “yo” y se convierten en “nosotros”. Toman el cielo por asalto y siembran de horizontes los poblados. Construyen nuevos senderos de esperanza. La muerte de Epifania Sánchez, en palabras de Martí, “nos lleva el dedo por sobre el libro de la vida: ¡así, de esos enlaces continuos invisibles, se va tejiendo el alma de la patria!”. Nunca fue tan hermosamente negra la aurora como cuando Epifania Sánchez amó profundamente la patria de Bolívar.
A continuación transcribo los párrafos donde la Negra Aurora habla sobre su vida, el inicio de su militancia política, sus años en la guerrilla y el balance de esa época. en el libro de María del Mar Älvarez, Historia de Lucha de la Mujer Venezolana (haz clic para descargarlo)
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Epifania Sánchez, la Negra Aurora
"En el año 60 no sabía absolutamente nada de lo que era el Partido Comunista, ni nada de política, pero un día se me ocurrió decir: ‘quiero ser comunista’. Me fui a la casa del Partido en Santa Ana, en el Cementerio. Allí hablé con un muchacho llamado Negrín y le dije: ‘¿Qué puedo hacer yo para ser comunista?’. ‘Usted dice que es comunista y es comunista’. Allí empecé. Tuve la dicha de conocer muchas muchachas, yo era bastante joven, no había llegado a los veinte años. Yo me fui unos días antes de cumplir los veinte años a la lucha.
Epifania Sánchez “La Negra Aurora” relata: “Después empezamos a fabricar esas casas, empiezan ya los adecos en el poder con las bandas armadas, a frenar el avance de las luchas populares, como una huelga de transporte que hubo, los muchachos que caen presos que los detienen en la DIGEPOL, en la Disip, en la bicha esa como se llama DIGEPOL si, este... los maltrataban, viene la detención de José Gregorio Rodríguez, después de eso ya empiezan las infiltraciones dentro del partido, nos toman la casa de Santa Ana, ahí hubo una explosión con una bomba que metieron y habían ciertos elementos que creo que estaban unidos a este gente ¿no? que eran los que llamaban sapos, la gente que estando dentro del Partido hacían dos tipos de trabajo, se decían revolucionarios y eran espías de este movimiento. Entonces se nombra un comité aparte clandestino.”
Cuando estaba en las guerrillas se me llamaba Epifania. No sabía ni escribir ni leer. Para saber lo que estaba pasando en el país, allá en las montañas, tenía que ir uniendo las letras para saber qué era lo que estaba pasando.
La lucha se fue haciendo más violenta. Estaba también Guillermina Torrealba, Trina Urbina y una muchacha llamada Petra que fue la primera a la que agarraron en las guerrillas. En Santa Cruz de Mora, en el estado Falcón, estábamos bien cubiertos; allí estuvimos mucho tiempo. En relación con la comida, Guillermina y yo cocinábamos: nos llevaban la leche y nosotras preparábamos el queso dentro del mismo campamento. Los compañeros nos enseñaron que se le echa una cosita que cortaba la leche, entonces lo metíamos en unos sacos y sacábamos la panela de queso. Hacíamos dos comidas: una en la mañana y una en la tarde. Cargábamos el agua, cuando nos tocaba a nosotras y nos llevábamos unas botellitas llenas para nuestro aseo; el comandante nos regañaba por eso.
Nosotras teníamos muchos contactos y mucha gente buena campesina que nos apoyaban. Yo estuve aproximadamente cuatro años en la guerrilla. Tenía un arma de esas que mataban búfalos, con un proyectil; la disparaban y se volvía otra vez a cargar. Si algo he hecho en la vida de lo que me sienta orgullosa es de ese paso por la guerrilla. Aprendí a conocer a la gente del campo. Nosotros vivimos allá arriba la experiencia de los bombardeos, la persecución esa que nos mandó Betancourt, los cazadores (nos bombardeaban una zona y después otra), y los fusilamientos de los campesinos. El muchacho con quien me había casado en las guerrillas lo fusilaron en el pueblo donde estábamos, lo amarraron y se lo llevaron.
Cuando me bajan de las guerrillas no quería saber más nada del Partido. Yo me quedé con la gente que estaba todavía con la lucha armada, porque esa consigna de rectificar... ¿rectificar qué? Si nosotros estábamos viviendo en lo mismo que cuando subimos, la misma miseria, la represión, muertos por donde quiera, entonces, ¿éramos nosotros los que íbamos a rectificar? Yo creo que hasta me expulsaron del Partido porque no acogí la línea.
Al final del 64 estuve aquí en Caracas con varios dirigentes que estaban en la montaña con Douglas Bravo. Me detuvieron cuando estaba en La Vega en la casa de la Señora Negrete. Me siguieron juicio y estuve tres años presa en el cuartel San Carlos. Cuando salí conseguí trabajo en la Universidad Central de Venezuela hasta que me jubilaron".
…unas palabras, Tania, Servando, hijas, hijos de nuestro querido camarada, combatiente, guerrero, comandante se le ha llamado y comandante es, hombre de armas, como bien lo calificaba José Vicente Rangel; un civil de armas, hecho soldado pues en la batalla; familiares, amigos, compañeros, José Vicente, Eleazar, Cilia.
Oyendo a José Vicente, de repente me llegó una verdad histórica, voy a decirlo así, Guillermo García Ponce nacía en 1925, 1925, Servando nació un poquito antes, 1923, y helo allí de pie, firme.
José Vicente Rangel no es que nació mucho después, nació también por esos días, y helo allí firme.
Y otros, y otras compañeros y compañeras que están ahora mismo en este recinto. Y cuando tu hablabas José Vicente como hablaste, yo recordaba a los últimos hombres de a caballo como los llamó José León Tapia, hombres en mayúscula, hombres y mujeres. No tengo duda que si Guillermo García Ponce, José Vicente Rangel, Servando García Ponce hubiesen nacido un poquitico antes, hubiesen sido parte de los últimos centauros de esta tierra, de los últimos hombres de a caballo.
Mi abuelo al que José León Tapia, otro grande de esa generación de ustedes, recogiendo expresión de la sabana bautizó como el último hombre a caballo pero ese hombre es colectivo. Pedro Pérez Delgado moría en Puerto Cabello en el Castillo Libertador, en 1924, Servando tenía un año, estaba por nacer Guillermo y andaba por las sabanas del Guárico, esas sabanas que se llevó y sembró para siempre entre nosotros a Willian Lara, andaba ese guerrillero sempiterno, itinerante, inacabable que fue Emilio Arévalo Cedeño; estamos despidiendo físicamente a quienes pudiéramos llamar, ustedes, los primeros caminantes que bajaron del caballo pero siguieron la marcha. Y aquí están con nosotros, sobrevivientes de ese largo siglo que fue el siglo XX y entraron, como dice un poeta de ese otro, de ese otro gran caminante que es Fidel Castro, que nacía también por esos días.
Nacía también por esos días, un poquito antes y Fidel hubiese cabalgado junto a Maceo, junto a Martí, pero son esas las etapas de la historia, pero hay hombres que transitan una etapa y la otra, y la otra, son ustedes de esos hombres y mujeres.
Yo conocí a Guillermo García Ponce, bueno era una leyenda, porque yo soy parte, permítanme y perdónenme, pero tu te referías José Vicente, con tu sabiduría de siempre, a la confluencia de los hombres, del cuartel y los hombres de la montaña.
