El General José Rafael Montilla nació el 16 de septiembre de 1859 en San Miguel, cercano a Boconó en Trujillo, hijo de Custodio Montilla y de Juana Natividad Petaquero, su abuelo fue un indio llamado Guamo, quien siguió las órdenes del Libertador, de esta herencia indígena se sintió siempre orgulloso. Desde finales del siglo XIX, y hasta su muerte en 1907, se convirtió en uno de los hombres más fuertes de la región (Lara, Trujillo y Portuguesa), no fue un hombre de instrucción y de una ideología política claramente definida, aunque siempre se consideró liberal no contaba con un proyecto nacional, su mentalidad provinciana lo llevó a incurrir en graves equivocaciones. se destacó desde muy joven por su valentía, arrojo y lucha por la reivindicación de los campesinos.
Su lucha comienza a partir del resentimiento que representaba el predominio y las injusticias sociales encabezadas por las élites dominantes de su nativo Trujillo. Pronto se rebela contra la oligarquía conservadora trujillana y contra los caciques regionales. En 1875, atenta contra la vida del hacendado Francisco Baptista; busca refugio «...entre las tropas de guerra, en las filas liberales, únicas que le dieron protección contra los oligarcas de Trujillo...». En 1892, se une a las fuerzas del general Diego Bautista Ferrer que defienden el gobierno del presidente Raimundo Andueza Palacio contra los conservadores trujillanos y en el combate de Carache, derrota a las tropas de Federico Araujo y es nombrado general en el campo de batalla.
El movimiento encabezado por El Tigre de Guaitó -apodo ganado por su habilidad y lugar donde vivió y combatió- arrastro muchos simpatizantes, aquellos herederos de los que se sintieron defraudados por las promesas hechas en la Guerra de la Independencia y más aún en la Guerra Federal. Se ganó las simpatías de aquellos campesinos en condiciones de servidumbre.
En las continuas batallas que participó al lado del ejército Liberal fue nombrado General, aclamado por los mismos soldados que lo acompañaban. Refugiado en el pueblo de Guaitó, desde donde ejerció el reparto justo de las tierras y el colectivismo agrario, el General Montilla fue un dolor de cabeza para las ansias de los Conservadores y no hubo batallón que pudiera con la fuerza del trujillano
EL CORRIDO DEl TIGRE DE GUAITÓ
Varios presidentes de Venezuela ordenaron su captura pero el Tigre de Guaitó era indomable.
Raimundo Andueza
Derrocado el gobierno de Andueza, Montilla regresa a su refugio de Guaitó, en las montañas del estado Lara, donde instala su propio feudo. En 1898, se alza contra el gobierno de Ignacio Andrade. Se enfrenta a Cipriano Castro en Cordero (Edo. Táchira, julio 1899) y, luego, nuevamente bajo las órdenes del general Diego Bautista Ferrer, en la batalla de Tocuyito (septiembre 1899). Al unirse Ferrer a la revolución de Castro, Montilla se retira. Combate junto con el general Jacinto Fabricio Lara, los alzamientos «mochistas» en Barquisimeto (diciembre 1899) y regresa a Guaitó.
Encargado de la jefatura del castillo de San Carlos en la barra de Maracaibo (octubre 1900-abril 1901), se siente prisionero y prefiere huir; se alza de nuevo en el estado Lara (octubre 1901) y se une, luego, a la Revolución Libertadora, participando en los combates de la zona de Lara y Trujillo. Derrotado en la batalla de Barquisimeto (mayo 1903), regresa a las montañas de Guaitó, sin someterse.
Cipriano Castro
Su oposición irreductible al régimen de Cipriano Castro hace fracasar todo intento de conciliación. Castro, al darse cuenta de que era sumamente difícil derrotar a Montilla y de que este iba a ser un constante foco de conflictos en la región, decidió ofrecerle cargos políticos para mantenerlo alejado de su tierra. Castro le propuso que con 70 oficiales ejerciera la vigilancia de la frontera colombiana. Aceptó, pero al poco tiempo se dio cuenta de que se trataba de una trampa. Le mandó a decir a Castro, en forma de amenaza y con fina ironía: "es más corto el camino desde Guaitó a Miraflores que de Capacho a Miraflores". Desde ese día empezó un asedio contra "El Tigre". Lo acecharon los ejércitos de Lara, Barinas, Portuguesa y Cojedes; pero no lograron capturarlo. Al asumir el poder Juan Vicente Gómez, le ofreció garantías para que saliera de Guaitó y éste siempre contestó con evasivas.
Muchos de los que allí pelearon con Montilla estarían luego en el ejército de Gabaldón en la revolución de 1929 y los hijos de éstos darían su apoyo a los movimientos guerrilleros de los años 60.
La muerte de Montilla, fue el 21 de noviembre de 1907, fue asesinado de un machetazo -por la espalda, por un hombre de apellido Canelones, El cuerpo del asesino también fue encontrado, con un tiro, junto al cadáver de Montilla.
Los restos de Montilla son luego exhumados y enterrados en Boconó
EL TIGRE DE GUAITO
POR JOSÉ LEON TAPIA
EXPLICACIÓN Y DEDICATORIA
Para la escritura de este libro fue indispensable la colaboración de muchos hombres del acontecer venezolano. Desde Avelino Moreno, campesino historiador de Caldera, hasta Ramón J. Velásquez fecundo intelectual y académico de la historia.
A lo largo de sus capítulos se encuentra la traducción oral de todos los nombrados en el relato y la información escrita de conocida bibliografía, hasta el trabajo testimonial de Francisco Santander, de Guárico, que me envió generosamente su hermano Germán. Sin olvidarnos de Tarsicio Silva, de Barquisimeto, quien alternó su actividad de visitador médico en los pueblos de Lara, Portuguesa y Trujillo, con la búsqueda de las huellas perdidas del Tigre en la cruz de los caminos.
Finalmente, revisamos hasta un censo sanitario efectuado en Guaitó el año de 1959 por el Doctor Felipe Hernández, antiguo médico rural de esos predios. Allí encontramos los nombres de los guerreros vencidos por la enfermedad y el tiempo.
No quiero olvidar tampoco, que este relato tuvo animadores entusiastas en la persona de Manuel Bermúdez, León Levi y José Vicente Abreu. Y el aceite tenaz y generoso de Néstor Tablante, compañero de muchas andanzas. Y los campesinos de Montilla que aún esperan redención, verdaderos autores y actores de todos los acontecimientos aquí narrados. A todos ellos dedico estas páginas de muerte, vida y recuerdos.
José León Tapia.
Ediciones CENTAURO/79
Caracas octubre, 1979
"Machete epando, mi coronel,
que con la vida le pago
si no le tomo el cuartel".
POR LOS CAMINOS DE LA SERRANÍA
Había pasado muy fugazmente por las tierras de Trujillo aunque conocía su historia, la cual comencé leyendo viejos libros y escuchando los relatos diluidos con el tiempo, de viejos trujillanos que se aposentaron, después de tantas guerras, en la altura barinesa. Así me fui metiendo en la intrincada maraña de esos tiempos guerreros. Sin embargo, jamás había pensado escribir sobre Rafael Montilla hasta que un día me encontré con Avelino Moreno.
Don Avelino Moreno es un anciano largo, blanco y flaco, con los ojos vivaces como su memoria extraordinaria, que lo hace un archivo ambulante del acontecer venezolano. Sus andanzas de campesinos serrano le dan aire de patriarca, cuando estira sus ochenta años bajo el opaco sol de calderas.
Con el hablamos sobre Ezequiel Zamora; y sus manos accionaban con firmeza al nombrar a Maisanta y su barco pitador. Pero a pesar de todo el encantado de la conversación, iluminada "imaginación de novelista" como dice su paisano Orlando Araujo, no le prestaba mucha atención a los episodios que cada vez me relataba sobre la azarosa vida del "Tigre de Guaitó".
Hasta que una vez habló tanto y con tanta decisión en su voz, que terminó por convencerme y me hizo comenzar a deambular por los caminos ondulantes de Trujillo, Portuguesa y Lara tras su mundo de guerra, muertes y fantasmas. En un viejo libro lleno de candor en su lenguaje y pasión profunda en el relato, encontré la primera narración de un testigo presencial como el Dr. Fabricio Gabaldón, autor de "Rasgos Biográficos del General Rafael Montilla".
Una tarde en Calderas, me lo regaló dedicado con letras temblorosas con don Avelino Moreno, amigo de Gabaldón, admirador de Montilla y todavía liberal amarillo en 1973. En esas páginas olorosas a alcanfor y comidas por las polillas, me topé de cuerpo entero con ese personaje increíble, pura zozobra, violencia y valentía en su vida guerrera por entre esos cerros azules, plateados de trecho en trecho por los yagrumos brillantes que hacen visos con el sol.