Yo transité una parte de mi vida con un pie en la montaña y un pie en el cuartel, y al final me quedé en el cuartel, pero yo sabía que algún día me conseguiría con los hombres de las montañas, con las mujeres de las montañas; estaba escrito, estaba dicho.
Y henos aquí pues, despidiéndote camarada, comandante.
Luis Tascón
Nos hará falta su pluma, habrá que inventarla porque a nosotros en este tiempo, en este tiempo en el que estamos obligados a seguir batallando todos los días, todas las noches, sin tregua hasta el minuto final, como lo hizo Guillermo, como lo hizo Willian, como lo hizo y como lo hicieron muchos, Müller Rojas, como lo hizo Luis Tascón; a batallar hasta el último, último segundo.
Lo que nos falte pues, tendremos que inventarlo. Tu pluma nos faltará, a mi me faltará tu editorial de todos los días, pero seguiré por supuesto leyendo a Vea, todos los días, las primeras cosas que hago, leer a Vea, el Correo del Orinoco.
Y después Ultimas Noticias, pero primero Vea, El Correo del Orinoco, y Ultimas Noticias que también es un periódico cuya objetividad está garantizada por ese insigne periodista que es Eleazar Díaz Rangel, y muchos otros, pero él como director.
Ayer me decía Tania, que van a seguir ellas y sus hijas, y Servando, y todos al frente de Vea, permítanme, anótenme por allí en el último lugar, estoy con ustedes y estaremos con Vea, con ustedes que fue la última gran obra de García Ponce, el último legado de esa cantera inagotable de conocimientos.
Prieto Figueroa
A mi nunca se me olvidará cuando nos conocimos, al fin, después de tantos años, físicamente tendrían que pasar muchos años, casi, casi una vez, antes del 4 de febrero nos topábamos, Luis Beltrán Prieto, ese fue otro de los primeros caminantes, abridores de caminos de los senderos nuevos del siglo XX, casi, casi una vez, recuerdo que mi coronel general Trejo, me hablaba mucho de esa generación de hombres civiles, pero que también eran hombres de armas, pero al fin nos conocimos un día, después que salimos de prisión; y comenzábamos a crear el instrumento, el aparato político; la estructura política y ahí siempre estuvo la palabra crítica, orientadora de entre muchos compañeros, fíjense, Willian Lara de las nuevas generaciones pero estudioso de lo que es el partido, la importancia del partido, de la estructura y maestro entre los maestros; Guillermo, el partido, la unión, la unión de las distintas corrientes, la ideología.
Sigamos su ejemplo de pensador crítico, de creador, de estructurador, arquitecto, constructor, luz diría nuestro Señor: “Luz del mundo, sal de la tierra”.
Aquí estamos pues, y estamos obligados a seguir tu ejemplo, maestro, comandante, como lo seguiremos, jurando como estamos con José Vicente y todos los que aquí estamos delante de la patria, delante del pueblo.
No claudicaremos ante imperio, ni ante la apátrida burguesía venezolana, que pretende echar al traste con tantos años de sacrificio.
Con tantos años de lucha y con una Revolución que apenas comienza a presentar después de colosales esfuerzos unos primeros y muy modestos logros en el camino hacia la redención de lo humano, que no es otra cosa, como dijo José Vicente, que el socialismo.
Prometí ser breve, y voy a serlo, pero intensa mi palabra, mis sentimientos, y nuestro compromiso.
Simón Bolívar, ese padre grande de todos y de todas, lo dijo algún día: La vida, oigamos esa palabra, la vida solo tiene sentido en cuanto sea gloriosa. Y agregaba después, la gloria, qué es la gloria, la gloria está en ser grande y en ser útil.
He allí un glorioso. Que en paz descanses pero sigues con nosotros, Guillermo García Ponce.
Gracias compañeros, gracias compañeras.
Guillermo García Ponce: Revolucionario de lucha permanente y ejemplo de juventud
Articulo publicado por, Victor Chirinos en Aporrea el 12 de septiembre del 2012
Guillermo García Ponce inició su vida política al lado de su padre Servando y buscó enrolarse en la lucha de la España del año 1936, presentándose en la Embajada Española para defender a la República, que estaba acosada por el fascismo, sin embargo, no le permitieron su incorporación por no haber llegado a los 14 años de edad, desde muy joven militó en el clandestino Partido Comunista de Venezuela (PCV), en la década de los años 40. Derrocado el presidente Medina Angarita, participó junto a Eduardo y Gustavo Machado, en la defensa de la pérdida de la democracia de esa época, igualmente fue un denunciador permanente de Acción Democrática (A.D) por sus prácticas antidemocráticas contra el pueblo y la Patria Venezolana, siendo uno de los creadores del periódico “Tribuna Popular”, órgano divulgativo del PCV, asimismo, es bueno señalar que en el año 1945 asistió a la Primera Conferencia Mundial de la Juventud, que todavía sigue instalándose en los países mas democráticos del mundo.
Destacamos que esta conmemoración al Comandante Guillermo García Ponce se está realizando en lo interno del segundo año de su ausencia, que empieza a dar sus frutos en la conciencia de la juventud venezolana, artífices de las luchas revolucionarias en el mundo. Quienes han debatido sobre su ideario y han marchado en aras de las realizaciones de sus acciones de juventud y hoy empiezan a leer sus obras escritas y creadas en el marco de las dos facetas del Hombre universal; la de juventud y la de madures, ambas fueron dentro de una vida intranquila y de grandes dificultades, entre ellas tenemos: Bolívar y las armas en la Guerra de la Independencia, la fuga del San Carlos, la tortura en Venezuela, Santander contra Bolívar, La Batalla de las ideas y otros temas donde se insertan relatos de la lucha armada de los años 60.
Guillermo, fue el hombre de las facetas múltiples, representó a la intelectualidad revolucionaria y al político de convicción, al organizador político, al orientador de masas, manejó la teoría y la practica revolucionaria por cuanto fue él: quien dirigió la lucha armada en los años 60 en nuestro país. Asimismo fue un gran expositor de la ideología marxista leninista, dando así un gran aporte a la historia revolucionaria moderna de Venezuela.
Guillermo fue el alma y el constructor de la junta patriótica en la lucha contra la dictadura de Marco Pérez Jiménez, por su experiencia política, por su audacia, por su valentía y por su firmeza en la lucha clandestina, bajo su dirección reposaba la única imprenta de donde emanaban los periódicos, la información revolucionaria, los volantes para ser distribuirlos por los miembros de la comisión de agitación, tanta de la JCV como del PCV.
Forzoso es concluir que García Ponce fue un hombre de firmeza ideológica, consecuente con la lucha de Liberación Nacional de los Pueblos y en especial con el Nuestro, igualmente, asumió con gran apasionamiento el nacimiento de esta Revolución Bolivariana y resaltaba permanentemente la figura de los jóvenes militares que insurgieron el 4/2/92, en cabeza de su líder Hugo Rafael Chávez Frías.
Junto a su hermano Servando García Ponce, su esposa Tania otros y, él; Construyeron con mucho esfuerzo y sabiduría “El diario VEA. Comprometido con el Pueblo Soberano de Venezuela”. En virtud de todos y cada uno de estos razonamientos concluimos en lo siguiente:
¿Cómo no recordar permanentemente los dotes políticos de Guillermo García Ponce, ya que desde el punto de vista de la entrega personal, su vida estuvo entrelazada en un ir y devenir en defensa de nuestra patria Venezuela? ¡Honor a quien honor merece¡ hasta siempre Guillermo...
Víctor Chirinos dipvch@yahoo.es
Guillermo García Ponce Periodismo Comprometido Con el Pueblo
El periodista, político y escritor Guillermo García Ponce, figura emblemática de la izquierda venezolana, nacido el 10 de abril de 1925, centró su lucha social en la igualdad y la defensa de los derechos del pueblo.
Militó en el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y fue miembro de la Junta Patriótica, señalada como la que lideró el movimiento que daría al traste con el dictador Marcos Pérez Jiménez.
Asimismo, desempeñó un papel decisivo en las insurrecciones de El Carupanazo y El Porteñazo durante el gobierno de Rómulo Betancourt.
Por enfrentarse al “puntofijismo” fue acusado de rebelión militar y enviado al Cuartel San Carlos, donde estuvo preso varios años. En el año 1964 propuso que el Día del Periodista venezolano se celebrara el 27 de junio, fecha que se llevó a cabo la publicación del Correo del Orinoco (1818).
En 1967 se fuga del centro penitenciario a través de un túnel de 28 metros de largo, que tardó tres años en ser construido. Su batalla en favor de las causas justas y el movimiento revolucionario nunca cesó en el periodismo. En 2003 fundó el Diario Vea para ofrecer a los lectores un periodismo comprometido con las causas populares.
El dirigente revolucionario escribió varias obras: Las Armas de la Guerra de Independencia, Política y Clase Media, La Insurrección, entre otros.
Igualmente, García Ponce fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución aprobada en 1999.
Falleció el 11 de septiembre de 2010. Fue condecorado post mórtem con la Orden del Libertador en su Primera Clase por el comandante Hugo Chávez.
Alí Rodríguez Araque: “Cuando se es revolucionario se vive siempre en zafarrancho de combate”
Conocido como el Comandante Fausto, seudónimo utilizado en sus tiempos de guerrillero cuando combatía en las montañas al régimen puntofijista, Alí Rodríguez Araque fue un abogado, político y diplomático venezolano que ocupó la presidencia de la Conferencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y fue secretario general del organismo. Igualmente, presidió la petrolera estatal Pdvsa y ejerció como ministro de Relaciones Exteriores, entre otros cargos desempeñados.
La muerte de Rodríguez Araque fue recibida con bastante pesar por quienes en las filas de la Revolución Bolivariana conocieron la entrega de este hombre a la causa de los pobres y la fibra de que estaba hecho como ser humano. La mayoría lo recordó como el “Comandante Fausto”, seudónimo utilizado en sus tiempos de guerrillero cuando combatía en las montañas al régimen puntofijista.
Alí Rodríguez Araque nacio en la localidad de Ejido, estado Mérida, el 9 de septiembre de 1937. En 1961 se graduó de abogado en la UCV como miembro de la promoción Fidel Castro. Como abogado, en aquellos años iniciales, funge como asesor de sindicatos y defensor de los trabajadores.
“Durante la década de los años 60 y los años 70, era un activo guerrillero del Frente Guerrillero José Leonardo Chirino que luchaban contra los gobiernos del llamado Pacto de Punto Fijo, que conformaba la alternancia exclusiva del bipartidismo, Copei y AD. Adoptó el seudónimo «Comandante Fausto», lideró frentes guerrilleros y destacó como experto en explosivos. Ingresó en 1966 al Partido de la Revolución Venezolana (PRV), de tendencia marxista, donde colaboró activamente con el líder guerrillero Douglas Bravo”, señalan escritos biográficos.
Sometido a persecución política, permanece en la clandestinidad hasta 1979. En 1983 abandona la lucha armada y es electo diputado suplente en el Congreso. En 1993 es elegido como diputado principal por las Causa R. Es designado presidente de la Comisión de Energía y Minas del Parlamento Nacional en 1994. En ese mismo año es designado vicepresidente de la Comisión de Energía Conjunta del Congreso, y se opone decididamente a los llamados contratos de la Apertura Petrolera, cuya nulidad demanda ante la Corte Suprema de Justicia, junto a otras personalidades. Entre 1994 y 1997 participa regularmente como invitado del US Energy Council como analista petrolero, y entre 1993 y 1999 es miembro del Consejo Nacional de la Energía y de la Comisión de Energía y Minas del Parlamento Latinoamericano. En 1998 integra la Comisión Programática del candidato presidencial Hugo Chávez Frías. En los comicios nacionales del propio año fue electo senador al Congreso de la República por el estado Bolívar.
Como ministro del comandante Chávez, Alí Rodríguez Araque lo acompañó en los años difíciles de conjuras, intentonas golpistas, guarimbas y paros petroleros lanzados por la oligarquía criolla contra la Revolución Bolivariana. Estuvo al frente de Pdvsa durante el paro petrolero con el que se intentó tumbar a Hugo Chávez entre diciembre de 2002 y los primeros meses de 2003.
Como canciller emprendió una tenaz defensa del Gobierno de Chávez en organismos internacionales como la ONU y la OEA ante las presiones diplomáticas de Estados Unidos.
Araque se opuso firmemente a la implantación del tratado de comercio ALCA, promovió el acuerdo de comercio ALBA entre Venezuela, Cuba y Bolivia. Durante su ejercicio como canciller, Venezuela accedió como miembro de pleno derecho a Mercosur. El 1 de septiembre de 2006 fue designado embajador de Venezuela en La Habana, Cuba. En junio de 2008 cesó en el cargo de embajador y regresó al gabinete ministerial del presidente Chávez como ministro de Economía y Finanzas. Posteriormente fue nombrado ministro de Energía Eléctrica. En 2012 ocupa la Secretaría General de Unasur hasta 2014, cuando se encarga de la embajada venezolana en La Habana.
El eterno zafarrancho
En una entrevista realizada en La Habana por Rosa Miriam Elizalde, Alí Rodríguez Araque, refiriéndose al periodo de turbulencia atizada por la oposición política criolla en 2017, afirmó: “Toda revolución, si es una verdadera revolución, vive en permanente zafarrancho de combate, y ustedes los cubanos tienen una riquísima experiencia en esos procesos”. “Nosotros no debemos ceder nunca la calle a estos sectores imperiales y oligárquicos”, enfatizó, y comentó las pretensiones de los grupos opositores de marchar hacia Caracas.
Rosa Miriam Elizalde es autora del libro Antes de que se me olvide, con prólogo de Hugo Chávez, en el que Alí Rodríguez Araque habla de su vida.
En la entrevista con la periodista cubana, donde aborda el periodo de violencia de estos años, se refiere al plan imperial para aniquilar las fuerzas progresistas del continente.
“Después de muchos años de avances democráticos y populares en nuestra América, hay una contraofensiva imperial y oligárquica, que ha tenido victorias importantes en Argentina y en Brasil, país que ayer vivió la experiencia de que 61 individuos en el Senado echaran por tierra 54 millones de electores brasileños que reeligieron en el 2014 a la presidenta Dilma Rousseff”. “Hay una contraofensiva general”, advirtió.
En cuanto a Venezuela señaló que existen dos grandes vertientes en la ofensiva. La primera está orientada a aislar a Venezuela y utiliza todos los medios a su alcance para presentar al Gobierno como una dictadura, violador de los derechos humanos, de la libertad de prensa. “Resulta que eso mismo que ellos dicen es publicado en los medios venezolanos”, un “absurdo total”. La segunda vertiente intenta desestabilizar al país. “Han fracasado”, recalcó.