Su encanto me hizo salir de mi llano para encumbrarme por las serranías y me contagio el amor por esas tierras de leyendas y mil veredas, donde se pierde la imaginación con fantasías alucinantes. En esas montañas verde oscuro me encontré también con Antolino Hernández, el ahijado de Rafael Montilla viviendo en un rancho de tierra roja sobre la ladera pendiente.
Carota, Ñema y Tajá - Montilla
Al hijo de Manolán, Ángel María Torrealba, con su sombrero pelo e' guama y liquilique cerrado, atendiendo su pulpería en la calle real de Campo Elías. Al maestro Eugenio Montilla, hijo del guerrero montillita, enseñando a los hijos de la aldea, encontrarse con su antepasado que comandaba soldados furiosos en la escuela de la guerra.
A la anciana Débora Acevedo, con su memoria intacta, caminado a paso lento por la calle larga de Guaitó y contando sus historias de guerra como si hubiera sucedido ayer. En la entrada, junto al recodo del camino que bordea el río, vive Rafael Ángel Montaña, pequeño, enteco, moreno, aindiado, la misma imagen de su padre el General Eugenio Montaña y con todos los rasgos duro de su tío, el propio Tigre de Guaitó.
Allá adentro de la selva, entre los valles estrechos de guaitoito, la vieja hacienda del General, con sus patios sembrado de balas. Más acá, sobre Guanare, en las colinas que dominan las vegas exuberantes, alarga su vejes Benjamín Piñero, el último de los Piñero, con cien años sobre su espalda, siempre viviendo el pasado, con la mirada perdida en las curvas distintas del río.
Guaito. Calle donde velaron al General Montilla
Campo Elías, La Cruz de los Caminos, Guaitó, Guaitoito, el Páramo de las Rosas, El Potrero de el Jabón con rumbo a los Humocaros y los Lagos verdes de él Tocuyo, Biscucuy, Chabasquen, Boconó, San Miguel, Burbusay pintando de blanco el paisaje al bajar hacia Trujillo y Jajó, la propia cuan del León de la Cordillera, General Juan Araujo.
A todo lo largo del recorrido, el primor de las flores, en los jardines, cruces en los caminos, hombres somnolientos en caballos casi dormidos, iglesia de calicanto, ancianos contadores de cuentos, la veneración por los muertos, la sombra de los caudillos, todo un conjunto aparentemente uniforme que desboca la imaginación por las veredas del recuerdo. La iglesia de Trujillo con su torre quemada por la furia roja y el fuego de Eugenio Montaña, la casas verde de Juan Bautista Carrillo Guerra, refugio de su anciana y solitaria hija, fiel guardiana de las sombras de un pasado sin posible retorno. Santos, cálices, custodias, la gran sala amueblada tal como la dejó su padre. Y los grandes retratos colgados de las paredes, mirándonos fijamente con los altivos ojos de la raza castellana. Más adentro la capilla para la misa diaria, al lado del cuarto de los señores con la gran cama de roble negro y sobre ella las muñecas de trapo y cerámica con las que hace cien años jugaban las hijas.
Al bajar la escalera, una oscura sala de tienda abandonada, donde por mucho años estuvieron intactas la mercancía que se salvaron del saqueo de 1899, el gran negocio mercantil de don Juan Bautista Carrillo Guerra, Gobernador y Jefe ungido de los más jóvenes conservadores de Trujillo. Adentro todo es oscuridad, armaduras vacías, telas deshechas, libros podridos, machetes oxidados, silencio y olvido para los que no conocen la historia; vivencias imperecederas que aprietan el corazón para quienes sienten la patria que se nos escapa.
Más allá, al salir de la oscuridad bajo el cielo almagrado de Trujillo, y el frío de los páramos, soplan alegre los aires de Jajó, con la estela oligarca que dejaron los Araujos muchos Baptistas y muchos Araujos, dignos hijos y sobrinos del General Juan, aquel León de melena y barba blanca, batida por los vientos de los riscos. Imperceptiblemente se pasa del mundo godo colorado, al mundo liberal amarillo de Rafael González Pacheco, los Grabi, los Gabaldón, los Cañizalez, los Vázquez y Rafael Montilla. Eran las familias oligarcas contra las familias liberales, en continuo batirse de sangre, violencia y muerte, como lo decía dramáticamente don Andrés Maldonado la mañana de Caracas que pasamos juntos recordando su tierra.
Eso es lo que todavía se palpa al andar buscando el rastro del Tigre y sus indios campesinos. Un hombre que creyó que los amarillos iban a defender sus derechos, para encontrarse al final conque después de todo, la clase de ellos los juntaban con los oligarcas para acorralarlo a él, "un indio ambicioso" en sus guaridas guardias de Guaitó, como animal dañino contra el cual no se da cuartel. Porque en el fondo, sus soldados sólo querían tierras y libertad y acabar con los privilegios de los grandes grupos familiares dueños de todo: bienes, poder y vidas.
En esa identificación de uno y otro bando se manifiestan diferencias al nombrarle a Rafael Montilla. Para los descendientes de los grande señores de la tierra, Montilla fue sólo eso un criminal y bandido, que no representaba nada en aquellas guerras sin sentido. En cambio vimos llorar de pena a su último asistente, Benjamín Piñero, mientras nos contaba el episodio de su muerte.
José Rafael Gabaldón
Es más interesante aún el hecho comprobado en nuestras caminatas por esos rumbos neblinosos, que mientras las grandes familias se aliaron con Castro y Gómez y todo lo que ellos representaban en la vida nacional, los campesinos de Guaitó y de todos esos valles azules, los hijos de Montilla, de Manolán, de Hermenegildo Lucena, de los Piñero, de los Parada, de los García, de los Barroeta y tantos otros, fueron los mismos hombres de Rafael Gabaldón en 1928, cuando su grito de Santo Cristo se oyó solitario y largo, en la patria oprimida, como un estertor entre la bala de su rebelión, contra el enorme poder nacional y extra-nacional de Juan Vicente Gómez "para mantener la conciencia" como nos dijo Antolino Hernández en la bajada de "Tierra e' Loza", protegieron a Argimiro Gabaldón, quien con su mente plena de esperanza y todo el peso de sus ancestros revolucionarios, deambulaba como alma plena luchando por su causa el año de 1963, por los mismos senderos de Biscucuy, El Charal, El Cerro Zaguas y el Paramo de las Rosas.
Todo ese universo de encantos, leyendas, tradiciones y lealtades permanece intacto en esas cumbres. Para descubrirlo es necesario recorrerlas con la historia en el corazón y ganarse la amistad de esos hombres, que para muchos no significan nada, pero para nosotros son ignorados testigos invalorables para el estudio del acontecer nacional que nos permita comprender desde abajo, nuestra propia identidad de pueblo, de nación. Pero todo eso me ha parecido útil para narrar en este libro todo lo que ellos me contaron.
AL ENCUENTRO DEL RELATO
La Carretera empinada con su camino de curvas, bordes de los riscos. De trecho en trecho las cruces y los montones de piedras blancas que ofrendan a los muertos. Abajo el vacío profundo del precipicio, deja ver las corrientes rumorosas de las quebradas. Las aguas bajan por sobre las piedras levantando crestas de espuma y neblina.
Arriba, entre las nubes, se divisa una casa. Soportando un frío cortante avanzamos por el serpentín fragoso del camino, hasta el rancho solitario aposentado allí, en la falda de la ladera.
Alrededor todo es perfume de cafetales, humedad de la tierra, canto de pájaros, flores rojas de montaña y niebla azul. Aliento del cielo y de los montes. En el rancho sólo miseria, desolación y hambre en la cara de los niños, el vientre de la mujer y el cuerpo inmensamente flaco de Antolino Hernández, el abuelo cuando entramos al patio nos mira intensamente como si nos interrogara con su mirada de cien años.
Avelino Moreno y yo lo saludamos con respeto, con profundo respeto, ante el último soldado del Tigre de Guaitó. _ ¿El General Montilla? ¡Claro que lo conocí y fui su amigo. porque era mi padrino _ contestó Antolino al comenzar la conversación _.
Hablaba con voz fría, como cansada, pero sus ojos centenarios se iluminaban con la luz de su emoción a medida que mencionaba a su General.
_Yo no sé exactamente cuándo nació, pero fue el año de la batalla de Santa Inés, según me dijo mi taita. Y Avelino Moreno, con sus ochenta años de sapiencia por los caminos de Barinas y las páginas de sus libros apolillados, confirmó la fecha con suave tono patriarca: _ Fue en 1859, Don Antonio.
Entonces Antolino agarró el hilo del relato como si cogiera un camino, el largo camino de su propia vida.
_Su papá fue don Custodio Montilla y la mamá Juana Petaquero, vio la luz en San Miguel. aquí mismo en Trujillo. Pueblo de indios como todos los de esta serranía. Lo que si recuerdo bien es su padre, don Custodio, era tullido. Andaba en una sillita de ruedas, pero así y todo, montaba su caballito manso arrendado con esmero, de Guaitó, donde toda mi vida.