Ilustró los vaivenes que ha vivido la economía venezolana, con un auge de precios que coincidió con el Gobierno de Hugo Chávez, y luego una caída brutal durante la gestión del presidente Maduro, que “le ha tocado lidiar con un problema severo y aun así no ha renunciado al mejoramiento de las condiciones sociales de la población, aunque son inevitables ciertos impactos en la capacidad de importación, por ejemplo”.
“Hasta ahora se mostrado una gran conciencia del pueblo venezolano, que tiene que ver con la gigantesca labor pedagógica del presidente Chávez… También el pueblo ha mostrado comprensión hacia esta realidad y reconocimiento a la labor del Gobierno en la solución de problemas sociales”, y puso como ejemplo la construcción de más de 1.100.000 viviendas (cifras de 2016).
“Es una batalla campal la que estamos viviendo, pero pese a todos los pesares, vamos avanzando, vamos venciendo”, concluyó.
Antes de que se me olvide
Hugo Chávez, en su prólogo al libro de Rosa Miriam Elizalde, que recoge las confesiones de Rodríguez Araque, deja escrita una semblanza conmovedora acerca de quien fuera uno de sus principales colaboradores.
“Hay vidas que al volver a ellas nos van iluminando una época, nos revelan una historia al punto que la persona que la vivió, sin proponérselo, acaba siendo el testigo de una conciencia vigilante, de un pulso existencial que impulsa y esclarece. Tal es el caso de Alí Rodríguez Araque, quien, al desnudar su memoria y dar cuenta de lo que en ella conserva, nos la convierte en una experiencia – como la consideraba el poeta Rainer María Rilke – que ya no es solo suya: una experiencia que sirve para reconocemos y reconocer a la Venezuela de nuestros desvelos; la Venezuela bolivariana que tiene en este hombre a uno de sus hijos más ilustres y abnegados”, señala el Comandante.
“Y puedo dar fe, igualmente, de su condición de cultor de la amistad: el más diáfano afecto y la más plena identificación nacieron entre Alí y este servidor desde que nos conocimos allá por el año 1988. (Siempre rememoro con emoción aquel primer encuentro entre el curtido guerrillero y el joven militar revolucionario). Nos ha tocado enfrentar toda clase de vicisitudes, nos ha tocado batallar incesantemente, y nuestra amistad no ha tenido ni una sombra, ni una grieta. Me honra sentir y saber que este hombre, tan valiente como lúcido, es uno de mis seres más cercanos”.
“Voy a culminar este prólogo citando unas palabras de Alí que me conmueven profundamente. Haciendo un balance puntual de su vida como revolucionario, nos dice: «Lo mejor es lo que he hecho, actuar en cada momento de acuerdo con mi conciencia, de acuerdo con mis principios y de acuerdo con mis convicciones, que han guiado las decisiones de mi vida, tratando siempre dé hacerlo con la mayor humildad, y siempre pensando en la suerte de la gran mayoría de nuestra gente, un pueblo que en el pasado apenas si recibía migajas de la gran riqueza extraída de las entrañas de su propia tierra. Aún hoy, con todo lo que se ha mejorado, es duro y empinado el trayecto que falta por recorrer. Hablar de lo que habría hecho mejor sería especular, pues hoy tengo mucha mayor experiencia y sentido de la realidad, sin renunciar a los sueños, que siguen siendo los mismo”.
El 07 de Septiembre de 1992, cae en combate por una Venezuela mejor, por la Patria Buena de la cual nos hablaba “el Panita” Ali Primera; el camarada y combatiente revolucionario Baltazar Ojeda Negretti, mejor conocido por los apodos de: “Ramón”, “Balta” o “Comandante Elías”. Comunista, hijo de militantes comunistas, desde muy joven participo en las luchas sociales y políticas que sacudieron a Venezuela en las décadas transcurridas desde finales de los años 50 cuando, como estudiante de electricidad de la Escuela Técnica Industrial de Caracas (ETI-Los Chaguaramos) y militante de la Juventud Comunista, participa en las luchas políticas y estudiantiles contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
LIVIA GOUVERNEUR
Derrotada la Dictadura, pronto se verá inmerso en la vorágine revolucionaria que envuelve a Venezuela, Incorporándose en los años sesenta a las guerrillas que desde las montañas insurgentes, luchan contra el Puntofijismo y los regímenes terrorista de Betancourt , Leoni y Caldera; al respecto nos dice Irma Barreto: “Jóvenes como Iván Barreto, Baltazar Ojeda Negretti, Livia Gouverneur, eran entonces adolescentes de diecisiete años, estudiantes de la Escuela Técnica Industrial de Caracas los dos primeros. Emporio de rebeldía y forja de ideales fue esta Escuela, nacida en el seno de la Universidad Central de Venezuela y luego clausurada por el Presidente Rafael Caldera. Allí –parodiando a Nikolai Ostrovski- se templó el acero que conduciría a tantos jóvenes, descontentos y acerados, a empuñar su fusil en diversos puntos de las montañas de Venezuela.
Vieron ellos cómo el PCV, de cuya Juventud eran militantes, se deslizó por la peligrosa pendiente de conciliación de clases y cómo la Junta de Gobierno integrada con su anuencia en enero de 1958, incluía entre sus miembros a representantes de la más rancia burguesía, Eugenio Mendoza entre otros. Su temprana edad no fue óbice para interpretar la rémora que significaban las directrices de un partido que frenaba las luchas del pueblo y cedía el terreno, arduamente conquistado, a quienes después constituirían el Pacto de Punto Fijo cuya nefasta política padeció el pueblo venezolano durante cuarenta años”. Irma Barreto. La voz de los fusiles, Llamado de Iván Barreto a 50 años de El Charal, | Domingo, 26/02/2012 08:26 PM, Aporrea.
Aparece como uno de los fundadores del Frente Guerrillero “José Leonardo Chirino” en la Sierra de Falcón. En Abril del año 1966, al producirse la ruptura entre quienes deciden abandonar la lucha armada (PCV) y quienes deseaban continuar combatiendo, es uno de los miembros fundadores del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) junto a Fabricio Ojeda, Douglas Bravo, Oswaldo Barreto, Francisco Prada, Elegido Sibada “Magoya” y otros, manteniendo en alto las banderas de la Liberación Nacional y El Socialismo.
Para mediados de los años 70, se deslinda del PRV, pero continúa su accionar revolucionario, fundamentalmente en el terreno urbano y suburbano, realizando una serie de acciones financieras armadas, particularmente a entidades bancarias y transportistas de valores, ello con el fin de brindar apoyo y solidaridad a movimientos revolucionarios y sociales de Venezuela y el continente: Nicaragua, El Salvador y planteándose también: “la necesidad de romper con el monopolio comunicacional de la derecha en Venezuela, para lo cual hacía falta desarrollar una política de creación de medios de comunicación revolucionarios y alternativos: Imprentas, periódicos y emisoras”, según manifestaba a quien esto escribe, en conversaciones sostenidas.
El 5 de diciembre de 1980, ocurre uno de las acciones más audaces realizados por los combatientes de la revolución venezolana. La captura y secuestro en pleno vuelo, del avión DC-9-50, siglas YV 33C, perteneciente a la Línea Aeropostal Venezolana; dicha operación estuvo organizada, dirigida y ejecutada por El Comandante Elías, y el grupo comando que le acompañaba, conocidos como “Los Avioneros”, la misma tenía por objeto la recuperación de siete millones de bolívares (Bs.7.000.000,00) que iban a bordo, destinados para el Servicio Panamericano de Protección, logrando aterrizar la nave en el aeropuerto de Higuerote (donde según los expertos era imposible aterrizar) dicho aeropuerto, fue previamente tomado por un grupo de apoyo en tierra. Detenido, pagó cárcel en la desaparecida Cárcel Modelo de Caracas, saliendo indultado años después.