_Imagínese que me acuerdo del día en que el Presidente Andueza Palacios empezó su guerra para cogerse el gobierno.
_En ese tiempo ya estábamos viviendo en esta casa recién hecha. No lo olvidaré nunca, porque esa noche nos reclutaron las fuerzas del General Ferrer. Y continuando el relato, prosiguió el hombre: _Aquí todos decían que el abuelo del General Montilla fue un indio colombiano que licenció el General Bolívar después de Carabobo, el hombre venía herido, buscando para su tierra y por eso se paró en San Miguel, donde lo curaron las Petaquero, unas muchachas huérfanas pero las más bonitas del pueblo. Gauma, como se llama el indio, era tan agradecido y buena gente, que se arrocheló viviendo en la casa, para ser útil en lo que pudiera. Pero el amor pudo siempre llega cuando tiene que llegar y a la larga terminó juntándose con una de las muchachas, que sería después la abuela del General Rafael Montilla.
Ese día conocimos a Antolino Hernández desde por la mañana no se detuvo la conversación. Ya al anochecer en aquella aldea de Guaitó, estaba enterado de Antolino y confirmación de Avelino Moreno, de la vida azarosa, increíble y legendaria del que llamaron "EL TIGRE DE GUAITO".
Inti Illimani Historico, Montilla
DE SOLDADO A GENERAL
San Miguel con sus calles de piedra y casas blancas de tejas rojas. La Plaza llena de flores de cerro: hortensias, azucenas, capachos rojos, al frente de tropel de muchachos corrían por sus caminos de lajas, Rafael Montilla, adelante iba él jefe de ataque a piedras de una banda contra otra, de zagaletones del pueblo. Cara de indio, cuerpo robusto, manos de tigre, piernas de acero, de los muchachos serranos acostumbrados a trapear laderas. Ese día casi al final del encuentro, una pedrada lanzada por su brazo de fuego, le dio en plena cabeza a uno de los hijos del hacendado más rico de los alrededores.
Como ya el indio era un zagalón que hasta cárcel merecía, se escapó esa misma noche como arriero y amanuense de su padrino el General Santana Saavedra, buscando los rumbos helados del páramo de Mérida. Era el año de 1875 y allá Rafael Montilla detrás de la mula trotona de su General, Siempre a pie y atento a las paradas para solicitar el pienso, ensillar y desensillar la cabalgadura, quitarle las botas al padrino y después dormir bajo la ventisca, alerta siempre con el wínchester listo de la colgadura.
Pero ya era un hombre y los hombres libres tienen otro destino. Por eso se rebelaba contra su condición de sirviente y sólo esperaba la primera oportunidad en aquellos páramos de muerte, para demostrar a todos la hombría que llevaba. Se fue furtivamente por las veredas de niebla y en las cercanías de San Miguel buscó a sus amigos de la infancia atormentada. Con Andrés y Eugenio Montaña, sus compañeros de barrio, formó una partida de guerra para mantenerse libre de los atropellos de los caciques que mandaban en el pueblo.
Armados de escopetas se paseaba por la aldea, cultivaban sus conucos y llevaban sus frutos al mercado en un largo arreo de mulas negras. Adelante la mula campanera sonando alegremente su campana en las vueltas del camino, allá lejos las aguas tormentosas del Burate se deslizaba espumosa, con su mundo de fantasmas recogidos de crecientes.
En San Rafael de Guandà vivía el cacique mayor, el hombre que con más codicia imponía su voluntad a los campesinos de esa comarca. Solo él podría vender los frutos, sólo él compraba al precio que le convenía, era el único dueño de las tierras feraces y cobraba a su antojo el impuesto al aguardiente de caña blanca.
Un día cuando venían lo jóvenes con sus cargamentos de verduras y hortalizas de las vegas del río, Francisco Baptista los hizo prisioneros para obligarlos a vendérselas y alejarlos del negocio. Esa tarde, a pleno sol, los puso a los tres en un cepo de tortura, negándoles el agua que pedían sedientos y manteniéndolos en el suplicio aherrojados en la tierra, como castigo ejemplo por haberse atrevido a comerciar libremente.
A los tres días con las piernas llagadas y el hambre agotando sus cuerpos, fueron puestos en libertad, creyendo Francisco Baptista que bastaría con ese escarmiento para disuadirlos.
Pero los jóvenes eran jóvenes rebeldes dispuestos a defender lo suyo, aun al precio de su sangre. Y una noche sin luna en los cerros, lo esperaron en el camino, allá en la curva de la Horquilla. Baptista cayó herido con tres tiros en el cuerpo y los tres amigos se perdieron en la oscuridad, para buscar refugio seguro entre las tropas de la guerra, en las filas liberales, únicas que les dieron protección contra los oligarcas de Trujillo. Así inició Rafael Montilla una vida de ejército en ejército, de hacienda en hacienda como jornalero de alquiler, de aventura en aventura como la desgracia que manchó su vida.
En ese ejército su amigo Manuel Iturrieta, lo presentó al General Diego Bautista Ferrer, Comandante de los batallones de línea que enviaba el Presidente Andueza Palacios. Dese entonces lo pusieron como baquiano recorriendo los caminos y veredas de las montañas andinas.
Comenzaba así la guasábara de mil escaramuzas que signarían su vida. Una tarde, ya llegando al cementerio de Carache, en su primer encuentro con los godos, se hizo jefe del piquete de vanguardia y tomó por asalto la defendida posición enemiga, después de un sangriento combate. Persiguió a los derrotados con tanto ímpetu, que el General Federico Araujo tuvo que retirarse apresuradamente con las fuerzas oligarcas. "¡Viva el Partido Liberal Amarillo! ¡Abajo los godos! ¡Mueran los Araujo!". Un toque de clarín, largo y fino, rasgó de pronto el cielo abrumado. Un soldado liberal lanzó con emoción el grito de victoria: _ ¡viva Montilla! y al oírlo Diego Bautista Ferrer, alzando su muñón tinto de sangre lo corrigió con voz sonora:-¡viva el General Montilla, carajo!
Así lo ascendió en pleno combate como se asciende a los valientes. A lo lejos, el eco de los cerros rompió el silencio y el ¡viva Montilla! se mezcló con las brumas, se esparció con los vientos, meció los grandes árboles, hico cantar los pájaros y dio nacimiento a la leyenda.
Así nació el mito de un nuevo caudillo, que sin ideología precisa, pero con solo el instinto alimentado por largos años de opresión, sería en lo futuro el símbolo de la rebelión de los campesinos, que después de cada batalla, se iba a Guaitó, que comenzaba a ser su guarida, como la madriguera del tigre.
"Un tigre amarillo
de pinta menuda,
con dientes de acero
y garras de fuego,
es Rafael Montilla"
Como cantaban los juglares en las fiestas de los pueblos. Allí se refugió con los suyos, en sus verdes vegas de caña dulce, rojas siembras de café maduro y blancos maizales de barbas doradas. En estos predios de fresco verdor, cascadas de agua clara, caminos de curvas estrechas y sol encapotado por cúmulos de neblina, inició una nueva vida con los compañeros que lo secundaron, ahora nadie se atrevía con ellos, porque sabían el poder de sus machetes, de la furia de su corazón y del plomo de sus fusiles, listos permanentemente, a la espera de nuevos acontecimientos.
LA INCOGNITA DE UN MACHETAZO
(Guaitoito Edo. Lara) 21 de noviembre de 1907
Esa tarde salió temprano el General de la casa de palma parda bajando la larga cuesta por el camino del conuco de Jacinto Canelones, un parcelero que tenía su rancho, allá lejos a la orilla de una quebrada de agua cantoras.
Jacinto Canelones había sido un niño huérfano, que vivía con su madre viuda en un ranchito de un solo cuarto. Allí dormían los dos, hasta que la madre consiguió concubino, que de un día para otro se transformó en el dueño de todo. Desde entonces Jacinto tuvo que soportar sufrir sus groserías y latigazos, cuando lo ponía a guarear loros para que no se comieran los maizales y se quedaba dormido bajo la sombra de los guamos.
Por eso a pesar de sus escasos doce años, comenzó a aprender el manejo del trabuco naranjero, que guardaba su padrastro en el rincón oscuro del cuarto. Lo sobaba con sus manos de niño le cambiaba la chispa de pedernales, subía y bajaba lentamente el gatillo y lo cargaba, alimentando el ancho cañón de gran calibre.
Al estar absolutamente seguro que no podía fallar el tiro, Jacinto se hizo el dormido en el maizal espigado y en lo que llegó el padrastro enfurecido agarró el oxidado trabuco sin apuntar, le descargó el puñado de guáimaros dejándolo tendido en el patio. Al volverse para donde su madre, que le gritaba en la cocina le dijo con profundo desprecio: ___ Se lo avisé mamá, le rogué que lo dejara y ustè no me hizo caso. ¡Ahí tiene su vaina! esa misma noche se presentó, en busca de protección, ante el General Montilla, quien al escuchar su relato, le gustó la entereza del muchacho y decidió hacer de él un bravo guerrero y su hombre de confianza, tal como lo necesitaba para sus campañas. Mucho tiempo después, lo dejaba siempre encargado de la casa, mientras se iba lejos en sus guerras, llegando a ser Jacinto Canelones algo indispensable, en la vida agreste de la hacienda del General.
¿Enamoraría Jacinto Canelones a la misma mujer que le gustaba a aquel hombre atormentado, que había sido su amigo, su protector, casi como un padre? Esto dicen algunos de sus viejos soldados, pero desde el momento en que el General comenzó a bajar la vereda empinada, hacia el rumbo de Jacinto, todo se confunde con la leyenda inextinguible de los relatos dispersos.
Bajaba el sol poniente, se iba apagando la luz del atardecer y las sombras cubrían lentamente la tierra y los valles oscureciendo el camino por entre la arboleda. Allá al final, el canto del agua despertó la sed del General, se detuvo un momento mirando a todas partes, como si su sentido alertas le avisaran el peligro. Después comenzó a cruzar la quebrada y en la orilla contraria, se inclinó para beber en el cuenco de las manos. En el pozo de aguas claras se reflejó el machete fulgurante del asesino, que desde el barranco inmediato se abalanzó sobre su espalda para cercenarle la cabeza.
Pero su instinto salvaje fue más veloz que el arma homicida que batía el viento, porque como un rayo en la serranía sonó el disparo de su revólver, rápido en su mano, ante el indicio de la muerte. Y Jacinto Canelones cayó partido de un tiro sobre la corriente rumorosa.
Al mismo tiempo se escucho el ¡zas! de un machetazo que se ha quedado en la incógnita. Porque cincuenta años después permanece en el más inescrutable misterio: ¿Podría, antes de morir Jacinto, acertar el golpe certero? ¿Lo remataría Pastor Silva que como espaldero, siempre iba detrás, a cuatro pasos de su General? Esa noche la luna salió pronto, reflejándose en las aguas blancas. Tendidos uno al lado del otro, quedaron solos los cadáveres, el Tigre decapitado, surtiendo con su fuente de sangre la quebrada, y el de Jacinto Canelones, bandeado por una bala en la columna, con la cara al viento y a la luna clara.
Al estado que llega Montilla
al estado que Montilla llegó:
¡un hombre tan valeroso
y Jacinto lo mató
Así dice la copla que se prolonga en el recuerdo doliente pero inmortal de su pueblo. Más profunda se hace la incógnita.
ENTIERRO CON BANDERA AMARILLA
Julián Piña, Antolino Hernández, Bejamin Piñero y todos los oficiales que lo buscaron una noche entera, hasta encontrarlo por la mañana, recogieron el cadáver de Montilla. Lo velaron con guardia de honor durante veinticuatro horas seguidas, en la gran casa de tejas rojas en el caserío Guaitoito. Y eran llantos y sollozos mezclados con las miradas torvas de los hombres que desconfiaban y sentían el alma atormentada por la sospecha mutua, como una lanza en el pecho con la sombra de duda.
Esa noche fue de romería, de los rincones más recónditos de las distancias azules. Desde Lara y los Humocaros, por Guarìco y el Tocuyo, bajaban hombres y mujeres acongojados para el velorio. Y desde Córdoba y Biscucuy, por el camino de Chabasquen, los amigos de Portuguesa. Por Campo Elías se vinieron los de Bocono, Burbusay y San Miguel, a ofrecerle el tributo de su afecto y su recuerdo. Fue un continuo pasar de gentes en bestias, carretas y a pie descalzos, por las cuestas empinadas, desafiando los puestos de guardia, por travesías increíbles, para despedirse del General que les había cautivado el corazón.
Llegar a Guaitó es todavía una larga aventura que significa cruzar Trujillo y la raya de Portuguesa, para internarse en las neblinas de la sierra larense, donde se aposenta al aldea, como un refugio de Cóndores altivos en la cúspide de un picacho. Por eso las veinticuatro horas fueron escasas para recibir tanta gente, y tuvieron que velarlo por dos días seguido, entre una montaña de flores que le ofrendaban sus soldados. Geranios, clavellinas, malabares, rosas blancas, rosas rojas, claveles de páramo, pensamientos azules y hortensias.
Muy de mañana, al tercer día, salió el cortejo desde la casa ensombrecida y por el camino retorcido que circundaba el cerro, lo trajeron a la aldea, para pasearlo por la calle larga de Guaitó, en hondonada suave como una curva de guitarra.
En una carreta de bueyes sardos, traían la negra urna y sobre ella una desteñida bandera de las batallas, los bueyes lentos con ojos melancólicos y caminaban con paso cansado del diestro de Hermenegildo Lucena, el hombre de los asaltos. Adelante, el macho negro enjaezado con la montura de lujo; del pico de plata de la silla, colgaba la gran espada; sobre el asiento, de lado y lado, las negras botas largas.
Pero lo más hermoso era el enorme macho cabos blancos, con su gigantesco pecho negro cruzado desde el pecho por una ancha banda de estambre amarillo, que tejieron las mujeres del pueblo. Más adelante todavía, el corneta y dos centinelas, a paso vistoso de parada; y en el cañón de cada fusil, flameando al viento, un crespón de luto. Se vinieron calle abajo hasta la esquina de la Plaza Bolívar de Guaitó, donde aparecieron los cantores de Lara, con seis cuatros y tres guitarras, para cantarle la despedida con tres voces entonadas:
Ahí viene Montilla
a las diez del día,
de espaldero trae,
pura artillería.
Montilla con su machete,
Anacleto con la lanza,
el máuser por lo que suena,
el cañón por lo que alcanza.
Ahí viene Montilla
con su artillería,
y rompe los fuego,morena,
a las diez del día.
Montilla esta enmontañao:
no se metan caraqueños,
ese es un hombre que despierta
a todo el que tenga sueño.
Rafael Montilla se alzó
y se volvió un papagayo,
y a Caracas fue a caer
entre relámpagos y rayos.
Ahí viene Montilla
en su macho negro,
y de espaldero trae
a Nolberto Moreno.
Nolberto Moreno
va pa`Terra e ´Loza,
que se la ha perdido
Calixto Peraza.
Ahí viene Montilla
a las diez del día,
y rompe los fuegos, morena,
el Ave María.
En las sierras de Trujillo
hay valientes por montón
pero el que tiene más brillo,
es el Tigre de Guaitó.
El coloso de los andes,
el valeroso Montilla,
es muy grande entre los grandes,
y liberal sin mancilla.
De mis glorias de soldao
recuerdo la que más quiero:
siempre me sentí honrao
de ser un buen montillero.
Al estado que llegó Montilla,
al estado en Montilla llegó,
un hombre tan valeroso
y Jacinto lo mató.
Montilla está en Humocaro,
mañana estará en Guaitó,
y los díceres es que pasa,
camino hacia Boconò.
Pobrecitos trujillanos
y la gente de Jajò,
tener que pelear tan duro,
con el Tigre de Guaitó.
Continuó su camino el cortejo y en la esquina, de bajo del candelero, se quedaron solo los músicos, con sus voces destempladas por el licor de la caña blanca y del dolor que los embargaba. Y en seguida pasaron las mulas sudorosas, halando el cañoncito de ruedas de palo, que se había traído de la guerra para proteger su refugio, desde la cúspide del cerro.
Lo llevaron a enterrar sus más viejos compañeros, mirándose uno a otros como si se preguntaran que iría a ser de ellos, después de la muerte de su General, el símbolo y la fuerza que le mantenía el espíritu. Con el tronar del cañón le rindieron los últimos honores en el Cementerio de Guaitó, eso hombres de ropas harapientas, uniformes desteñidos, sombreros desgarrados, barbas largas y espesas, cara de llanto y de pena.
Y en el cementerio del monte, en un claro de tierra roja, sembraron la cruz blanca del General Montilla. Después silenciosos y entristecidos, se fueron por los caminos perdidos de los ranchos.
ENTRE RELATOS Y FANTASMAS
En aquel lugar continua Guaitó, detenido en el tiempo, con sus mismas veinte casitas, los ranchos colgados del cerro, las neblinas azules, las quebradas musicales, los cafetales maduros, los cañaverales de caña blanca y la permanente lluvia, fina como las cuerdas de un arpa.
Los ancianos que aún sobreviven, antiguos compañeros del Tigre, han comenzado a morir. Hace diez años Hermenegildo Lucena, no hace quince Manolàn. Pero hasta no hace mucho vivian todos, como si el viento gélido, el díctamo real y la neblina de las alturas les prolongara la vida, extrañamente en una ancianidad centenaria, diluida en los recuerdos. Esta gente parece hecha de neblinas y recuerdos. Porque para ellos no ha cambiado nada esta misma tierra, pues para llegar a Guaitó hay que recorrer un largo camino, el mismo sendero de recuas del año 1900.