A raíz de la Insurrección Popular (conocida como El Sacudón o El Caracazo) del 27 y 28 de Febrero y Marzo de 1989, amplios sectores de la derrotada (pero Irreductible) izquierda revolucionaria, se reorganizan y se reactivan en función de La Lucha, en vista del evidente desgaste del bipartidismo adeco-copeyano y el creciente rechazo popular al Sistema de dominación puntofijista. Se profundiza el trabajo de integración y vinculación entre los sectores políticos, revolucionarios, honestos y progresistas y de estos con la Juventud Militar Patriótica: COMACATES y MBR-200. Desde un principio Baltazar se incorpora a la nueva clarinada de La Revolución, aportando toda su experiencia combatiente, política, organizativa y militar; realizando un excelente trabajo en la zona occidental del país: Trujillo, Lara, Mérida, Táchira y Zulia.
Para el cuatro (04) de febrero de 1992, se encuentra en Caracas, movilizado para la Toma de la Base Aérea de La Carlota, como parte de la Operación Ezequiel Zamora; el rol preponderante jugado por Baltazar en esta acción, coordinada con el movimiento insurreccional militar liderado por el Comandante Hugo Chávez,; nos lo narra Humberto Gómez García, en articulo de su columna “Trincheras de Ideas”, el cual reseña lo siguiente:
“Un combatiente guerrillero de los años 60, Eduardo Abreu, Yaracal, conversa sobre la participación de los comunistas que combatieron a Betancourt y su partido AD con las armas, en los sucesos del 4 de febrero de 1992. En su relato se refiere a la participación del mártir de la revolución, Baltazar Ojeda Negretti y un grupo de por lo menos 10 combatientes, ex guerrilleros, en la toma del aeropuerto de La Carlota, parte de una Brigada probablemente integrada por 20 o 30 miembros para la ejecución de las diferentes partes de la operación.
“Baltazar Ojeda es el que prácticamente toma el aeropuerto de La Carlota, hace preso en La Carlota al General Fuguet Borregales, pelea en La Carlota, izó la bandera del Partido Comunista de Venezuela, (que de eso habló en estos días el presidente Chávez). Esa bandera la puso Baltazar Ojeda y otro grupo de camaradas hasta que pudieron resistir, y por cierto que había un Teniente Coronel de apellido Madrid Bustamante, no me recuerdo bien del nombre, que no quiso entregarle armas a los guerrilleros, porque decía que iban a matar a sus compañeros, pero Baltasar tuvo una participación muy activa el 4 de febrero de 1992, cuando Chávez dio el golpe”.
¿Cómo logra salir aquel grupo guerrillero de la Base Aérea de La Carlota, una vez que se produce la rendición por parte del comandante Hugo Chávez?
El general Fuguet Borregales fue, al parecer, el salvo conducto para que el grupo guerrillero pudiera salir de la Base Aérea de La Carlota”. (2)
(2) Humberto Gómez García. Trinchera de Ideas. Ensartaos.com.ve, 2013
Derrotada la insurrección, el Comandante Chávez en ocasión de su rendición, lanza en cadena nacional de radio y televisión a sus compañeros de armas: civiles y militares y al pueblo de Venezuela el célebre “Por Ahora” el cual encierra un significado de continuidad en la lucha, un detenerse para amarrarse las botas y seguir luchando. Ese año de 1992, el descontento popular crece, se extiende, profundiza y continúa; la crisis se agudiza; la derrota militar del 4F, se convierte en la Victoria Política más grande que jamás obtuvo el movimiento popular en más de cuarenta (40) años de lucha contra el Puntofijismo.
Elías consciente de ello, continúa su accionar en el Occidente del país, coordinando con los cuadros civiles y militares para desarrollar las nuevas batallas que vendrán. Es así que la noche del 7 de septiembre de 1992, es sorprendido en el Aeropuerto de La Chinita en Maracaibo, cuando intentaba poner en marcha una avioneta, la cual sería utilizada en acciones propagandísticas en función de los nuevos combates que vendrían. Decidido a cumplir su misión aun a costa de su vida, Elías enfrenta con arrojo y con valor a sus asesinos; al morir quizás recordó aquellas frases del Che que decían: “En una Revolución, se triunfa o se muere……si es verdadera.”
Al cumplirse otro aniversario del lamentable e indignante asesinato de Jorge Rodríguez, durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, los militantes de la Coordinadora Simón Bolívar, quieren rendir tributo a este indoblegable luchador del Pueblo, trayendo a la memoria de las nuevas generaciones algunos rasgos de la trayectoria de vida de este valeroso soldado revolucionario.
Jorge Rodríguez, nació en Carora, estado Lara, el 16 de febrero de 1942; fue maestro y dirigente estudiantil en la Universidad Central de Venezuela (UCV), llegando a ser delegado del Consejo Universitario en 1966, destacando en las luchas contra el cierre de la principal casa de estudios del país por parte del primer gobierno de Rafael Caldera, como parte de las políticas antipopulares de los aglutinados en el Pacto de Punto Fijo.
El 19 de noviembre de 1973, Jorge Rodríguez convocó, junto a Carmelo Laborit, Julio Escalona, Marcos Gómez y Fernando Soto Rojas, entre otros, a la creación de la Liga Socialista, en la que se desempeñó como secretario general hasta el momento en que fue asesinado.
Rodríguez se destaca en el trabajo político de masas, encabezando manifestaciones públicas, denuncias de desapariciones y asesinatos, concentraciones y la gran marcha antiimperialista, que cruzó todo el país, impulsando triunfos importantes en diversas elecciones sindicales y estratégicos centros estudiantiles.
Jorge Rodríguez, hace frente a Carlos Andrés Pérez, a los Zuloaga, a los Machado, Mendoza, Branger, Delfino, Tinoco, Lauría y a toda la mafia concentrada en los negocios de la agroindustria, el modelo capitalista de carteles de la tierra para producción de ajonjolí y para el monopolio de la Polar.
En 1973, bajo el liderazgo de Jorge Rodríguez, la Liga Socialista crea la táctica de resistencia popular en la dispersa y casi exterminada lucha armada, convocando a los diversos sectores de izquierda, que se debatían entre la clandestinidad y la legalidad, buscando elementos para la cohesión, e iniciar así en una nueva fase de la lucha popular, a través de una organización político-partidista.
El 25 de julio de 1976, Jorge Rodríguez fue detenido por la Dirección General de Policía (Digepol) y trasladado a un paraje solitario de la carretera Panamericana, donde fue torturado. Luego fue llevado a un calabozo, donde murió por derrames internos, desprendimiento de órganos y numerosas fracturas.
Jorge Rodríguez nos dio como herencia la moral inquebrantable y el espíritu indoblegable que todo revolucionario debe poseer, y su ejemplo debe servir de guía a todos aquellos que luchan por construir una Patria honesta, justa y libre.
Rescatando la Memoria Histórica Revolucionaria.
Con Bolívar y Chávez, decimos ¡a la carga!
En entrevista exclusiva con La Iguana.TV, a David Nieves, uno los dirigentes de la Organización de Revolucionarios, ala clandestina de la Liga Socialista, rememoró el asesinato de Jorge Rodríguez, del que hoy se cumplen 40 años. “Fue algo bestial, que rayó en el sadismo”, dijo.
DAVID NIEVES
Nieves (Caracas, 1940) admitió que durante mucho tiempo perdió la esperanza de avanzar hacia la Revolución, sin embargo, hoy, cuatro décadas después de los sucesos de 1976 y del intenso proceso bolivariano, es un hombre optimista, convencido de que el pueblo vencerá en la guerra no convencional desplegada por las fuerzas nacionales y globales de la derecha.
A continuación, el diálogo completo con el periodista Clodovaldo Hernández:
-Pongamos en contexto esa época: ¿quién era David Nieves, cómo se incorporó a la Liga Socialista y quién era Jorge Rodríguez?
-En las luchas revolucionarias uno establece un saldo de cada acción política. Si desarrollas una táctica, eso debe culminar en un resultado en el campo de la organización, en algo que quede. Fue así como surgió la Liga Socialista. Ese partido fue el saldo de una táctica que pusimos en marcha los que veníamos de la lucha armada del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), la táctica del voto nulo. Nosotros nos dimos cuenta de que era un error llamar al pueblo a que se abstuviera, a que no votara, en un momento en el cual todo el mundo votaba. No tenía sentido, era una torpeza. Concluimos en que debíamos llamar al pueblo a tomar, el día de las votaciones, una acción distinta a la abstención y por eso lo convocamos a votar nulo. Eso tuvo mucha pegada en el seno del pueblo, incluso hasta el maestro Billo lanzó una canción sobre la tecla nula. Logramos organizar muchos comités de promoción del voto nulo en toda Venezuela.
-¿Eso fue para las elecciones de 1973?
-Sí, exactamente. Pero después de las elecciones ya no tenía sentido hablar de voto nulo, había que dar otro paso para los cinco años sin elecciones. Lo que hicimos fue convertir esos votos nulos en un partido que se llamó la Liga Socialista. Al mismo tiempo, muchos de los que estábamos en ese proyecto seguíamos nadando en el mundo de la subversión, no habíamos asimilado del todo la derrota que nos había dado la derecha. Creíamos que había que tener dos modelos de organización: una clandestina, que se llamó la Organización de Revolucionarios, OR, y un movimiento legal que era la Liga Socialista. Yo tenía mis vínculos con la OR, y Jorge Rodríguez era el secretario general de la Liga Socialista. Ya nosotros nos habíamos conocido, en los tiempos del MIR y en la Universidad Central, aunque yo no era universitario. Jorge era el delegado estudiantil ante el Consejo Universitario y un dirigente político muy querido. En tiempos de la OR y la Liga fraguó nuestra relación, establecimos una amistad muy bonita.
-¿Cómo surge en ese contexto la idea de acciones como la que se ejecutaron con el estadounidense William Niehous?
-Esa es la pregunta de las 64 mil lochas…. Esa vaina no se la dije yo a (Henry) López Sisco, ni que me matara a coñazos, y por lo tanto no te lo voy a decir a ti, con un grabadorcito y tomando café (risas). Yo no tuve nada que ver con la captura del señor Niehous, pero el tiempo en la prisión y cosas que luego han sido incluso escritas por alguna gente, me permiten tener alguna información. Primero que nada, puedo decir que la Owens-Illinois es una transnacional del vidrio que operaba en Venezuela, con una instalación importante en Trujillo, cerca de unas minas de sílice muy grandes, y una planta en Carabobo. Personas que trabajaban en esa empresa señalaban los vínculos que tenían los directivos de esa empresa con la Agencia Central de Inteligencia. Fue así como se montó la operación de la captura de Niehous. En principio, la única condición para ponerlo en libertad era la publicación de varios remitidos en grandes medios extranjeros como Corriere della Sera, New York Times, un diario de Inglaterra. Esa condición se planteó y se cumplió. Para quienes ejecutaron esa acción nunca estuvo planteado cobrar rescate económico por ese señor. Era un secuestro con objetivos políticos que debía llevar a la denuncia internacional de la corrupción del sistema político venezolano y también de los vínculos entre esos altos directivos de empresas norteamericanas y los aparatos de inteligencia de Estados Unidos.
-¿Aparte de Niehous, había otros ejecutivos que tuvieran nexos con la CIA?
-Sí, varios más, entre ellos uno llamado Terence Canavan, quien era el más activo policialmente, por sus ademanes, su manera de ser. No ocultaba su condición de policía.
-Si ya habían logrado los objetivos de difusión internacional y no se pretendía cobrar rescate, ¿por qué Niehous no fue puesto en libertad?
-Porque ocurrió el asesinato de Jorge Rodríguez, lo que trajo como consecuencia que los guerrilleros que lo tenían cautivo, en represalia, decidieron mantenerlo así todo el tiempo que fuera posible. Nunca se planteó la posibilidad de ejecutarlo, pues ellos decían que no eran asesinos, que los criminales estaban del otro lado, de la parte el gobierno, los que habían asesinado a Jorge. Los secuestradores no eran de la misma calaña que los criminales del gobierno y, en consecuencia, se mantuvo con vida al señor Niehous.
-Cuando el gobierno mata a Jorge Rodríguez, ¿fue un exceso que cometieron algunos funcionarios o una decisión clara, destinada a imponer un escarmiento? ¿Qué cree usted, cuarenta años después?
-No creo que haya sido que “se les fue la mano” porque Jorge Rodríguez era para todos nosotros y para mucha gente en el país, un cuadro que despuntaba, que se iba perdiendo de vista y lo demostraba cada vez que hablaba en público. El imperio, y particularmente la CIA, son muy acuciosos para detectar cuando un dirigente político muestra garra y posibilidades de llegar lejos. A Jorge era muy difícil hacerlo preso porque era miembro del Consejo Universitario, y por el prestigio que tenía en la universidad. Tenían que aprovechar esta oportunidad para sacarlo del paso. Es así como a Jorge lo detienen saliendo de la casa de la Liga Socialista en el barrio El Caribe, de Catia. Y desde el mismo momento que a Jorge lo agarraron, comenzaron a torturarlo. A nadie en un cuerpo policial lo torturan sin una orden de un jefe. Un policía cualquiera, un agente, no puede accionar a motu proprio sobre un detenido, tienen que haberlo mandado a que lo haga. Además, los torturadores saben muy bien qué tipo de torturas van a hacer. Por ejemplo, darle golpes al detenido con periódicos mojados, pues eso no deja hematoma; antes de torturar a alguien con electricidad, le ponen al torturado un papel, un trapo, cosas que evitan que se le vea una quemadura. O, simplemente, te ponen una bolsa en la cabeza, te la aprietan con una liguita en el cuello y te dicen: “Cuando quieras hablar, le das una pataditas a esta pared que yo estoy del lado de allá”, y, claro, eso te sofoca, te desespera, y el que no está dispuesto a jugársela, habla… Es decir, que las torturas tienen cierto grado de sofisticación, en cambio estos señores que mataron a Jorge Rodríguez no tuvieron el menor cuidado en no dejar huella. A Jorge, simplemente, se lo llevaron a las afueras de la ciudad, unos dicen que a El Junquito, otros que a la Panamericana, otros que a La Mariposa, y le dieron patadas, golpes, batazos, lo maltrataron de tal manera que era inocultable. Incluso, hay un hecho que no se ha comentado nunca: Agustín Calzadilla, quien fue uno de los primeros en ver el cadáver, se quedó asombrado al saber que cerca de la entrada de la uretra y en el recto encontraron electrodos. Lo de Jorge Rodríguez fue algo bestial. Las torturas que le aplicaron rayaron más en el sadismo que en la intención de obtener una información.