Los que decidieron quedarse ahí, resolvieron su vida sencillamente aislándose del mundo de la Venezuela moderna. Pero en cada casa de la aldea, se encuentra un recuerdo viviente, prefirieron eso, seguir en el pasado, viejos y jóvenes, setenta años después, añoran a su General y hablan orgullosos de sus hazañas en ese recinto de fantasmas.
Fin de la cita del libro
Montilla
(Popular venezolana)
Vengo a trovar este golpe
que un amigo me mandó
pa' que mañana o pasado
hagan lo mismo con yo.
Ahí viene Montilla a dar la pelea
y viene diciendo, morena: la bala chirrea.
Él armó su gente con la artillería
y prendió los fuegos, morena, al Ave María.
Al estado en que llegó Montilla,
al estado en que llega'o.
Un hombre tan valeroso
y a Montilla lo han mata'o.
El que me dijera negro
yo no me enojo por eso
porque negro tengo el cuero
pero blanco tengo el hueso.
Dicen que Montilla viene,
dicen que Montilla va,
yo digo que eso es mentira
porque yo vengo de allá.
Un veintiuno de noviembre
de mil novecientos siete
muere el general Montilla
asesinado a machete.
El Golpe Larense o Tocuyano "Montilla" pertenece al folclor tocuyano, anónimo, existen versiones muy variadas desde la gran Lilia Vera, con versión existente tambien de Pablo Milanés (en el video), Inti Illimani, Illapu, y también versionado por el grupo venezolano "Carota,Ñema y Tajá". Todos de excelente calidad. La letra se fue "construyendo" desde el siglo XIX con añadidos de versos o situaciones,
Nacio enSan Cristóbal, el 6 de julio de 1897. Hijo del general coriano José Rosendo Medina y de Alejandrina Angarita García. Militar y político venezolano que presidió la República de Venezuela desde 1941 hasta 1945. Isaías Medina Angarita estudió en su ciudad natal y a los quince años ingresó en la Escuela Militar de Caracas, de la que salió en 1914 con el grado de subteniente. Ejerció en un regimiento de infantería, y al año siguiente fue ascendido a teniente, y a capitán en 1917. En 1927 recibió el rango de teniente coronel y trabajó como profesor de español en la Escuela de Aspirantes a Oficiales, también de educación física en las Escuelas Federales de Caracas, en la Escuela Normal de Hombres y en el liceo Andrés Bello. Al ejercer estas tareas docentes, se va a relacionar con otros profesores y estudiantes de esos institutos, formando parte de grupos donde se discuten ideas y tendencias nuevas, mostrándose, en esas ocasiones, partidario de la autonomía universitaria. Más tarde, hace amistad con otros intelectuales y forma parte del Grupo Atenas y del Club de los Siete. Con el profesor Antonio José Sotillo aprende los métodos pedagógicos para aplicarlos en la Escuela Militar. Fue nombrado también jefe de servicio de la Dirección de Guerra del Ministerio de Guerra y Marina. Allí se inició su amistad con el general Eleazar López Contreras. En 1930, fue nombrado miembro de la Comisión de Reglamentos Militares y Navales; en 1931, ayudante interino de la Jefatura del Estado Mayor y a partir del 15 de julio de ese mismo año, jefe de servicio del Gabinete del Ministerio de Guerra y Marina y secretario, cargo que desempeñó hasta el 12 de julio de 1935.
El 1 de marzo de 1936 Isaías Medina Angarita ocupó la cartera de Guerra y Marina en el gobierno de Eleazar López Contreras. Durante sus años como ministro (1936-1940), Medina fue acusado de filofascista y hecho responsable de todos aquellos actos antidemocráticos que perpetraba el gobierno de López Contreras. Por el contrario, cuando éste ponía en práctica alguna medida respetuosa con el estado de derecho, se decía que lo hacía "a pesar de Medina".
Romulo Gallegos
Por ello, cuando en marzo de 1941 presentó su candidatura a la Presidencia de la República por el Partido Popular, Isaías Medina Angarita, cuando desde San Carlos (Edo. Cojedes), se lanza la candidatura de Medina el 3 de marzo de 1941, ya la del candidato de oposición, Rómulo Gallegos, tenía un mes en la calle apoyado por el Partido Demócrata Nacional en la clandestinidad. Aunque los comicios no eran directos, ambos candidatos emprendieron una ardua carrera electoral. El 28 de abril de 1941, el Congreso eligió presidente a Medina para un mandato de cinco años con 120 votos, Gallegos 13 votos y Diogenes Escalante 2 votos. asumiendo la presidencia el 5 de mayo de 1941.
Su elección fue acogida con gran recelo por la opinión pública venezolana, que temía el inicio de una nueva etapa de dictadura militar. Sin embargo, su mandato se caracterizó por la profundización en la apertura democrática iniciada durante el gobierno de su predecesor. Los partidos políticos fueron legalizados: entre ellos, Acción Democrática (anterior Partido Democrático Nacional), que comenzó a liderar la oposición, y el Partido Comunista, legalizado en octubre de 1945. El gobierno de Medina respetó las libertades fundamentales y permitió un intenso juego electoral, tanto local como federal. Se aprobó una reforma electoral que concedió el sufragio femenino y permitió la elección directa de diputados. La liberalización del régimen constitucional hizo posible la legalización de nuevos sindicatos y la consolidación de los ya existentes. Ello provocó una lucha política por el control de las uniones obreras entre Acción Democrática y el Partido Comunista.
Isaías Medina Angarita se caracterizo por un amplio respeto a los derechos humanos, emprendió importantes medidas de bienestar social, como la promulgación de una legislación de seguros sociales, la fijación de salarios mínimos o la reforma de la legislación laboral. Se inicia el proceso de cedulación en el país, la educación recibe un impulso decisivo y la escuela rural se hace una realidad. Una de sus medidas más significativas fue la firma de un convenio colectivo de la industria petrolera, que intentaba compensar a los trabajadores de este sector por la eliminación de sus sindicatos. Promulgó una ley de reforma fiscal tendente a garantizar una distribución más equitativa de las cargas impositivas, y emprendió la reforma del sector petrolífero (Ley de Hidrocarburos, 1943), así como una tímida reforma agraria (1945). Asimismo, trató de modernizar el sistema educativo venezolano, extendiendo la enseñanza obligatoria, creando nuevas escuelas y facultades universitarias y aplicando programas de alfabetización que redujeron de manera espectacular el analfabetismo.
Delgado Chalbaud
Isaías Medina Angarita obtuvo el triunfo del Partido Popular Venezolano en las elecciones municipales de 1944, pero el 18 de octubre de 1945, en vísperas de las elecciones presidenciales, fue derrocado por un golpe de estado encabezado por un grupo de militares agrupados en la Unión Patriótica Militar comandados por los Mayores Mario Vargas, Marcos Pérez Jiménez y Carlos Delgado Chalbaud, junto a los dirigentes del partido Acción Democrática, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Luis Beltrán Prieto Figueroa y Gonzalo Barrios, apoyados por embajada de los Estados Unidos.
El golpe militar se inició al mediodía del 18 de octubre, con alzamientos en la Escuela Militar y el Cuartel San Carlos de Caracas, así como en la guarnición de Maracay. El gobierno, sorprendido por la conspiración, intentó resistir con algunos cuerpos de tropas y fuerzas policiales leales a Medina, pero los golpistas controlaron la situación rápidamente
Posteriormente, esa misma noche se constituyó en Miraflores una Junta Revolucionaria de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt, la cual inició una nueva etapa en la vida política del país, particularmente al llamado trienio adeco 1945-1948, caracterizado por el desorden y el sectarismo político.
Los golpistas
Este golpe de Estado contra Medina Angarita, mal llamado “Revolución de Octubre”, derrocó por la fuerza un Gobierno que venía impulsando un proceso de democratización de la sociedad venezolana, el cual que había comenzado con la muerte de Juan Vicente Gómez. Los intereses económicos de las grandes compañías petrolíferas y del departamento de estado norteamericano estuvieron estrechamente relacionados con la caída del presidente.
Es necesario recordar que fue durante la gestión de Medina que se estableció legalmente el fifty-fifty, en la Ley Petrolera de 1943, el cual establecía que la suma de los impuestos de las empresas petroleras no podía ser inferior a la mitad de las ganancias de las mismas. Esta ley, naturalmente, puso en alerta a los agentes de las transnacionales del petróleo, quienes jugaron su papel en el derrocamiento del general Medina.
El nuevo gobierno decretó su expatriación y Medina se estableció en Nueva York (Estados Unidos). Rómulo Betancourt lo sustituyó al frente de la presidencia. El 8 de mayo de 1952 Medina Angarita sufrió una trombosis que le produjo una hemiplejia lateral. Pocas semanas después se le permitió regresar a Venezuela, donde murió al año siguiente a consecuencia de un aneurisma cerebral.