-¿Entonces sí hubo la intención de dejar claro hasta dónde estaban dispuestos a llegar?
-Sí, y de sacar a Jorge del camino. Cuando al ministro de Relaciones Interiores, Octavio Lepage, quien, por cierto, aún vive, lo entrevistan y le preguntan por Jorge Rodríguez, él dice que había muerto “de muerte natural”. Cuando los fiscales del Ministerio Público examinan el cuerpo y ven que el hígado, los riñones, el páncreas, los pulmones… todo estaba destrozado a punta de golpes, todo el cuerpo estaba morado, fue un acto completamente sádico. No pueden decir López Sisco ni (Arístides) Lander Flores, que se les pasó la mano con Jorge Rodríguez. Eso sería creíble si lo hubiesen estado interrogando y a Jorge le hubiese dado un infarto, pero lo que le hicieron a él fue para matarlo, no hay duda, fue para matarlo.
-Esa acción policial contra Jorge Rodríguez, cuando se deciden ir a buscarlo, ¿en qué se basa, qué argumenta la Disip para detenerlo?
-Eso es importante, aunque dudo que lo vayan a publicar. Eso nace porque dentro de la OR participaba un personaje llamado Iván Nolasco Padilla Bravo, quien recientemente ocupó un alto cargo en el Ministerio de la Cultura y ocupa cargos de cierta responsabilidad en medios pertenecientes al Estado. A él lo hicieron preso junto conmigo en La Campiña, y no en San Bernardino, tratando de cobrar el rescate, como dijo la Disip. En la narración que hice ante los tribunales en mi defensa, yo señalé que a Iván Nolasco Padilla Bravo lo habían torturado mucho, que lo habían maltratado bastante, pero la historia me demostró después que lo que hicieron fue ponerle un cable de electricidad en cada dedo y con eso cantó la Traviata, Yo soy mexicano, O sole mío y el Alma llanera, todas al mismo tiempo. La prueba es que él venía de hacer un trabajo legal en Mariche y también involucró a los dirigentes de esa zona. Cuando a mí me meten en los calabozos de la Disip, luego de cinco días incomunicado en un rancho por Arrecife, esos calabozos estaban oscuros, como si el Guri se hubiera secado… Y era que habían delatado a todos los negritos de Barlovento que estaban haciendo ese trabajo en Mariche. Había personas humildes, ancianos, mujeres… Otra prueba de que él fue el autor de las delaciones fue la detención de Francisco Cedeño, quien tenía una manera de contactarse con Iván Padilla, muy usual en esa época: uno pintaba una raya en un poste y el otro veía la raya y se dirigía a un sitio que había sido convenido por esas dos personas, y por nadie más. En ese lugar había una nota con la información que se quería transmitir. Bueno, cuando Francisco Cedeño fue a buscar su señal, lo encañonó la policía y se lo llevó preso. La otra cosa me la confesó a mí el mismo Padilla. Él me dijo que no había aguantado la tortura y que había delatado a Jorge Rodríguez porque había pensado que como era un hombre del aparato legal, el gobierno no se iba a atrever a meterse con él… Pero resulta que con Jorge Rodríguez sí se metieron, a Jorge Rodríguez lo mataron. Ese es uno de los elementos más graves que hay en la delación, porque algunas veces al delatado se lo llevaron preso, lo sueltan y por allí anda. Pero eso no ocurrió con Jorge Rodríguez, pues lo único que se puede hacer con él es llevarle flores a su tumba, mientras Iván Padilla anda por ahí, entregado al alcohol, echándose palos por varios sitios de Caracas. Para mí hay acciones en el ser humano que no admiten autocrítica. Uno, como revolucionario y ser humano, puede cometer un error, siempre y cuando uno hagan una autocrítica, asimile ese error y prometa no cometerlo más. Pero la única autocrítica que yo le acepto a Iván Padilla es que se vaya a las torres del Centro Simón Bolívar y se zumbe de allá arriba. Pese a estas cosas, que las sabe todo el mundo, ese señor ha ocupado cargos en el gobierno. Yo no niego que Iván Padilla sea un hombre inteligente y tenga un nivel de capacidad, pero creo que con él ha funcionado la actitud permisiva de algunas personas, como Farruco Sesto, que es su amigo personal y lo metió a trabajar en el área de la cultura. Otra razón por la cual eso se ha permitido es una especie de concepción cuasi-religiosa del perdón a los enemigos. Esa idea se expresa en el poema de Tomás Borges, cuando se encuentra con su torturador, quien había descuartizado a su pareja, le dice: “mi venganza es el perdón”… Así se ha actuado con esta persona, pero yo no soy cura, ni católico, ni permisivo, he sido toda la vida un revolucionario y para Iván Padilla, repito, sólo aceptaría como autocrítica que se zumbe de un edificio. Eso lo digo responsablemente.
-Entonces, ¿Jorge Rodríguez no estaba participando en el secuestro?
-No, Jorge Rodríguez no sabía dónde estaba Niehous, no tenía ni la menor idea. Pero al margen de eso, como era un hombre de una gran entereza revolucionaria, entendía que un colectivo le había conferido una responsabilidad y supo hacer gala de eso.
-Pasaron muchos años para que las ideas revolucionarias llegaran a ser opción real de gobierno. En esos años de tránsito por el desierto, ¿usted tenía esperanzas de que llegara un momento de resurgimiento?
-No, no tenía. Es más, desde el momento en que caí preso, me gané para la idea de pasar muchos años en prisión, sólo que la política es muy sabia y los compañeros de la Liga Socialista fueron más sabios todavía cuando me postularon como candidato a diputado. Al salir electo, comencé a gozar de inmunidad parlamentaria. Aunque debo aclarar que eso no ocurrió en forma automática. Hubo un debate muy intenso entre el Consejo Supremo Electoral y el Consejo de Guerra Permanente (que llevaba el juicio). Recuerdo que el Consejo Electoral, la Fiscalía y la Corte Suprema de Justicia decían que yo comenzaba a gozar de inmunidad, pero el Consejo de Guerra decía que no. Entonces, eso terminó decidiéndolo la Corte Marcial, que nos dio la razón. Fue así como un día que estaba jugando una partida de futbolito en el Cuartel San Carlos, me dijo el jefe de Seguridad, un tipo de apellido Montilla: “¡David, estás en libertad!”, y yo no le creí, le dije: “Déjate de tonterías, que estoy perdiendo 2 a 1”. Tuvieron que venir los compañeros que habían visto la información por televisión a decirme que sí, que estaba libre.
-El caso suyo ha sido utilizado como argumento por la gente que está clamando actualmente por los derechos de los llamados “presos políticos”. ¿Qué diferencia hay?