Fedecámaras, la guerra económica contra Medina Angarita y el golpe de 1945
Tal día como hoy, hace 69 años, FEDECAMARAS de la mano de militares pentagonistas, las transnacionales petroleras y los adecos, derrocaba al gobierno de Isaías Medina Angarita frustrando el proyecto de la siembra petrolera para imponer el del rentismo parasitario.
FEDECAMARAS -creada en 1943 por los importadores y banqueros para -en palabras de uno de sus fundadores Feliciano Pacanins- oponerse al gobierno de Medina, siempre negó y todavía niega su participación en dichos eventos. Sin embargo, no solo fue la gran beneficiaria de las políticas de la “Junta Revolucionaria” presidida por Rómulo Betancourt (así como más tarde lo sería de las de la dictadura de Pérez Jiménez), si no que hasta se permitió celebrar el derrocamiento de Medina y colaborar a su manera en el mantenimiento del nuevo orden.
“Por iniciativa de Don Luis Gonzalo Marturet muy eminente representante de los intereses públicos y privados (…) tan amenazados por las nuevas teorías y manejos de la cosa pública, que estaban y están utilizando los revolucionarios de nuestra época, fundamos la Federación de Cámaras de Comercio y Producción (…) Se nos ocurrió la necesidad de hacer una Federación que actuara contra el gobierno constituido”
Feliciano Pacanins. 51 años al servicio de Venezuela. P: 251.
Por caso, en aquel entonces, el militante de AD Alejandro Hernández fungía de dueño fundador de industrias PAMPERO (en la actualidad pertenece a la transnacional Diageo). Y a su vez, era uno de los cuadros directivos de FEDECAMARAS, pasando durante el Trienio a formar parte de las juntas directivas del Consejo Nacional de Economía y la Corporación Venezolana de Fomento. El primero, el lobby instalado para que FEDECAMARAS dictara la política económica del país para su provecho y real criterio. Y la segunda, la oficina de financiamiento gracias a lo cual sus socios comenzaron a darse “créditos” preferenciales la mayoría de los cuales nunca retornaron y tampoco usaron para lo que oficialmente se los dieron (desarrollar la economía nacional, las fuerzas productivas internas, etc).
Como sabemos, la mitología adeca que el propio Rómulo Betancourt se encargó de montar con su Venezuela, política y petróleo, siempre argumentó razones democráticas y nacionalistas para el golpe de Estado. Por un lado, se dijo que se buscaban acelerar el ritmo democrático del país acusando al gobierno de Medina de rehusarse al llamado a elecciones populares para la elección de su sucesor. Mientras que, por otro, se dijo había que detener el proceso de entrega del petróleo venezolano que según Betancourt y su escudero Pérez Alfonso, Medina había reafirmado con la ley de hidrocarburos de 1943.
Diogenes Escalante
Sin embargo, la verdad con respecto a lo primero es que entre el medinismo y los adecos había consenso en que la sucesión no se resolvería electoralmente de forma inmediata. Se había llegado al acuerdo de apoyar la candidatura de Diógenes Escalante, que venía de ser embajador en los Estados Unidos y a quien los adecos veían con buenos ojos por considerar que tenía desacuerdos con puntos fundamentales de la política medinista en materia económica, si bien era cierto que gozaba de toda la confianza del gobierno del General. No obstante, como quiera que haya sido, en uno de los capítulos más oscuros de la historia venezolana, termina resultando que Escalante –alojado tras su venida de Washington en el hotel fundado por Nelson Rockefeller para sus asuntos en Venezuela: el Hotel Ávila de San Bernardino- de repente enloqueció, tal y como lo reportó a las autoridades el que entonces era su secretario privado: el no menos oscuro Ramón J. Velázquez.
Tras la repentina “locura” de Escalante, Medina opta por apoyar como candidato a su ministro de Agricultura Ángel Biaggini, ministro especialmente odiado por la reacción por haber impulsado la Ley de Tierras y la reforma agraria del 45 que confiscaba tierras ociosas privadas. Biaggini, en lo concreto, mantenía la misma propuesta de Escalante de resolver durante su mandato el llamado a elecciones populares, pero entonces los adecos comenzaron un despiadado ataque sobre su persona acusándolo de todo lo imaginable, desde corrupto hasta ignorante y continuador de la “dictadura”.
Peréz Alfonzo
En cuanto al tema de la ley de hidrocarburos del 43, debe recordarse que los adecos –a quienes, dicho sea de paso, Medina legaliza como partido pues hasta entonces era un partido proscrito- por intermedio de Pérez Alfonzo se opusieron rotundamente a la misma durante su discusión. Particularmente, le criticaban el haber renovado las concesiones por un lapso de 40 años a las transnacionales, lo que consideraban poco menos que una traición a la patria. Empero, una vez en el poder, no eliminaron las clausulas que así lo establecían, pero lo que si hicieron fue modificar los mecanismos fiscales mediante los cuales se garantizaba que el Estado venezolano captará el 60% de la participación en el negocio petrolero mediante impuestos y regalías, así como el derecho a subir dicha participación de forma unilateral. Gracias a Betancourt y Pérez Alfonzo, la participación del Estado se redujo en un diez por ciento (él celebrado “fifty-fyfty”), pero además cualquier pretensión del estado venezolano de subir su participación debía hacerse en “consenso” y tras negociaciones con las petroleras. Por motivos como este, Betancourt sería tan bien visto siempre por las petroleras como por los gobiernos norteamericanos y británicos:
El empresario Eugenio Mendoza, en su momento ministro de fomento de Medina y quien tuvo que renunciar debido a las denuncias que desde todas partes se dirigían sobre el uso de su posición privilegiada para favorecer los negocios de sus empresas dedicadas a la construcción. El caso es que luego de derrocado Medina, Betancourt nombra a Eduardo Mendoza como su ministro de Agricultura, quien no solo era un cuadro probado de FEDECAMARAS sino además hermano y socio de Eugenio, con lo que la línea de continuidad de favorecimiento de los grandes grupos familiares desde el Estado se recuperó. Valga reseñar solo a título informativo que Eduardo Mendoza es el abuelo materno de “nuestro” Leopoldo López Mendoza y suegro de Thor Halvorssen, célebre agente de la CIA y la DEA vinculado a CAP y Pedro Tinoco e involucrado en los casos de terrorismo financiero de los años 90. El hijo de Thor Halvorssen, Thor Halvorssen Mendoza, primo de Leopoldo, dirige una organización denominada Human Rigths Foundation con sede en Nueva York, también una fachada de la CIA y la USAID para operar en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Todos estos personajes son a su vez familia de Lorenzo Mendoza Giménez, el mismo de la POLAR.
Las verdaderas razones del derrocamiento de Medina.
Entre las razones reales del derrocamiento del gobierno de Medina ninguna ha resaltado tanto como la petrolera. De hecho, son varios los que sostienen que Medina fue víctima del segundo de los cuatro golpes petroleros de la historia venezolana junto al de Gómez contra Castro en 1908, el orquestado contra Gallegos en 1948 por los militares y FEDECAMARAS tras su ruptura con AD, y el de FEDECAMARAS y la meritocracia petrolera contra Hugo Chávez en 2002.
El conflicto en el frente externo abierto por el gobierno venezolano fue aprovechado por la burguesía parasitaria local, que era la otra parte afectada por los planes industrializadores de Medina y sus ideólogos. Y es que esta burguesía parasitaria ya entonces vivía del negocio de usufructuar la renta petrolera para importar todo género de cosas y venderlas a precios especulativos, dado lo cual no tenía ningún interés en el desarrollo de una industria local. Pero además, se oponía férreamente a los controles de cambio y precio impuestos por el gobierno, tanto como medida coyuntural de defensa económica frente a los desajustes internacionales causados por la guerra, como estructural para domesticar al capital criollo, desincentivar su tendencia especulativa y proteger al consumidor desabastecido y especulado.
La reacción de la burguesía parasitaria criolla fue organizarse y emprender una guerra económica contra el gobierno de Medina. En 1943, por iniciativa de las Cámaras de Comercio de Maracaibo, Valencia y Caracas, crean FEDECAMARAS, gremial desde la cual se dieron a la tarea de coordinar sus acciones a nivel nacional pero, además, darse tribuna para incidir sobre el debate político imponiendo sus intereses al del resto de la sociedad. Se cumplía una vez más la profecía de Adam Smith: cuando los hombres de negocios se reúnen, sale perdiendo la sociedad.
La especulación y el acaparamiento de productos fue el mecanismo utilizado por FEDECAMARAS para generar condiciones de descontento social. Y para ello se valieron de la coyuntura crítica de la guerra pues, en la medida en que las importaciones se dificultaban, los precios aumentaban y el acaparamientos se generalizaba. Al mismo tiempo, presionaban al gobierno para que le diera cada vez más dólares. Y a cada nueva medida de éste por proteger a los consumidores o los trabajadores respondían con nuevos comunicados amenazadores y catastrofistas o acciones de fuerza como cierre de empresas, despidos y nuevos acaparamiento especulativos.