-Una diferencia abismal, del cielo a la tierra. Yo fui un preso político, estos señores son políticos presos. Yo jamás en mi vida he matado ni una mosca, porque en mi casa no me lo permiten, pues se ensucia la mesa. No he cometido ningún delito, salvo que se pueda llamar así a las travesuras de la muchachada, cosas como robarle el pan al portugués o un litro de leche que estaba en una puerta en la madrugada, durante una misa de aguinaldo. Salvo eso, yo no he cometido ningún delito. Hablando de diferencias, un detalle revelador es que me juzgaba un tribunal militar y cuando tenía que declarar no me llevaban a la sede, sino que el tribunal se instalaba al lado de mi celda. Es algo violatorio del derecho y de todas las normas jurídicas. Al señor Leopoldo López, en cambio, le hicieron un juicio demasiado benévolo, pues no lo acusaron de homicidio, a pesar de que es corresponsable de 43 muertos que hubo en Venezuela. Ese movimiento que se produjo como consecuencia del discurso que dio en la plaza Carabobo fue lo que trajo todos los desmanes que causaron tantos fallecidos de lado y lado, más del nuestro que del lado de ellos. Lamentablemente, la jueza no se paseó por ahí y terminó sentenciando a este señor a trece años sin acusarlo de algún asesinato. Por eso vamos a solicitar que se le abra un nuevo juicio para que se le juzgue por esas muertes. Hay otros casos de personas que están presas por corrupción y otros delitos penales. No hay ni uno solo que esté preso sin juicio. No están presos por lo que tengan en la cabeza sino por delitos cometidos.
-A cuarenta años del asesinato de Jorge Rodríguez, y en el actual contexto de la Revolución venezolana y latinoamericana, ¿es optimista o pesimista?
-Primero, es de todos conocido que estamos en plena guerra económica, un nuevo invento del imperio para derrocar gobiernos. Ya se ha practicado en Afganistán, Irak, Líbano, Libia, Siria, Honduras, Paraguay y Brasil. Los golpes de Estado que hoy en día da el imperio no son asaltos cuartelarios a las alturas del poder, sino procesos sofisticados, mediante golpes parlamentarios (que es lo que intenta hoy hacer el señor Henry Ramos) o mediante el desgaste económico y las campañas mediáticas. En Venezuela hoy estamos caminando con una media rota, como decíamos cuando yo era chamo. Cuando a uno se le sale un dedo por un huequito, es incómodo caminar. Quienes fuimos pobres, lo sabemos. Venezuela recibió una serie de bendiciones de la naturaleza o por la providencia divina, como diría el padre (Numa) Molina, su ubicación geográfica, sus reservas petroleras y de otros minerales. Tenemos el macizo guayanés, las tierras más antiguas del mundo; el salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo; el teleférico más alto del mundo… Somos privilegiados y por eso estamos siempre en la mira del imperio. Sin embargo, el imperio sabe con quién puede meterse y cómo hacerlo. ¿Por qué a Corea del Norte no la acusan de tener armas de destrucción masiva para iniciar una guerra contra ese país? Porque saben que el gobierno de Corea del Norte va en serio. El gobernante de allá no es un Saddam Hussein. Y con nosotros, con Venezuela, la cosa también va en serio. Por eso es que han desarrollado una guerra criminal no convencional contra el pueblo venezolano y especialmente contra la gente pobre y contra las mujeres. Tenemos la escasez, la inflación inducida y la especulación y todo eso influye en el contexto político. A la oposición se le han subido los humos a la cabeza con su victoria del 6 de diciembre. No quieren entender que no ganaron unas elecciones, sino que nosotros las perdimos, que el pueblo votó para castigar al chavismo porque nosotros, los chavistas, sabíamos que esa guerra económica venía desarrollándose, pero todos subestimamos esa acción del imperio. En esto tenemos la culpa todos, incluso mi comandante querido Hugo Chávez y mi comandante querido Nicolás Maduro. Luego del 6 de diciembre, el presidente ha asumido los correctivos, en particular con una política muy importante que es la toma de las calles. Si vemos con agudeza, Nicolás no ha soltado la calle desde el 6 de diciembre. Todos los días hay una manifestación, una movilización de masas revolucionarias, desde los trabajadores petroleros hasta las señoritas pobres pero honradas, todos los grupos han salido a manifestar su respaldo a Nicolás. Podemos permitir que pasen muchas cosas, pero no que la oposición tome las calles. En esa guerra estamos.
-¿Optimista, entonces?
-Sí, en particular por los 16 motores y específicamente con la última gran misión, encabezada por el presidente y por el general (Vladímir) Padrino López, que intenta tocar en el punto preciso, que es la vigilancia de que las divisas se usen para lo que fueron solicitadas y que las materias primas lleguen a los centros de producción. Yo soy muy optimista en ese aspecto. Siempre tuve mis reservas en cuanto a la Guardia Nacional y a los militares en general, pero hubo un señor que me enseñó a querer a la Fuerza Armada: Hugo Rafael Chávez Frías. Yo me alegré mucho cuando vi a la guardia cayéndole a mandarriazos al hotel Stanford, cerca Capitolio y sacando aquellos cargamentos de comida. Yo me acordé de aquella época en la que tenías que correr delante de la Guardia porque lo que venían era a darte planazos… Me alegra que esa fuerza se esté utilizando ahora a favor del pueblo.
Réplica de Iván Padilla Bravo (y del redactor de la entrevista)
He hecho muchas entrevistas periodísticas. Cada una tiene su toque peculiar. La que sostuve con el camarada David Nieves, -de la que fue testigo (además del grabadorcito) su esposa, Sara Godoy-, tuvo un detalle muy particular: ante una pregunta mía, David dijo las frases más duras que yo hubiera podido imaginar acerca de uno de mis más entrañables amigos, Iván Padilla Bravo. Mi respeto por el entrevistado y por la profesión periodística, y el culto que le rindo al género de la entrevista me impiden quitar una sola de sus palabras. Regresando a mi casa, luego de la conversación, pensé que ni siquiera los viles asesinos materiales de Jorge Rodríguez o el cínico ministro Lepage merecieron de Nieves unas expresiones tan lacerantes, lo cual nos conduce a la vieja reflexión acerca de lo tremendos que son los malos sentimientos surgidos entre compañeros, los “odios mellizales”, como los llamó alguien con cierto aire poético. Es particularmente doloroso ver este lado de la naturaleza humana aflorar entre esos seres humanos avanzados que son, más allá de las consignas, los revolucionarios de verdad.
En fin, por mi amistad con Iván, lo contacté para solicitarle una réplica. Él iba en camino a la Feria del Libro, a participar en una actividad del Foro Permanente para el Estudio Crítico de los Medios. Me dijo que los comentarios de Nieves son, tal vez, uno de los elementos que la vida le ha impuesto para limpiar sus karmas. “Seguramente es la misma grabación que repite hace 40 años. Mi mejor réplica es seguir haciendo lo que he hecho toda mi vida de revolucionario, con la frente en alto”, señaló Padilla, y agregó que todos esos deseos de castigarlo pudo haberlos concretado Nieves durante el largo tiempo que pasaron en la misma cárcel. “Conversábamos mucho, trotábamos juntos… Pudo haberme enfrentado entonces, pero no tuvo bolas. Ahora no hace más que hablar tonterías. Si yo no existiera, su vida carecería de sentido. Es un miserable apegado a un aparato de dominación política. Muchos camaradas me han propuesto antes que le responda. Siempre lo he rechazado. Considero que es darle demasiada cancha a un nulo”.
Bueno, luego de mucho cavilar, decidí poner acá esta nota con las palabras de Iván y con un alegato muy mío: Yo era un adolescente para ese tiempo, así que sólo tengo un conocimiento referencial de los hechos. Sin embargo, para mí lo único cierto es que a Jorge Rodríguez lo mataron los esbirros de la derecha, bajo órdenes de un gobierno supuestamente democrático que practicaba la tortura y toda clase de violaciones a los derechos humanos. Fueron esos los culpables. Buscar responsables entre los revolucionarios es prolongar indefinidamente la sucia victoria que tuvo la derecha con ese ruin crimen.25