Oficial francés (general de brigada) al servicio de Venezuela y Colombia en la Guerra de Independencia. Oficial de Estado Mayor. Su verdadero nombre era Louis Gabriel Jean de la Croix Perú. Muy joven, era soldado en las tropas de Napoleón Bonaparte. Sirvió en Nápoles bajo el reinado de Murat. Al empezar la Campaña de Rusia (1812) fue enviado a Inglaterra para espiar las actividades de Luis XVIII. La victoria de los aliados y el regreso de los Borbones al trono de Francia (1815) lo obligaron a emigrar a América.
En las Antillas, se junta con el corsario francés Luis Aury quien navega bajo pabellón de Buenos Aires. En Providencia, Santa Catalina y San Andrés ocupadas por Aury, Lacroix es nombrado secretario de Estado del Gobierno de esas islas. A principios de 1821 pasa a Barranquilla y luego a Bogotá donde traiciona a su jefe y ofrece sus servicios al Gobierno colombiano para desenmascarar un supuesto plan de Aury de ataque contra Panamá, en unión del general argentino José de San Martín. A la muerte de Aury (agosto 1821) se enemista con el sucesor de este, el corsario haitiano Severo Courtois. En Cartagena, en 1823, publica unos panfletos difamatorios contra Courtois, quien lo demanda ante la justicia y gana el pleito.
En 1823 el General francés hizo parte del Estado Mayor del ejército de Bolívar quien lo invita personalmente y lo hace pronto su confidente y mano derecha. Estuvo al lado del Libertador en Bucaramanga durante la Convención de Ocaña, de donde escribirá en 1828 El Diario de Bucaramanga bajo petición del Libertador, una fuente de información invaluable para los historiadores sobre Bolívar. En enero de 1825 se casó con la bumanguesa Dolores Mutis Amaya en Tunja, la sobrina-nieta de José Celestino Mutis.
Fue el primer juicio de imprenta que se instruyó en la Gran Colombia. Se incorporó luego Lacroix al Ejército Libertador y trabajó en una sección del Estado Mayor con el grado de coronel. En enero de 1825 contrae matrimonio en Tunja con Dolores Mutis. En 1828, de abril a junio, vive en el círculo íntimo del Libertador en Bucaramanga; de esta época datan los recuerdos, notas y conversaciones con Bolívar que dejó escritas en el importante y discutido manuscrito titulado Diario de Bucaramanga, publicado por primera vez, en parte y bajo otro título, en París en 1870. En 1829 es comandante general del departamento de Boyacá y en octubre de 1830 es ascendido a general de brigada por el general en jefe Rafael Urdaneta, en su carácter de encargado del Poder Ejecutivo de Colombia.
Ese empleo le fue desconocido después de la muerte del Libertador por la reacción antibolivariana que cundía en Nueva Granada. Dejando en Bogotá a sus hijos y esposa, emigró a las Antillas y Nueva York. En 1833 se encontraba en Caracas, protegido por el marqués del Toro y Diego Ibarra. En 1835 tomó parte activa en la Revolución de las Reformas. Fracasada esta fue expulsado de Venezuela, con otros jefes «reformistas», en 1836.
Regresó a Francia expulsado de Venezuela, donde vivió en un estado vecino a la miseria. Se suicidó en París a fines de enero o principios de febrero de 1837, legando al periódico El Siglo numerosos manuscritos cuyas huellas se perdieron en la capital francesa. El Siglo del 18 de febrero de 1837 daba los informes sobre el suicidio de Perú de Lacroix. Entretanto, el periódico caraqueño El Liberal del 9 de mayo de 1837 reprodujo algunos de los escritos que Perú de Lacroix legó al diario francés.
se encontró una nota que decía:
"Cincuenta y siete años, una nueva caída política, separado de mi mujer y de mis hijos hace seis años, sin esperanzas de reunirme a ellos, sin fortuna, sin estado, la realidad de la miseria ya presente, y la perspectiva de sus inseparables compañeras, la humillación y la ignominia, son los motivos que me determinan a abreviar mis días, convencido, por otra parte, de que hay más valor en darse la muerte que en dejarse degradar..."
DIARIO DE BUCARAMANGA
Descarga en PDF el DIARIO DE BUCARAMANGA (haz clip), basada en el diario escrito por Lacroix durante su estadía como edecán de Simón Bolívar, entre el 1 de abril hasta el 26 de junio de 1828 en la ciudad de Bucaramanga en Colombia. Se considera un documento de valor biográfico, puesto que describe con detalle aspectos de la vida personal, pensamientos políticos y creencias del libertador. El diario fue escrito originalmente en la época en que Bolívar se desplazó a la ciudad de Bucaramanga con el fin de permanecer cerca al desarrollo de la Convención de Ocaña, la cual fue convocada el 2 de marzo de 1828 y buscaba llevar a cabo una reforma de la constitución.
En 1835, encontrándose en Caracas, De Lacroix lleva a cabo una corrección de la redacción original elaborando un manuscrito que llama El Diario de Bucaramanga. El mencionado manuscrito ocupaban tres pequeños volúmenes: el primero incluía los escritos desde el 1 de abril hasta el 1 de mayo, el segundo del 2 hasta el 25 mayo, y el tercero del 26 de mayo hasta el 26 de junio de 1828. En 1869, Fernando Bolívar, sobrino de Bolívar, basado en una copia del diario, publicó en París un apartado, en el libro Efemérides colombianas sobre Venezuela, Colombia, Ecuador que formaron en un tiempo una sola República. El libro incluye el segundo de los tres volúmenes originales del diario, el comprendido entre el 2 y 25 de mayo de 1828.3
En ese tiempo se supo que Ramón de Azpurúa poseía la obra original con la rúbrica de De Lacroix y que este se ofreció a donarla a la Biblioteca Nacional de Venezuela. Al parecer este hecho no aconteció pues el compilador de la primera edición del diario publicada en 1912, el escritor colombiano Cornelio Hispano, afirma que en hasta 1912 la obra original seguía siendo parte de la herencia de Azpurúa. Hispano afirma que para la primera edición se basó en una copia del diario prestada por la Academia de Historia Venezolana, la cual comprendía los dos volúmenes correspondientes al lapso de tiempo entre el 2 de mayo y el 26 de junio de 1828, acompañados del índice del primer volumen con la redacción original de De Lacroix. En el prólogo del Diario de Bucaramanga Hispano puntualiza que los manuscritos en poder de Azpurúa eran exactos a la copia en la que se basó, confirmando con ello la fiabilidad de la información en ellos consignada.
La edición más reciente de esta publicación estuvo a cargo del Ministerio de Cultura de Venezuela en 2009.
Aníbal Nazoa, El Oficio de la Escritura, El Compromiso y El Humor
El 12 de septiembre de 1928 nace en Caracas, en la popular parroquia San Juan, el que luego fuera un notable poeta, periodista y humorista venezolano, Aníbal Nazoa, en cuya obra se proyectan los valores de la cultura popular del país. Sus padres fueron Rafael Nazoa y Micaela González.
Fue un autodidacta. Laboró como carpintero, ayudante en bodegas de expendio de alimentos, empaquetador en el diario El Universal; telefonista y botones del hotel Majestic, en Caracas. Cursó estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela, los cuales no culminó.
“Nada seduce tanto como la sencillez, el buen gusto y la limpieza de las intenciones”, decía Aníbal Nazoa y, sin lugar a dudas, toda su obra fue creada bajo este signo y su dominio del arte del humor y el oficio de escribir, con el que sedujo y seduce a quien lo lee.
Es uno de los fundadores y militante consecuente del semanario humorístico El morrocoy azul, a la edad de 18 años. Igualmente, su pluma se paseó por los semanarios Fantoches, El tocador de señoras, Dominguito, El fósforo, La pava macha, La sápara panda y El infarto. Colaboró en las revistas El Gallo pelón, Cascabel, Elite, Momento y Semana.
Escribía las columnas Aquí hace calor, donde plasmaba su opinión respecto a la cotidianidad del venezolano; y Puerta de Caracas, referente a crónicas de la ciudad capital, ambas fueron publicadas en el diario El Nacional desde 1955 hasta 1991, bajo el seudónimo de Matías Carrasco.
“En esa época Aníbal hizo un humor elevado, de calidad, que hacía reflexionar, pensar, tomar conciencia política. No fue el chiste fácil, el humor barato. Como decía su hermano Aquiles, nos hacía pensar sin darnos cuenta de que estábamos pensando”, afirma el también periodista Earle Herrera. También fue columnista en el diario El Globo. En la radio, condujo el programa Entre latinos y americanos (1990), basado en el idioma.
Fue autor de los libros Aquí hace calor (1969); Obras incompletas (1969); Las artes y los oficios(haz clip para descargar)(1973); y La palabra de hoy (1981), entre otros.
En 1969 recibe el Premio Nacional y en 1975 el Premio Municipal por su destacada labor literaria. Adquiere notoriedad internacional con su poema Punto y Raya, musicalizado e interpretado por relevantes figuras.
PUNTO Y RAYA. INTERPRETADO POR
LA ESPAÑOLA ROSA LEON
Puerta de Caracas
El sanjuanero fue un gran cronista y en todas sus publicaciones combinaba, con denotada habilidad, “la sencillez del lenguaje, la amenidad y el humor con profundidad y riqueza conceptual”, tal como afirmó Earle Herrera.
En la columna “Puerta de Caracas” que publicó diariamente en El Nacional entre 1972 y 1994, hizo gala de su dominio de la crónica, con humor e ironía muy fina y a partir de hechos cotidianos hizo una radiografía de su ciudad natal, lo bueno y lo no tan bueno, y sobre la caraqueñidad.
Más de 100 crónicas de Caracas fueron recogidas en un libro, al igual que los textos que escribió para el programa de radio “La palabra de hoy”, transmitido una vez a la semana por Radio Capital a finales de la década de 1980 y principios de los años noventa.
Maestro de la ironía y la paradoja
Aníbal Nazoa, el arte del humor y el oficio de escribir“Ser escritor en Venezuela equivale casi exactamente a no tener oficio conocido”, escribió en la presentación de ‘Las artes y los oficios’.
Sin embargo asumió con maestría el oficio de escribir y el arte del humorismo para enriquecerlo, con un hábil manejo de “la ironía, el contraste y la paradoja”.
Fue, en palabras de su colega Earle Herrera, “Uno de los más grandes y auténticos escritores y humoristas venezolanos del siglo XX”.
Aníbal Nazoa partió con su humor a otros parajes el 18 de agosto de 2001, pero quedan sus libros y cientos de publicaciones para el gozo de quien lo lea.
Luis Britto García señaló, en entrevista con el noticiero Cultura al Día de Alba Ciudad, que «fue un extraordinario humorista sin parangón, en prosa», pero también fue «un hombre de una militancia política indeclinable en las causas progresistas».
Señaló Luis Britto García que Nazoa siempre estuvo detrás de las causas nobles, a lo que dedicó toda su vida. «Sin caer en lo panfletario, sus escritos siempre tenían un tono de denuncia política, social y cultural, que señalaba como una especie de gran balanza qué era lo positivo y lo negativo que estaba ocurriendo en la sociedad venezolana».
«La obra de Aníbal concilió erudición con gracia, ternura con acidez, compromiso con libertad de conciencia, densidad con levedad y altura con profundidad«, explicó Britto. «Él era un erudito que conocía de todo: de mitologías nórdicas, de gramática castellana, de retórica, de lingüistica, y sin embargo sus escritos eran muy legibles. Tenía eso que se llama ‘amistad con el lector'».
«Él criticó acervamente al poder político y económico. Le costó eso algunos carcelazos. Pero sus escritos, a pesar de que eran críticos, los hacía con humor, con gracia, con levedad, con sutileza. No caía en esa amargura que destilan algunos panfletos, que los hace repelentes». Indicó que Nazóa «no se rebaja nunca al insulto bajo, a la difamación. Él decía las cosas con una enorme gracia y elegancia, así sean las cosas más terribles y percutientes».
"Entre tu pueblo y mi pueblo hay un punto y una raya.
La raya dice no hay paso el punto vía cerrada.
Y así entre todos los pueblos raya y punto, punto y raya.
Con tantas rayas y puntos el mapa es un telegrama.
Caminando por la vida se ven ríos y montañas
se ven selvas y desiertos pero ni puntos ni rayas.
Porque estas cosas no existen sino que fueron trazadas.
Para que mi hambre y la tuya estén siempre separadas."
Firmar con un pseudónimo para evadir el veto
Recordó que Aníbal Nazoa tuvo que firmar estas columnas con un pseudónimo, Matías Carrasco, ello porque había una interdicción contra los columnistas de izquierda, particularmente contra los que llevaban el apellido Nazoa. Recordó que Aquiles Nazoa, hermano de Aníbal, estuvo exiliado durante el perezjimenismo. «Había una especie de veto hacia el pensamiento de izquierda, y por las razones que hemos dicho, el pensamiento de estos dos hermanos siempre estaba con las causas populares. Para que pudiera publicar en El Nacional sin que eso espantara a los anunciantes y provocara problemas, Aníbal adoptó ese humilde pseudónimo de Matías Carrasco».
Como curiosidad, Britto García recordó que sí había un periodista llamado Matías Carrasco, pero nunca se molestó por el uso de su nombre por parte de Nazoa; más bien, se sentía orgulloso de ello.
Así se despidió Aníbal Nazoa de Matías Carrasco:
“Seguramente habrán notado que desapareció de estas páginas el nombre del distinguido Matías Carrasco, que fue sustituido por el de este humilde servidor. Una persona puede usar un seudónimo porque vive en la clandestinidad, para espantarse la sombra de un pariente, o escapar de la mala suerte de tener un nombre demasiado ‘caracomún’.
En mi caso específico, el haber escogido para firmar mis escritos con el nombre de Matías Carrasco es un mero lance de la casualidad: no sabía yo -gajes de la incultura- que el doctor Matías Carrasco no sólo existía, sino que era un destacado intelectual guayanés. Me despido pues del doctor Matías Carrasco expresándole mi agradecimiento por haber soportado durante tantos años y con tanta generosidad mi abusivo uso de su nombre. ¡Gracias, Don Matías!”
Britto comentó que Nazoa pasó un tiempo en la cárcel, en los años sesenta, porque criticó la mala redacción de un juez. «El juez lo metió preso, ‘usted tiene razón pero va preso’, le dijo». Señaló el escritor que «la gran gloria de la literatura venezolana fue puesto preso por un juez analfabeta cuando había tantos delincuentes que andaban sueltos y aún andan sueltos por Venezuela».
Recordó que fue una época dura cuando publicaban en La Pava Macha, porque en ocasiones les recogían la edición, un pregonero fue asesinado a tiros y les dirigieron citaciones de la Digepol (policía política) a todos los colaboradores del periódico. «Nos salvó José Vicente Rangel, haciéndose responsable de todo el contenido. Como era diputado, no lo podían encarcelar ni enjuiciar por las opiniones. Él dijo: ‘Yo soy responsable de todo el contenido de La Pava Macha’, cosa que todavía le agradezco, porque una estadía en las secciones políticas de la época era muy desagradable. Nos ahorró a todos, entre otros a Aquiles y a Aníbal Nazoa, esa desagradable pasantía que han experimentado gran parte de los humoristas de Venezuela», señaló Britto García.
Pide publicar libros con sus obras
El humor de Aníbal Nazoa fue reunido en varios libros magistrales, señaló Luis Britto, «entre ellos Las Artes y los Oficios, en el que hace una gran burla acerca de las profesiones consagradas en el país, y las llamadas Obras incompletas, que son una burla a géneros muy específicos como la novela policial, el ensayo histórico y los papelitos que venían antes con las medicinas, con la posología, las contraindicaciones, los síntomas, los daños colaterales que pudiera causar la medicina, siempre con una agudísima inteligencia».
Recordó que, de la inmensa producción de Nazoa, apenas hay unos 5 ó 6 libros publicados. «La inmensa mayoría de la obra de Nazoa, que apareció en publicaciones fugaces, permanece sin ser recogida en forma de libros. Yo tenía una especie de persecución amigable, le decía que reuniera eso en libros y organizara los papeles», pero lamentablemente falleció de forma prematura en 2001.
«Desde entonces su viuda, María Lucía, y yo hemos estado en una especie de cruzada para que se publique el resto de la obra de Aníbal Nazoa, que es una obra maravillosa, prodigiosa, extraordinaria, llena de humor y críticas a esa Venezuela de la Cuarta República».
Britto García solicitó formalmente que se publiquen sus obras.
Rectitud política
Señaló que él dio grandes lecciones sobre rectitud política, algo que debe ser imitado por la juventud. «En sus últimos dos años de vida tuvo una adhesión sumamente firma al bolivarianismo. Él incluso no admitía críticas. ‘Yo en eso soy irreductible’, decía. ‘Yo estoy con esta gente’, y esto fue en una primera etapa del bolivarianismo, en la que podría haber dudas».
«Él fue siempre un militante de izquierda de los partidos radicales y finalmente apoyó al bolivarianismo, pero eso no impidió que, en algunos casos, fuera crítico, señalara fallas o carencias. No era un compromiso ciego, sino leal y, a la vez, con capacidad de análisis», explicó.
Su legado es honrado con el Premio Aníbal Nazoa, que históricamente era entregado por la Alcaldía de Caracas, pero desde 2010 lo otorga la Fundación Movimiento por el Periodismo Necesario.